La marmota y nosotros

Supongo que algunos experimentaron ayer —a mí me pasó— la sensación de regresar a un escenario familiar. Como en la película El día de la marmota, parecía que habíamos despertado en el mismo sitio.

Y despertamos, literalmente, pues temprano se presentó en Palacio Nacional el anteproyecto de los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias. Recordé los apasionados debates sobre ello después de las elecciones de 2006 y la reforma política del año siguiente.

Y la reforma constitucional de 2013 que consagró, precisamente, los derechos de las audiencias. El Congreso eliminó buena parte de esas obligaciones en 2017 y la Suprema Corte dejó sin efectos la reforma al considerar que el procedimiento legislativo había sido incorrecto.

Por eso, cuando la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, anunció la celebración de una consulta pública de 20 días en torno a “las audiencias”, sentí que el guion era idéntico y, en lo esencial, con los mismos protagonistas.

Al igual que en las ocasiones anteriores, la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión calificó de ambiguos a los lineamientos y señaló que podrían afectar la libertad de expresión.

Así es que, ni hablar, volveremos a convivir con la marmota. Aquí la esperamos. Nosotros, los que nunca terminamos de irnos.