Tres sábados después, repito que, en una intemperie cargada de inconvenientes, el gobierno mexicano está obteniendo lo que es posible obtener frente a la incandescente estrategia de la administración Trump para proteger y controlar sus mercados.
Escribí entonces que, ante la lectura derrotista que predominaba en México, me parecía una hazaña renovar por 10 años —no por 16, es cierto— el Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá. Pregunté si existía un país con mejores acuerdos comerciales con los estadunidenses. Y henos aquí tres sábados después.
Me limito a los encabezados de ayer en la prensa nacional. La Jornada: “Sin cambios, avanza el T-MEC; no dañan a México aranceles”. Reforma: “Da Trump garrotazo… y la libra México”. El Financiero: “Termina ronda de T-MEC con avances en integración regional”. Excélsior: “México asegura trato arancelario ventajoso”.
Los títulos dan cuenta de que, pese a que Washington impuso nuevos aranceles de al menos 10% a 60 países, México quedó a salvo debido a la vigencia de nuestros acuerdos comerciales. Y todo ocurrió, simbólicamente, con el responsable comercial, Jamieson Greer, en la Ciudad de México.
El secretario Ebrard subrayó que 85% de nuestras exportaciones a Estados Unidos continuarán con arancel cero. Vivimos este momento, además, con una inflación de 3.1%, el dólar por debajo de los 18 pesos…
Mientras que allá han perdido entre 75 mil y 113 mil empleos manufactureros en los 18 meses del fiero regreso del régimen MAGA. Quizá no sea una hazaña. Pero en esta intemperie, no puede estar mal.
