El reparto del mundo: ¡esto es mío!

La avaricia, pecado capital según dicen, del que Santo Tomás de Aquino escribió “es un pecado contra Dios”, porque “es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Ésos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en 
el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspiradas por la avaricia. Tales actos pueden incluir la simonía” (Compra o venta deliberada 
de objetos espirituales).

Según el diccionario, es “afán o deseo desordenado de poseer riquezas, bienes, posesiones u objetos de valor abstracto (¿quizá aquí cabe “la mujer”?), con la intención de atesorarlos para uno mismo, mucho más allá de las cantidades requeridas para la supervivencia básica y la comodidad personal”.

Y lo que parece, es. En este caso, ni duda que las definiciones anteriores describen a un nefasto hombre naranja, ¿o a su asesor? que habitan del otro lado del río. Coleccionista de mentiras, fraudes, trampas y amenazas para acrecentar su riqueza y su poder. ¿Y pudiéramos suponerlo un vulgar “don Juan”? “No hay prior que se me iguale; tengo cuanto quiero y más. Tiempo libre, bolsa llena, buenas mozas y buen vino”.

Dicen que este Juan es el “arquetipo de caballero español del siglo XVI, un chulo camorrista y violento, que vive de la mentira y el engaño de cualquier mujer que se le cruza en el camino (de las que no se le cruzan, también)”, pero no debemos olvidar que en él se encarna la violencia simbólica contra las mujeres, y que al magnate avaricioso lo hemos escuchado despreciarlas. Saber que muchas mujeres votaron por él, no hace más que confirmar el poder de esa violencia simbólica.

Grave que festejen sus “chulerías”, pero tan grave como eso, que no detengamos ese viraje hacia el apoyo sin medida al ejército, las armas, el deseo de ganar guerras. Herta Müller, rumana, Premio Nobel, nos alerta sobre el peligro y sus libros nos sirven de advertencia ante el cercano —mucho más de lo que aparentamos creer— regreso de la sinrazón al mundo llamado democrático.

Herta recuerda que en su país “cualquiera iba a parar a la cárcel por una pequeñez. Así eran las cosas” y, ahora, tristemente así están siendo para los y las trabajadoras internacionales en California o Nueva York. Nos dice que el ambiente era asfixiante, “es así en toda sociedad en la que rige el miedo. Una no es imbécil. Todo lo que la rodea insulta la razón. Es una falsificación absoluta. Una ve cómo vive la gente, y en todo momento (los poderosos) afirman lo contrario”.

Escuchamos atónitas: “Les vamos a dar a nuestras Fuerzas Armadas las herramientas que necesitan para prevenir la guerra y, en caso necesario, lucharán en guerras con un solo fin. ¿Saben cuál es? Ganar, ganar”. Y el nazi decía: “Alemania va a tener un ejército tan grande y tan poderoso que no vamos a tener que usarlo nunca. ¡Para llegar a ser libre se requiere orgullo, voluntad, terquedad, odio y nuevamente odio!”.

Herta nació en un país que había sido “anexionado” a la Alemania nazi, junto con varios países vecinos más. Al fin de la Segunda Guerra Mundial, nos dice la BBC, “En la conferencia de Yalta sólo hay sitio para tres y las decisiones las tomarán, de hecho, únicamente dos: Estados Unidos y la Unión Soviética se disponen a repartirse el mundo”. Y Rumania quedó bajo el poder de la Unión Soviética. Millones de personas murieron, millones más tuvieron vida de espanto. La avaricia, pecado mortal, estuvo y está presente en estas ansias de “hacer grande” a cualquier pueblo.

Quienes tienen un gran poder, difícil de articular, pero necesario hacerlo, son las y los ciudadanos. Por eso la llamada a organizarse, a encontrar resquicios legales que permitan quedarse; orientar a quienes pueden optar por la ciudadanía a que lo hagan; al apoyo consular. Pero no sólo allá hay que luchar. También desde acá, desmitificando el poder de las armas, la infracción a los derechos humanos, porque se nos “va la vida en ello”.

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