Orbán, 16 años; Morena, 12

Cecilia Soto

Cecilia Soto

Editorial

No hay mal que dure 100 años.

No hay mucho de original en los gobiernos populistas: hazte de la mayoría del Congreso, controla a las autoridades electorales, controla a la mayoría de los medios, coloniza y controla al Poder Judicial, centraliza el poder y usa el anzuelo de las compras y contratos gubernamentales para seducir y controlar al empresariado y crear tu propia elite. Inventa un enemigo. El patrón se repite con pocas variaciones en Venezuela, Hungría y México. Y produce resultados parecidos: periodos de gobierno prolongados con apariencia de elecciones democráticas y una corrupción incontenible precisamente entre los que prometieron un gobierno para el pueblo.

Lo que no pueden controlar es el paso del tiempo: la separación que se eterniza en las familias venezolanas obligadas al exilio y el malestar que crece por las ausencias; las decenas de miles de estudiantes húngaros que, gracias a los programas de intercambio de la Unión Europea, aprendieron otro idioma y, por tanto, accedieron a información no controlada por el gobierno de Orbán y pudieron vivir la experiencia de la democracia. ¿En México? La connivencia con el crimen organizado y las secuelas de violencia. La corrupción imparable. La resistencia que surge ante ambas experiencias. En Venezuela, el enemigo era el ogro imperialista que terminó por llevarse a Maduro. En Hungría, el enemigo inventado por Orbán fue Ucrania y el presidente Zelenski, atendiendo a viejos agravios históricos. En México ha sido peor: el enemigo inventado son los propios mexicanos, los otros.

De ahí el título de esta columna. Viktor Orbán, el autócrata húngaro que cambió la arquitectura de su gobierno para quedarse en el poder por sécula seculórum, duró cuatro periodos de gobierno, 16 años en el poder. Fue derrotado por uno de los suyos, Péter Magyar, que cambió de partido hace apenas dos años, hizo una inteligente campaña de tierra contra la corrupción y el bajo crecimiento, y arrasó en las elecciones de este domingo, a pesar de que tanto el gobierno de EU como el de Rusia apoyaron públicamente la permanencia de Orbán. Siempre hay una gota que derrama el vaso o un/a candidat@ que despierta la energía ciudadana aparentemente dormida.

Por el récord de destrucción institucional, récord de endeudamiento, de homicidios y desapariciones, de corrupción galopante y de crecimiento microscópico conseguidos en siete años, los cinco que faltan al sexenio de Claudia Sheinbaum parecen una eternidad. Pero es el término legal que hemos de respetar. Morena no superará los 12 años de gobierno. Gobierna demasiado mal y la repartición de dinero en efectivo ya es asumida por un número creciente de ciudadanos como un derecho irreversible, consagrado en la Constitución. Un logro de Morena que nos servirá a la oposición. 

El paso intermedio absolutamente necesario es ganar las elecciones de 2027. Y este triunfo puede tener varias formas con algo en común: detener y revertir la expansión morenista. Recuperar gubernaturas, avanzar en triunfos municipales, en diputaciones locales, aun si numéricamente no siempre se alcanza la mayoría. Lo importante es la tendencia. La joya de la corona será quitar la mayoría constitucional a la coalición huachicolera en la Cámara de Diputados. Como se ha dicho hasta el cansancio y se ha demostrado con argumentos jurídicos y políticos, Morena y aliados no consiguieron la mayoría constitucional: se la robaron. Es importante seguir argumentando y demostrando esto para hacer imposible al INE y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación repetir un atropello semejante. 

Con la llave de acceso a la Constitución que le da la supermayoría espuria, el actual gobierno ha venido construyendo una jaula en la que la sociedad va ganando grados de indefensión. Pongo como ejemplo las reformas al artículo 115 constitucional que atentan contra la soberanía de las entidades federativas y contra la autonomía municipal. En menos de doce horas por lo menos 17 estados, que representan las dos terceras partes que exige el texto constitucional, aprobaron hacerse el harakiri. Si ya era difícil poder cuestionar una reforma constitucional, ahora es prácticamente imposible. En octubre de 2024, ya en el gobierno de Claudia Sheinbaum, la reforma al artículo 105 de la Constitución, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 31 de octubre, dice: “Son improcedentes las controversias constitucionales o acciones de inconstitucionalidad que tengan por objeto controvertir las adiciones o reformas a esta Constitución”. El artículo 107 fracción II párrafo primero, reformado en la misma fecha, dice: “… No procederá el juicio de amparo contra adiciones o reformas a esta Constitución”.

La vulnerabilidad del votante húngaro era igual o mayor que la que sufrimos las y los mexicanos. Su jaula aún más fuerte y opresiva. Ellos pudieron. Nosotros podremos: con organización, determinación y la empatía de la ciudadanía.