Covid-19, confinamiento y aprendizaje perdido
Resalta que el conocimiento no es resultado de una mera copia de la realidad preexistente, sino de un proceso dinámico e interactivo a través del cual la información se interpreta por la mente. Lo más importante para las variantes del constructivismo es que el aprendizaje sea significativo, no fugaz ni memorístico.
“De lo perdido, lo que aparezca” es un refrán que indica cierto conformismo. Y parece que ésa fue la visión de la Secretaría de Educación Pública tras la pandemia por covid-19, que cerró las escuelas por casi dos años lectivos. A las entonces secretarias de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez y Leticia Ramírez Amaya, al parecer no les importó la pérdida de aprendizajes que provocó el confinamiento. No obstante, la investigación educativa aún documenta el desastre.
La tesis de maestría en Desarrollo y Planeación de la Educación, El impacto del covid 19 en los procesos de enseñanza-aprendizaje, que presentó Patricia Lorraine García Gutiérrez, en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, abona al conocimiento sobre esa trama. Como se documentó en muchos estudios, la pandemia agarró descuidado al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que prefirió ignorar la gravedad, hasta que la realidad lo alcanzó. El 20 de marzo de 2020, la mayor parte de las escuelas del país ya no abrieron sus puertas. La emergencia suscitó alternativas de educación a distancia.
La SEP reaccionó con rapidez con el programa que después se denominó Aprende en Casa, que implicó un confinamiento doloroso para familias y estudiantes, pero lo que importaba a las autoridades era salvar el año escolar. Aprende en Casa II, fue más organizado, con proyectos y materiales que paliaron ciertos efectos, pero fueron insuficientes para promover el aprendizaje de los alumnos, a pesar del esfuerzo de miles de docentes que mostraron compromiso con su labor y dedicación para su alumnado.
Patricia Lorraine diseñó un proyecto donde el aprendizaje es el concepto clave, es el propósito principal de la educación. Exploró en la bibliografía y entresacó enseñanzas de los grandes teóricos de la educación. Recordó las metas del conductismo pedagógico, donde el aprendizaje se logra cuando se demuestra o se exhibe una respuesta apropiada a un estímulo específico. Lo importante es que el docente seleccione el incentivo apropiado, la iniciativa de los alumnos cuenta poco.
Asunto que las diferentes corrientes del constructivismo aspiran a superar. En estas, los estudiantes son sujetos activos que construyen conocimiento en la interacción con el contexto reinante y sus estructuras mentales. Resalta que el conocimiento no es resultado de una mera copia de la realidad preexistente, sino de un proceso dinámico e interactivo a través del cual la información se interpreta por la mente. Lo más importante para las variantes del constructivismo es que el aprendizaje sea significativo, no fugaz ni memorístico.
Con esos arreos, Patricia Lorraine se embarcó en estudios de caso en tres secundarias de Chicoloapan, entrevistó a docentes y directivos, encuestó en línea a estudiantes e hizo observación participante. Demuestra con su investigación que, pasada la pandemia y el encierro, la SEP no se aplicó a buscar medios para recuperar el aprendizaje perdido. Quería volver como si nada a las clases tradicionales. Lo más importante, encontró que, junto a docentes profesionales, hay otros que violan las normas y no les importan sus alumnos. Ni conductismo ni constructivismo, pura desidia.
Por ejemplo, ninguna de las tres escuelas aplicó el examen diagnóstico que ordenó la SEP para conocer el nivel de aprendizaje de los alumnos. Tal vez muy pocas escuelas del país lo hicieron. En sus conclusiones relata que estuvo en una escuela, el día del examen que organizó a escala nacional la desaparecida Mejoredu. Primero, en las tres escuelas, las y los docentes prepararon con dos semanas de anticipación a los alumnos, para que memorizaran las respuestas, ya las conocían. Segundo, en la escuela que visitó, observó que la maestra les ayudó a los alumnos responder el examen y hasta les pasó las respuestas. Cita la réplica a su extrañeza: “¡Ay, hija! Si no lo hacemos nos toca más trabajo en el cierre de curso. Total, varias escuelas de por aquí también les pasan las respuestas a los chicos para que las consideren de las mejores”.
Quizá lo mismo hicieron en muchas otras. La pérdida fue mayor de lo que apareció nos dice la investigación de Patricia Lorraine.
