El triángulo de hierro

Los intereses gremiales señorearon frentea la Secretaría de Educación Pública.Un comportamiento “pegajoso”.

El tema principal de mis trabajos académicos es la reforma educativa. Una duda que siempre me persigue es qué altera y qué perdura en los sistemas escolares cuando los gobiernos se embarcan en movimientos para reformar la educación. Una de las conclusiones a las que llegué es que hay más persistencia que cambio.

Mi enfoque analítico se basa en teorías que se derivan de Nicolás Maquiavelo (la lucha por el poder y el papel del gobernante), Max Weber (el predominio de la burocracia) y Philippe Schmitter (corporativismo). En los casos que estudié de reformas en México, a veces usé el concepto de fracaso (parcial, nunca total) de las reformas que impulsaron los gobiernos de Salinas de GortariCalderón y Peña Nieto.

Carlos Arturo Martínez Carmona y Erika Yazmín Gómez Zamarripa, en su artículo Estabilidad en la política educativa mexicana: factores políticos e institucionales para su explicación (Revista Estudios de Políticas Públicas, vol. 7 no. 2) ofrecen una interpretación plausible de la continuidad en la política educativa, más que de los cambios; también expresan la idea de fracaso.

Su punto de partida es la teoría del equilibrio puntuado en la corriente de políticas públicas y en el uso de lo que Estanislao Bardach denomina el triángulo de hierro: el Poder Ejecutivo, las comisiones parlamentarias (no el conjunto del Congreso) y los grupos de interés, donde predominan los sindicatos. Si estos conjuntos están de acuerdo, monopolizan la toma de decisiones y mantienen el triángulo cerrado.

Los investigadores estudian la política educativa de los gobiernos de Salinas de Gortari a López Obrador. Desde su perspectiva, quienes tuvieron éxito en la política educativa fueron los que no intentaron mover el equilibrio de poderes: ZedilloFox y Calderón. La razón: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación siempre predominó, no sólo como grupo de interés, sino por tener cuadros fieles en las comisiones de educación del Congreso federal.

Los autores argumentan que la relación del SNTE con el Ejecutivo fue estrecha y estable durante la posrevolución. El sindicato estableció mecanismos burocráticos que privilegiaron la centralización en la toma de decisiones y el control laboral de trabajadores de la educación. Los intereses gremiales señorearon frente a la Secretaría de Educación Pública. Un comportamiento “pegajoso”.

Este punto coincide con mi argumento de que los fieles del SNTE colonizaron el gobierno de la educación básica. Los autores apuntan tres condiciones causales: a) la baja capacidad del Ejecutivo para dirigir el rumbo de una reforma de política pública de alto impacto; b) la capacidad de influencia del SNTE en el control de la agenda y, c) la acción del Legislativo para proteger el statu quo.

Aunque el enfoque de políticas públicas no es mi favorito, el análisis de Martínez Carmona y Gómez Zamarripa es congruente con esa teoría. Además, su escritura es clara y su argumento provocador. ¡Bienvenido!

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