Por tu culpa

Si arrasas con las instituciones, organizaciones, partidos políticos, organismos cívicos que actuaban como mediadores entre la sociedad y el gobierno, a la hora de que las cosas salgan mal y siempre habrá momentos y circunstancias que garanticen que salgan mal, el ...

Si arrasas con las instituciones, organizaciones, partidos políticos, organismos cívicos que actuaban como mediadores entre la sociedad y el gobierno, a la hora de que las cosas salgan mal —y siempre habrá momentos y circunstancias que garanticen que salgan mal—, el culpable será el gobierno, aunque no lo sea, por lo menos directamente. Eso decían los gritos destemplados en las ceremonias de homenaje y entierro del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, asesinado cobardemente el primero de noviembre. “El gobierno lo mató”, “Fue Claudia”, fue de lo más suavecito que se escuchó.

En el guion más básico de los gobiernos populistas se encuentra el de la relación directa del líder con el pueblo. López Obrador lo siguió al pie de la letra y construyó varios mecanismos para potenciar su carisma, las mañaneras, el más importante. Claudia Sheinbaum, sin la misma dosis de carisma, todavía se beneficia de la “aviada” de su antecesor y utiliza los mismos mecanismos. El líder tiene que ser necesitado por todos, dándole así la oportunidad de ser él (o ella) quien resuelva la petición o solucione el problema y agrande así su influencia sobre la gente. Para ello, hay que debilitar a los gobiernos locales mediante la asfixia presupuestaria, hay que hacer de los congresos estatales meras comparsas de lo que resuelva la mayoría en el Congreso federal, hay que demonizar al adversario político y afirmar que mexicanos nobles sólo los hay en el partido gobernante, los demás son traidores a la patria. Hay que tomar el control de las grandes organizaciones gremiales, que callan y aceptan públicamente todo lo que diga el gobierno, mientras preparan sus capitales para invertir en otro lado o tramitan pasaportes para irse a vivir fuera “por si acaso”.

Como el gobierno ha destruido o debilitado hasta la agonía a la mayor parte de los instrumentos institucionales para resolver conflictos, incluidas las organizaciones campesinas tradicionales y ha minado la confianza en la procuración y administración de la justicia, los conflictos que inevitablemente se generan por una economía que no crece, por la polarización blanco y negro alentada por el gobierno, por la inevitable lucha por candidaturas, por los presupuestos y por la presencia abrumadoramente perturbadora del crimen organizado, es previsible que se recurra a la violencia o a formas “alternativas” de enfrentar la catástrofe de seguridad.

El “por tu culpa” que se oyó en Michoacán tiene una parte que canaliza la rabia y el desconcierto de la sociedad ante la violencia y la acción insuficiente o equivocada del gobierno. Pero hay otra parte con claras raíces que llevan al gobierno morenista. Éste se ha quejado ante la ONU por la decisión del Comité en Contra de la Desaparición Forzada de la ONU de aplicar el artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, afirmando que las desapariciones no caen en la definición de “desapariciones forzadas” porque el Estado no fue el principal ejecutor. Pero en la Convención, la definición incluye claramente a cualquier instancia de gobierno que participa, permita o sea omiso ante las desapariciones sistemáticas, como las que ocurren en México. Con políticas públicas equivocadas, el gobierno de López Obrador alentó el crecimiento del crimen organizado y luego permitió alianzas electorales regionales con éste para aplastar a la oposición en 2021 y 2024. Y no hay favores gratis. 

Una palabra más sobre Michoacán y el asesinato de Carlos Manzo. En menos de dos años, el crimen organizado ha asesinado a importantes líderes en Michoacán, todos los que denunciaron el desgobierno de Morena: Hipólito Mora, líder de las autodefensas; a su sobrino Carlos Torres Mora y a su esposa; a Bernardo Bravo Manríquez, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, y ahora al presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo. Se nos informa que Manzo contaba con 14 elementos de la Guardia Nacional para cuidarlo en la periferia de su círculo de seguridad y policías municipales en el cerco más cercano. Cuando uno concluye que dado que lo mataron había incompetencia de estos elementos o complicidad con los malosos, se responde que “cuando alguien está decidido a matar a un líder, no hay manera de evitarlo”. Falso. Nos saltan los ejemplos de Colosio o del senador colombiano Miguel Uribe Turbay o, más lejano, el de John F. Kennedy para querer concluir que a los asesinos decididos no hay manera de pararlos, pero son muchos más los intentos de asesinatos fallidos gracias a una buena seguridad que los realizados. El propio Omar García Harfuch es ejemplo de esto. 

Lamento de todo corazón que, en el caso de Carlos Manzo, se haya acabado con un hombre joven y valiente. Envío a su esposa, familiares y a sus hijitos mi promesa de continuar luchando por un México en que ser valiente no cueste la vida.

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