Ahora sí puede saberse
Lamento decirles a los que participan furiosamente en el debate sobre si se podía o no saber que López Obrador sería un pésimo presidente, que la única consecuencia práctica de ese debate es que la clientela de varios especialistas médicos aumente. Algunos de los ...
Lamento decirles a los que participan furiosamente en el debate sobre si se podía o no saber que López Obrador sería un pésimo presidente, que la única consecuencia práctica de ese debate es que la clientela de varios especialistas médicos aumente. Algunos de los participante del debate desarrollarán úlceras, otros, dolores de cabeza y hasta migrañas; otros, bajas en sus defensas, pues el estrés, la ira, la furia, primero hacen daño a quienes experimentan estas emociones. Más que eso nada lograremos en pro del país.
Yo soy partidaria de abrir puertas, brazos y corazones a quienes creen que sus convicciones democráticas, pacifistas y progresistas no se satisfacen con la oferta política de Morena. No me importa cómo hayan votado en 2018. Me importa cómo quieren votar en 2024. Me importa saber cuáles condiciones mínimas exigen para —antes que nada— ir a las urnas. Porque de insistir en las tonterías de “tú eres el culpable” y “sí podía saberse” lo único que lograremos es aumentar el caudal del abstencionismo y de la desilusión con la importancia del voto y la legitimidad de la democracia.
No es que la experiencia de la desilusión y el arrepentimiento con López Obrador sea irrelevante. Tiene importancia para cada persona. De procesarse correctamente lleva a un mejor conocimiento de sí mismo. Como cuando una se enamora de la persona equivocada. Después de las lágrimas y el sufrimiento, lo mejor es poder responder ciertas preguntas. ¿Qué me pasó? ¿Qué error cometí? ¿Pude haberme dado cuenta? ¿Supe escuchar las advertencias? ¿Y si me promete cambiar, lo aceptaría nuevamente? Si no se hace este examen, tal vez doloroso pero imprescindible, hay altas posibilidades de volver a tropezarse con la misma piedra, el mismo tipo desgraciado de enamorado o el mismo candidato. Que cada quien haga ese ejercicio de introspección tan necesario. Pero para participar en el esfuerzo por detener el acelerado deterioro de nuestra democracia con el que están comprometidos el Presidente, sus corcholatas y su partido, no hacen falta confesiones ni récords de cómo se votó con anterioridad ni las huellas de la mortificación de la conciencia. Por el contrario. Podemos agradecer que ahora sí puede saberse con toda claridad qué es lo que se busca:
*Un proyecto que busca debilitar —hasta su posible desaparición— la división de poderes. De ahí el sometimiento indigno de las mayorías morenistas en la Cámara de Diputados y de Senadores a los dictados del Presidente. Eso explica también el ataque incesante al Poder Judicial, en especial a los ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y muy particularmente a la ministra presidenta.
*La sustitución de numerosas autoridades civiles y técnicas por el Ejército y la Marina hacia un modelo en el que las Fuerzas Armadas abandonen —como ha venido sucediendo— la institucionalidad que las caracterizaba para convertirse en el sostén político del régimen, incluyendo para ello pactos regionales con el crimen organizado.
*El fortalecimiento del centralismo y la paulatina eliminación del federalismo. El asedio a las instituciones autónomas, en particular a las autoridades electorales, para intentar regresar el control de las elecciones al gobierno por la vía de lo formal o por la vía de los hechos.
*Intentar un control estilo soviético de la educación, la ciencia, la cultura y los medios.
Es irrelevante debatir si alguna corcholata comparte en mayor o menor medida todos o algunos de estos fines antidemocráticos. Lo real es que el Presidente y sólo él es quien tiene el control del partido y los movimientos asociados con él. Ése fue el mensaje de la negra noche del Senado en que cumplió con el deseo de los senadores de hacer historia: nunca, ni en los peores tiempos de la dictadura perfecta, se había visto tal atropello y vasallaje. En verdad, fue histórico. De triunfar Morena en las elecciones de 2024 nos encaminamos a un Maximato. Que no quepa duda.
Por ello, bienvenidos todas y todos los que no comparten ese proyecto autoritario. Busquemos y cultivemos lo que nos puede unir. Rechacemos lo que nos pueda desunir. Busquemos la mayor unidad posible. ¿Qué nos puede unir? Que en estos breves 25 años de democracia nos acostumbramos a ella. Queremos seguir siendo una democracia civil, vibrante, donde quepan todas las voces y en la que nadie tenga que exilarse porque se le persigue con pretextos inventados a modo. Queremos seguir construyendo una democracia paritaria donde avancen y se fortalezcan los derechos de las mujeres y donde haya mejor y mayor inclusión de los grupos tradicionalmente ignorados.
Queremos fundar esta democracia en un Estado de bienestar que ofrezca y garantice empleo formal, con salarios dignos y derechos laborales progresivos, salud universal y educación de calidad para todos y todas. Queremos recuperar la paz en todas las regiones del país, con soluciones participativas que ya se han probado exitosas. En pocas palabras, queremos devolver el poder a la gente, a toda la gente para que este país sea suyo y no de un solo hombre.
