León XIV, un influencer global
La importancia de la elección de un nuevo papa sobrepasa por mucho los números de su grey. Los católicos son aproximadamente mil 400 millones, pero la palabra de los últimos herederos de Pedro, el apóstol, se oye con respeto por líderes de todas las denominaciones. ...
La importancia de la elección de un nuevo papa sobrepasa por mucho los números de su grey. Los católicos son aproximadamente mil 400 millones, pero la palabra de los últimos herederos de Pedro, el apóstol, se oye con respeto por líderes de todas las denominaciones. Especialmente a partir de Juan Pablo II, los papas viajaron extensamente. El papa polaco recorrió un millón cuatrocientos mil kilómetros. Su perdón a quien lo intentó asesinar fue un mensaje de tolerancia y amor por el pecador, muy potente. Juan Pablo, en alianza con el líder del sindicato Solidaridad, Lech Walesa, logró el cambio de régimen en Polonia y la caída de la dictadura comunista. Sería aventurero para un dirigente político no poner atención a quien puede representar una fuerza moral y política transformadora. Ese Papa fue permisivo con los sacerdotes que cometieron acoso sexual y violación contra menores. No así el papa Ratzinger, que ordenó el retiro de Marcial Maciel, fundador y líder de los Legionarios de Cristo e inmoral hasta lo más profundo de su ser. Y, junto con Maciel, se inició y profundizó la atención a las víctimas.
La evolución más profunda de la Iglesia católica hacia los llamados nuevos temas llegó con fuerza con el papa Francisco. “No sé dónde esté la Iglesia de los santos, aquí está la de los pecadores”, dijo acogiendo a gays, trans, divorciados, etcétera. Por primera vez aquello de que “todos somos hijos de Dios” tenía un sentido concreto, práctico y se aplicaba a las minorías a las que se les negó por tanto tiempo el acceso a los sacramentos y al diálogo con sacerdotes y obispos. Pero su mensaje fue mucho más amplio, publicó cuatro encíclicas, una dedicada al medio ambiente y la que más me gusta, Fratelli Tutti: todos somos hermanos, con un poderoso mensaje de protección y solidaridad hacia los migrantes. E impulsó con discreción, pero determinación, el ascenso de las mujeres a puestos con mayor poder.
La llegada de Robert Prevost Martínez ha sido una hermosa sorpresa. Él mismo, resultado de una migración multicultural muy variada, típica de los barrios populares de Chicago. Incluso de tez levemente morena. Y luego su vocación misionera hacia América Latina y especialmente a las regiones más pobres del Perú, de la que ya mucho se ha hablado.
Su primer encuentro con las multitudes que se reúnen los domingos en la plaza de San Pedro coincidió con el 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, que se había recordado el 8 de mayo. Éste fue parte de su discurso: “La gran tragedia de la Segunda Guerra Mundial terminó hace 80 años, el 8 de mayo, después de haber causado 60 millones de víctimas. En el dramático escenario actual de una tercera guerra mundial por partes, como afirmó el Papa Francisco en más de una ocasión, también yo me dirijo a los grandes del mundo, repitiendo el llamamiento siempre actual: ‘¡Nunca más la guerra!’.
“Llevo en mi corazón los sufrimientos del amado pueblo ucraniano. (Que) se haga lo posible para alcanzar cuanto antes un paz auténtica, justa y duradera. Que sean liberados todos los prisioneros y los niños puedan regresar con sus familias.
Me entristece profundamente lo que sucede en la Franja de Gaza. ¡Cese inmediatamente al fuego! Se preste ayuda humanitaria a la exhausta población civil y se liberen a todos los rehenes”.
La referencia a Ucrania es sumamente significativa porque precisamente la llamada Coalición de los Acompañantes (Coalition of the Willing) en torno a Ucrania, cuyos líderes son los dirigentes de Francia, Alemania, Polonia, Reino Unido, pero que está compuesta por 31 países y —hasta ahora— reconocida por Estados Unidos, ha propuesto un alto al fuego incondicional para hoy lunes 12 de mayo. León XIV también hizo una mención a que “los niños puedan regresar a casa”, una referencia a los más de 19 mil niños y niñas ucranianos que han sido enviados al interior de Rusia. Su regreso ha sido una demanda repetida del presidente Zelensky.
En tiempos oscuros de nuevas guerras, del ascenso de populismos destructores e incluso de una reinterpretación a modo del catolicismo ultraconservador en Estados Unidos, la llegada de un personaje con una historia de compromiso con los más débiles al tiempo que pertenece a los dos mundos, el de la modernidad estadunidense y el de América Latina, es una luz de esperanza y renovación. Que así sea.
