President, president, president

Trump personalizó ayer la grosería. Ante líderes latinoamericanos reunidos en la Cumbre Escudo de las Américas, volvió a afirmar que la plaga de violencia que azota al hemisferio sigue germinando, nutriéndose y exportándose desde México. 

Nada nuevo, podría decirse. No fue la amenaza recurrente: “Tenemos que erradicar a los cárteles”. Tampoco el diagnóstico tajante: “Los cárteles, que son el epicentro de todo esto, dominan México”. Ni siquiera —después de Venezuela e Irán— el habitual compromiso patriota de que el gobierno de Estados Unidos hará lo necesario para defender su seguridad nacional y “proteger al pueblo americano”. El pueblo. Su pueblo.

Lo distinto, lo grave, fue la burla dirigida contra la presidenta Sheinbaum. Frente a una élite continental, Trump la caricaturizó como una mujer suplicante, casi llorosa, a la que dice aún guardar simpatía. Fue el bully que ridiculiza en público a una mujer.

Primero la halagó con tono condescendiente: “Me gusta la Presidenta, me cae muy bien, es una muy buena persona, tiene una voz hermosa, es una mujer hermosa”. Luego soltó la parodia, imitando una voz femenina sometida: “‘President, president, president’, me dice.

Yo le digo: ‘Déjeme erradicar a los cárteles’. Y ella dice: ‘No, por favor, president’”. Una grosería. Quizá también una provocación. Claudia Sheinbaum, auténtico monumento a la disciplina de no pelear contra la insolencia, se plantó una vez más en el punto exacto que marca su estrategia. Respondió con una sonrisa: “Lo vemos el lunes, cabeza fría”. President.

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