El hacker

Los hackers pueden tener una función muy positiva y son contratados por aquellas grandes entidades bancos, tesorerías, sistemas de defensa para las cuales la seguridad es asunto de vida o muerte. Su trabajo es poner a pruebalas fortalezas y posibles debilidades de los ...

Los hackers pueden tener una función muy positiva y son contratados por aquellas grandes entidades —bancos, tesorerías, sistemas de defensa— para las cuales la seguridad es asunto de vida o muerte. Su trabajo es poner a prueba las fortalezas y posibles debilidades de los sistemas de seguridad implementados. Los programadores piensan como nerds aplicados. Los hackers, en cambio, piensan maliciosamente; examinan aquello que pudo haber pasado por alto el programador de software, buscando derribar todos los obstáculos que les han levantado para impedir que agentes extraños penetren el sistema. Con esta información, el programador original puede corregir, cubrir frentes abiertos y aumentar, en lo posible, la impenetrabilidad del sistema operativo. Por ejemplo, si los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum, incluyendo la Secretaría de la Defensa, hubieran pagado sin regatear el software adecuado, seguramente Guacamaya Leaks no hubiera logrado el festín de información confidencial que nos ha regalado.

Los primeros tres años del gobierno del sexenio pasado tuvieron esa función. Detectar las debilidades del software político con el que se implementaron las reformas clave de la transición de la democracia. No afirmo que el gobierno llegara con esa idea en forma acabada. Llegó con varias granadas de mano, pero no con el arsenal que ha usado para demoler cualquier obstáculo a su proyecto. Fue un chiripazo. Recuerdo aquella vez que el expresidente preguntó al entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto, qué pasaría si no completaba el nombramiento de comisionados del Instituto Nacional de Acceso a la Información (Inai), al cual faltaban algunos comisionados para tener quórum. “No pueden sesionar”, respondió. Y el Presidente procedió a no hacer los nombramientos. Las reformas, pensadas en general para gobiernos de buena fe, comprometidos con la transparencia y el fortalecimiento de la rendición de cuentas, no aguantaron la prueba del hacker malicioso.

Las elecciones de 2021, en las que el gobierno perdió la mayoría constitucional, fueron la prueba de que su sistema operativo político también había sido penetrado. Hacker malicioso contra hackers democráticos. Apretón al Gobierno de la Ciudad de México: nada de colorcito verde en su escudo, mejor un operador político gansteril como Martí Batres en la Secretaría de Gobierno que el nombrado por la elegida para sucederlo en la Presidencia, Claudia Sheinbaum, etcétera.

Pero el Santo Grial que había que garantizar para el gobierno era la mayoría constitucional que le permitiría cambiar la Constitución a complacencia y dejarla como alguno de esos rostros de Picasso en los que un ojo anda perdido, los labios están en un hemisferio y la nariz en otro. Podría compararla también con una cirugía plástica excesiva y mal hecha, pero es más poético compararla con Picasso, con el perdón del célebre malagueño. 

Para la toma del Santo Grial había que ganar una mayoría de consejeros en el INE y, de ser posible, la Presidencia del Consejo General. Como candado indispensable, fortalecer el control del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), posponiendo el nombramiento de magistrados faltantes para evitar cualquier posibilidad de que se perdiera el control ejercido por la presidenta del Tribunal y sus dos mosqueteros.

El trabajo de hackeo a la democracia está casi completo; formalmente ya sólo falta la reforma electoral para evitar algún susto semejante al de 2021. Fuera del control directo del gobierno se encuentran los medios de comunicación, a los que se intenta doblegar con suerte dispareja; los empresarios que dicen una cosa, asisten a Palacio Nacional, prometen millones y no invierten y las iglesias, especialmente la católica, que tanto pueden hacer por el bien común aquí en la Tierra. 

Pero subrayo el casi. Ningún hacker por experto que sea puede prever todos los factores de una realidad tan compleja como la de la sociedad mexicana. ¿Que la Presidenta es muy popular? Aparentemente lo es, pero no su gobierno al que se percibe como muy corrupto e incompetente, adjetivos pertinentes y bien merecidos. Impacta también en la opinión pública la cercanía innegable de corrientes de Morena y gobiernos locales con el crimen organizado. Y el crecimiento económico pírrico que se mide por micras. 

La derrota electoral de la dictadura de Maduro en las urnas es el mejor ejemplo de que no importa cuántos candados se hayan puesto en contra la de la voluntad popular, no obstante, todas las trampas y la persecución política, la organización, la inteligencia, las ansias de libertad y la meta de un país próspero, justo y más igualitario son más poderosos que cualquier hacker malicioso.

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