Legitimidad compensatoria

La falla mayor de la Alianza por la Calidad de la Educación fue su propensión a fortalecer las tramas burocráticas que permitieron que la camarilla hegemónica del SNTE se hiciera del gobierno de la educación básica en México...

En un estudio sobre el fracaso de reformas educativas, Hans Weiler, concluye que las innovaciones en la educación son instrumentos para administrar el conflicto y conseguir “legitimidad compensatoria”; los gobernantes las conciben como mecanismos para crear la ilusión de que hay progreso, mientras el Estado disimula su incapacidad de realizar una reforma más allá del rango limitado de ciertos enclaves.

Ese fue el caso de la Alianza por la Calidad de la Educación. La falla mayor de la ACE fue su propensión a fortalecer las tramas burocráticas que permitieron que la camarilla hegemónica del SNTE se hiciera del gobierno de la educación básica en México. Las aristas principales de la ACE y la reforma que encabeza el presidente Peña Nieto, exhiben diferencias en grado superlativo. El calibre de las  disparidades va de las intenciones políticas a los enclaves bajo ataque, pasando por la ejecución del diseño político y las apuestas a futuro.

Tanto en la ACE como en la reforma de EPN, el asunto principal era acabar con la venta y herencias de plazas magisteriales e introducir un sistema de méritos para el ingreso a la profesión docente. La ACE presentó un diagnóstico de los grandes males de la educación y se dijo que se resolverían mediante un contrato entre el gobierno central y el SNTE. La reforma de EPN parte de una matriz con raíces institucionales más amplias: busca establecer nuevas reglas que permitan que el Estado “retome la rectoría de la educación”.

El proceder político marca diferencias más profundas. La ACE fue un juego de dos apostadores, los demás actores (gobernadores, legisladores y sociedad) fueron invitados a sumarse a la iniciativa del Presidente y de Elba Esther Gordillo. Se buscaba su adhesión, no su participación. Peña Nieto buscó el consenso de los dos grandes partidos de la oposición (PAN y PRD y por medio de ellos invitar al debate a los gobernadores y los legisladores) que en el Pacto por México diseñaron las grandes líneas de la reforma constitucional.

Todas las decisiones que tenían que ver con la ACE se centralizaron en la SEP y en el SNTE; en la de EPN, aunque tiene un eje organizador, no trata de avasallar. El hacer del secretario de Educación Pública ha sido discreto, los líderes de los partidos representan papeles importantes, los legisladores debatieron los puntos candentes de la reforma a la Carta Magna e hicieron modificaciones. Además, en contraste con la ACE que las invitaba pero luego las excluía, la participación de organizaciones civiles (de algunas, no de todas) es bienvenida.

La ACE no estuvo exenta de conflictos entre el SNTE y el gobierno. Recuérdese lo que le pasó a Josefina Vázquez Mota, la primera secretaria de Educación del gobierno de Calderón y firmante de la ACE. Pero se buscaba la apariencia de un trabajo cordial y armónico entre los dos actores. En la reforma de EPN el conflicto es la marca de inicio: todas las corrientes del SNTE se oponen a la reforma.

La razón es que la de EPN ataca santuarios de las camarillas del SNTE. Aunque en el proceso legislativo se puedan moderar algunos de los planteamientos del cambio constitucional, es difícil que la venta y herencias de plazas regrese al sistema educativo mexicano. También es posible que con altos grados de autonomía, el INEE tenga dientes y ejerza un papel más dinámico. La ACE resultó un placebo, un remedio insustancial para los grandes males que se le habían diagnosticado a la educación nacional.

Estoy convencido de que EPN apuesta a recuperar el gobierno de la educación, busca imponer nuevas reglas del juego, tiene aliados poderosos y sube más el zócalo de su plataforma. Ergo, las condiciones para tener éxito están fundadas.

Sin embargo, Weiler advierte un fardo que arrastran las reformas educativas que abortan. El Estado siempre marca una tendencia a maximizar la ganancia política que se deriva del diseño —y de la apariencia de poner en práctica— reformas educativas, mientras trata de minimizar el costo de llevarlas a cabo. Me preocupa que la presión que ejercen las camarillas del SNTE haga tambalear la reforma en marcha. Si eso sucede, al final, la reforma de EPN arrojará lo que la ACE, una legitimidad compensatoria de corto plazo. Aunque tengo la esperanza de que ése no sea el desenlace.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

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