Nostalgia por el overol de mezclilla
Marzo: aniversarios 70 y 64 del fallecimiento de mis padres. Los extraño dulcemente. En los últimos días ha quedado claro que la obsesión del presidente Trump por la imposición unilateral de tarifas a ...
Marzo: aniversarios 70 y 64 del fallecimiento
de mis padres. Los extraño dulcemente.
En los últimos días ha quedado claro que la obsesión del presidente Trump por la imposición unilateral de tarifas a México y al mundo entero tiene poco que ver con el fentanilo y menos con la migración. El presidente norteamericano sufre de una nostalgia aguda por la estructura de la economía norteamericana propia de los años 70, cuando el empleo en manufactura representaba el 22.5% del total. Trump quiere ver a millones de trabajadores (casi sólo hombres) con sus overoles de mezclilla y cargando su lonchera de aluminio entrando a las fábricas de automóviles. “¡Que se instalen aquí!”, clama. Desde 1979, año pico del empleo en manufactura con casi 20 millones de trabajadores, el empleo en este sector ha venido cayendo tendencialmente y no por los excesos de la globalización y no sólo en Estados Unidos. Ha habido un cambio estructural hacia la economía de servicios —salud, hospitalidad, servicios financieros, servicios computacionales—, además de la redistribución de la manufactura tradicional hacia las economías emergentes, como la mexicana.
Para enfrentar lo más correctamente posible los retos de los aranceles y otras amenazas tenemos que comenzar con un diagnóstico correcto de nuestros problemas. Y estos no comienzan con Trump. Las preocupaciones y sobresaltos por el humor con el cual el presidente Trump deshojará la margarita de los aranceles a partir del próximo 2 de abril en realidad no se originan con el nuevo ocupante de la Casa Blanca. El país es más vulnerable porque no crece. Los aranceles trumpianos llegan en el séptimo año de crecimiento negativo del PIB/per cápita y cuando la nueva inversión extranjera directa, IED, está en uno de sus puntos más bajos en décadas, de apenas 3% anual, aunque el gobierno invente cifras de récords históricos. Si bien el bajo crecimiento no ha sido exclusivo de los gobiernos de Morena, sí lo ha sido el crecimiento negativo del Producto Interno Bruto por habitante. Éste resulta de una simple división entre la riqueza nacional producida en un año (PIB) por el número de habitantes. A pesar de que el denominador se ha achicado, es decir, el crecimiento demográfico en México ha disminuido notablemente, el crecimiento económico ha sido tan raquítico y de tan mala calidad que, aun así, ha venido disminuyendo la porción de riqueza nacional que, teóricamente, le toca a cada mexicano. El banco central, Banco de México, ha calculado en 0.6% el crecimiento para 2025. Antes de la llegada de un gobierno errático y contradictorio como el de Trump, decisiones tomadas en el gobierno anterior y ratificadas por el gobierno de Claudia Sheinbaum, desbordaron el endeudamiento, aumentaron el déficit público y propiciaron la incertidumbre debido a la destrucción del Poder Judicial federal y aquellos órganos autónomos que tienen que ver con la competencia, la certeza jurídica, el acceso a la información. No crecemos porque los gobiernos de AMLO y de Claudia Sheinbaum tienen una obsesión equivalente a la de Trump: construir una economía en la que el Estado —como en los años 70— sea el que dirija el rumbo de la economía y sea el factótum del crecimiento. Para que el lector tenga una idea del tamaño de este despropósito: una economía que ocupa el lugar 21 de 26 países de América Latina y el Caribe en recaudación fiscal, de apenas el 16.7 del PIB (comparada con el 33.3% de Brasil) quiere ser el motor de la economía nacional, con el pistón de Pemex desbielado y los de la CFE, el déficit y la deuda pública, calientitos.
Tendremos suerte porque el plan de Trump para relocalizar en Estados Unidos empresas de manufactura típica, como la automotriz, no tiene muchas posibilidades de realizarse a gran escala. Habrá ejemplos, sí y los utilizará como propaganda. Pero el empleo en el sector manufacturero en EU ahora sólo representa el 8 por ciento. Su fuerza laboral ha envejecido y los jóvenes no se imaginan de overol. A pesar del enorme impulso del gobierno de Biden hacia el empleo industrial, más de medio millón de empleos no se han podido recuperar desde la pandemia porque los trabajadores no tienen la competencia y las habilidades que se requieren para el empleo de la manufactura contemporánea. La prohibición de utilizar criterios de inclusión, diversidad y equidad agudizará más la escasez de mano de obra sofisticada. Un nuevo estudio de Deloitte calcula que para 2030 habrá dos millones de empleos que no se podrán llenar. Capaz que van a querer llevarse las fábricas de México con todo y trabajadores.
¿Qué tenemos que hacer? Iniciar una conversación nacional y por todas las regiones del país acerca del por qué no crecemos y cómo podríamos hacerlo. Es entendible que el gobierno tenga sus ideas, pero el país es mucho más grande, plural y diverso que el gobierno. Sus ideas no parecen exitosas pues no crecemos. Escuchemos todas las voces.
