Futbol bajo estado policiaco

Es difícil elegir la imagen del jueves 11 de junio. Podría surgir de las fiestas y la alegría colectiva, desde luego. O del Estadio Azteca que, renovado y todo, sigue siendo viejo por dentro —pésimo el sonido, nos privaron de escuchar bien a Shakira e incluso a Alejandro Fernández cantar el Himno Nacional— y descuidado y sucio en los exteriores. O del triunfo de la Selección, qué decir.

Pero, tristemente, me quedo con las del despliegue policiaco en el sur de la ciudad. ¿Qué tan mal se habrán hecho las cosas en la política durante décadas para tener que armar un despliegue propio de una ciudad sitiada para arribar a una celebración?

Las imágenes de los policías alineados resultaban abrumadoras, agotadoras. ¿Cuánto costó contener a los manifestantes, que ni fueron todos ni fueron tantos? La autoridad reportó un saldo favorable, producto de la atención, la previsión y la disciplina.

Los maestros, madres buscadoras y otros grupos anuncian que se mantienen en pie de lucha. La Selección regresará en dos semanas al Azteca. Quizá juegue ahí también dentro de tres, y el 5 de julio. Dudo que entonces el panorama sea distinto.

Hay demasiado miedo. Patrullas, camionetas, escudos, cascos, sirenas. Miles. Da la impresión de que no podrá ser de otra forma. De que, en la Ciudad de México, el futbol sólo será posible bajo una atmósfera de estado policiaco.