Las elecciones primarias: por qué sí

Las primeras elecciones primarias en México ocurrieron en 1967 en el estado de Sonora. Las organizó el Partido Revolucionario Institucional PRI, entonces bajo la conducción del líder reformista tabasqueño Carlos Madrazo. Fueron un éxito monumental y un fracaso del ...

Las primeras elecciones primarias en México ocurrieron en 1967 en el estado de Sonora. Las organizó el Partido Revolucionario Institucional (PRI), entonces bajo la conducción del líder reformista tabasqueño Carlos Madrazo. Fueron un éxito monumental y un fracaso del mismo tamaño. El PRI anunció que para la elección de su candidato a la gubernatura alentaba la inscripción de varios candidatos, invitaba a que hicieran campaña por todo el estado, que formaran comités de campaña y se presentaran en los medios como quisieran. Se inscribieron tres candidatos, formaron sus comités y comenzó el revuelo preelectoral por todo el estado, como si una energía social inmensa se hubiese liberado: era una nueva experiencia expresarse políticamente con libertad sin tener que pedir permiso al “líder". Por eso fueron un éxito monumental.

Todo indica que Madrazo no había consultado al presidente, Gustavo Díaz Ordaz. Cuando éste vio que el experimento madracista crecía en entusiasmo y participación cívica, dio un “aquí mando yo” y nombró a su candidato, diferente de los que estaban en campaña. La imposición centralista despertó el mayor movimiento de protesta que haya habido en Sonora desde el repudio al usurpador Victoriano Huerta. Huelga de sindicatos, de padres de familia, de trabajadores del gobierno, de empresarios: el estado paralizado y en franca rebeldía. El Presidente ensayó la solución que luego implementaría en Tlatelolco. Mandó al general Hernández Toledo a tomar la Universidad de Sonora y a secuestrar a los líderes de la resistencia. El gobernador impuesto tomó posesión bajo la amenaza militar. Y el recuerdo de la imposición es una herida que no cura del todo.

¿Será que después de 56 años no estamos listos todavía para preguntarle a la gente a quién quiere de candidato o candidata a la Presidencia? ¿Tenemos que seguir padeciendo una democracia tripulada por los dirigentes partidarios en el caso de la oposición y por el Presidente en el caso de Morena?

El sistema político mexicano cambió de fase, así como cuando el agua, bajo ciertas circunstancias, de calor y presión pasa a ser vapor, pero queremos seguir tratándola como si fuera agua. Buscamos dirigirla por tubos, pero es vapor. Tendemos canales, pero es vapor. Queremos apresarla, pero es vapor. Así no se puede. ¿A qué nos enfrentamos?

En el gobiernismo se consolida un movimiento a favor de la autocracia y el centralismo extremo. Existe la promesa expresa de acabar con la autoridad electoral autónoma, de destruir la Suprema Corte de Justicia de la Nación como un poder autónomo al que puedan acudir instituciones, estados, municipios, ciudadanos para protegerse de actos autoritarios de otros poderes; a las Fuerzas Armadas se entregan más y más recursos de poder económico y político. Con regiones crecientes en las que el crimen organizado manda y domina sin que ninguna autoridad intervenga. Y alianzas regionales expresas o de facto entre estos delincuentes y la coalición oficialista.

¿Y nosotros queremos seguir tratando al vapor como agua? ¿Esperarnos al 2030 para que los morenos enfrenten las dificultades económicas y la militarización rampante? Francamente no estoy segura de que tengamos INE o elecciones para ese año. ¿Que repudiemos al PRI porque en su historia y experiencia pesa más la bien ganada mala fama, tiene un líder con hartos negativos y 18% de simpatías les parece despreciable? ¿Que el PAN tampoco les gusta? A esos analistas les receto una famosa frase del Quijote: entre las armas y las letras que se dediquen a las letras, ya con los teclados digitales ni siquiera tendrán que mancharse los dedos de tinta, que sigan puros e inmaculados, viendo cómo otros —impuros, con cicatrices, con errores y aciertos— intentamos salvar al país.

El Frente Cívico Nacional nació en noviembre de 2021 con la propuesta de agregar el ejercicio de primarias en la definición de la candidatura presidencial de la oposición y en otras candidaturas relevantes, como una herramienta que avive la democracia, que involucre a la ciudadanía en el abecé de la democracia; que responda a la pregunta, ¿qué hago, cómo participo?, que nos hacen miles de ciudadanos. Nosotros no tenemos miedo al debate: que los participantes en las elecciones primarias se confronten, que la ciudadanía pueda comparar, pueda preguntar y cuestionar. La tecnología permite hoy salvar los principales riesgos de las primarias y garantizar un padrón depurado, permite la participación de cientos de miles de ciudadanos por la vía digital y también físicamente.

Hoy que inicia el proceso de deliberación hacia las elecciones de 2024 volvemos a esta propuesta y la extendemos a nuestros aliados en las organizaciones de la sociedad civil y a los partidos de la alianza Va por México. De que se puede, se puede.

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