Midiendo el triunfo y la derrota

Un mínimo de vergüenza haría que los directivos de las encuestadoras renunciaran, cambiaran de profesión o pusieran en pausa a sus empresas y se fueran a meditar a un ashram.

Entrego este escrito antes de conocer los resultados definitivos de las elecciones en el Edomex, así que apresuro unas notas al vuelo:

Minutos después de que se cerraran las casillas, el presidente de Morena anunció una victoria de entre 17 y 18 puntos. Pero los conteos preliminares del INE, con un récord impecable, le dan un triunfo de alrededor de 9 puntos. Imposible no recordar la película Querida, encogí a los niños. Sólo que lo que se empequeñeció fue el tamaño de la victoria morenista. Nueve o diez puntos son una ventaja sólida, pero ahora aparece como una diferencia no catastrófica para la alianza.

En cambio, la diferencia sí es catastrófica para varias de las principales empresas encuestadoras, especialmente para las citadas por el presidente de Morena. Es difícil no concluir que estaban apalabradas con Morena o que son abismalmente incompetentes (o las dos cosas) y en ambos casos debería haber una sanción. Leo en las redes sociales que los presidentes de los partidos perdedores deberían renunciar. Un mínimo de vergüenza haría que los directivos de las encuestadoras renunciaran, cambiaran de profesión o pusieran en pausa a sus empresas y se fueran a meditar a un ashram. Dos de las casas encuestadoras estaban asociadas con diarios: Parametría con La Jornada, que amaneció el último día permitido para publicar encuestas prediciendo una ventaja de 17 puntos para Delfina Gómez. Y el día de la elección corroboró esta cifra, equivocada en más del 40%, con una encuesta de salida patito. Enkoll, asociada a El País, ensució a su empresa y al periódico que la acompañó en su vergonzoso resultado o, al revés, no sabemos. El Financiero falló miserablemente. Mitofsky, de nuevo, para llorar.

No es que las encuestas hayan determinado el resultado. En la elección del año 2000 todas las encuestas, alrededor de 20, fallaron, con la excepción de cuatro que tuvieron que publicarse en el extranjero. Fox ganó, a pesar de la presión del PRI para que sólo se publicaran encuestas favorables a su candidato. Era una elección plebiscitaria y de dimensión presidencial. Pero en esta elección es probable que la mayoría de las encuestas que predecían un triunfo aplastante de Morena influyeran en explicar la asistencia mediocre a las urnas, inferior al 50% y cierto porcentaje del sentido del voto. La candidata de la alianza, Alejandra del Moral, inició la campaña con una diferencia de 20 puntos; durante el primer mes esa diferencia permaneció sin moverse; durante el segundo y último mes creció aceleradamente, lo mismo que la candidata, a quien envío un abrazo solidario desde aquí.

Pero de eso se trata una campaña electoral. De vencer a un adversario que usará armas legítimas y otras que no lo son. ¿Por qué la campaña no pudo reaccionar cuando las cifras no se movían? ¿Por qué el electorado que favoreció a la alianza en las elecciones federales y locales de 2021 no lo hizo en esta elección? ¿Por qué el electorado prefiere votar por una delincuente y no por una candidata fresca como Alejandra del Moral? ¿Cuál es el peso del rechazo a las marcas partidarias, especialmente, la del PRI?

Esas y muchas más son preguntas que se deben hacer los partidos integrantes de la alianza y la ciudadanía que rechaza el proyecto autoritario encabezado por Morena. En los próximos días, a eso nos dedicaremos en el Frente Cívico Nacional.

Pero ahora dejo aquí una interrogante para los partidos, de oposición y del oficialismo, que quieren decidir su candidatura a través de encuestas. A como están las cosas, Morena tendría que encargarle a Lorena Becerra, de Reforma, que se responsabilizara de la encuesta para decidir entre Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, pues su encuesta fue la más atinada.

Y en cuanto a los partidos de la oposición: todo indica que la participación ciudadana sería el mejor antídoto a la anomia que vimos en las elecciones del Estado de México. Encuestas que fallaron por más de 40% son peor peligro que abrir cauces y despertar el entusiasmo de la ciudadanía que no está en su padrón partidario. Aprendamos de los errores y hagamos de la derrota un acicate para las elecciones de 2024.

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