“Ser presidente no cambia quien eres, revela quién eres”

Quienes levantaron la voz en contra de AMLO pronosticaban que México iría en el mismo camino de Venezuela o Cuba, acusándolo de autoproclamarse como el mesías que podía salvar a México mandando al demonio a las instituciones. Pero los malos augurios no hicieron mella en el candidato que fundó su partido, con 300 pesos en la cartera, proclamando que acabaría con la pobreza

Ser presidente no cambia quien eres, revela quién eres.

                Michelle Obama, septiembre de 2012

Los resultados de la votación por la Presidencia de México en el año 2018 fueron inobjetables. Con más de 30 millones de votos, Andrés Manuel López Obrador fue declarado Presidente electo en julio de ese año. Durante 12 años recorrió el país escuchando a los más pobres y necesitados, a quienes las administraciones del PRI y del PAN les habían fallado. Adaptó su discurso para ellos y para quienes estaban resentidos con el sistema —la mayoría con sobradas razones—, viéndolo como una alternativa real para resolver los problemas endémicos del país; esa mayoría se convirtió en su base. También votaron por él sectores tan diversos como el científico, el artístico y el intelectual; recibió el voto de clases sociales medias y altas cansadas de los malos manejos, inseguridad e ineficiencia de las administraciones anteriores. La mayoría decidió darle la oportunidad a alguien que había buscado tres veces ser Presidente. Muchos dijeron “ya le toca, a ver cómo lo hace”, sumado a los millones de mexicanos desencantados que no acudieron a las urnas.

Quienes levantaron la voz en contra de AMLO pronosticaban que México iría en el mismo camino de Venezuela o Cuba, acusándolo de autoproclamarse como el mesías que podía salvar a México mandando al demonio a las instituciones. Pero los malos augurios no hicieron mella en el candidato que fundó su propio partido, con 300 pesos en la cartera, que viajaba en un auto compacto sin seguridad, proclamando que acabaría con la pobreza. La corrupción y la inseguridad terminarían el primer día de su mandato (con “abrazos y no balazos”); que México tendría un sistema universal de salud como los países nórdicos; que habría autosuficiencia energética y alimentaria, con un crecimiento del 4% anual; que le haría frente y pondría en su lugar al presidente Trump; que eliminaría el fuero a congresistas y al Ejecutivo; y que enjuiciaría a expresidentes mexicanos.

Nada de esto ha sucedido. Casi cinco años después, López Obrador tiene una popularidad arriba del 55% y su discurso populista sigue funcionando en su base, pero ha dividido al país entre aliados y adversarios: quien opine en su contra es un “traidor a la patria”; quienes muestran devoción, gozan de sus favores, junto con impunidad casi absoluta. Familiares cercanos son señalados por corrupción por diferentes medios, al igual que varios miembros de su gabinete. La pobreza ha aumentado significativamente, los asesinatos superan las cifras de los dos sexenios anteriores, el sistema de salud propuesto (Insabi) fracasó estrepitosamente, al igual que el “nuevo” aeropuerto. La refinería inaugurada aún no produce un litro de gasolina, pero ya ha costado casi tres veces más de lo presupuestado, el Tren Maya ya duplicó su costo y aún no ha transportado un sólo pasajero. El crecimiento económico del país está prácticamente en cero. Donald Trump lo dobló y ahora México es el muro y alojamiento de migrantes que Estados Unidos rechaza. El país no está en peores circunstancias gracias a la independencia del INE, de la Suprema Corte de Justicia, del Inai, las organizaciones civiles y de aquellos quienes han denunciado los abusos, excesos y delitos.

Los últimos años, AMLO ha tratado de desaparecer o tomar el control de los órganos autónomos que garantizan nuestras elecciones y el acceso a la información pública gubernamental. Igualmente, intentó tomar el control de la SCJN a través de una ministra que perdió la presidencia al saberse que plagió su tesis de licenciatura.

Estamos viendo al verdadero Andrés Manuel López Obrador. Su legado corre peligro y comenzamos a ver a un Presidente herido y revanchista que se lanza con la fuerza del Estado y de su partido en contra de los que han rechazado los abusos del poder autoritario que pretende instaurar nuevamente en el país. Los empresarios que siempre apoyan al Presidente en turno empiezan a sentir la ira y frustración de López Obrador, que coquetea con expropiaciones y con utilizar la fuerza del Ejército contra sus ciudadanos. Sus posibles sucesores no tienen las mismas convicciones que él, pero pretenden seguir la 4T para asegurarse la bendición presidencial en la sucesión. Al parecer, su proyecto de nación quedará en eso: un proyecto. Pero el daño al país tardará décadas en resarcirse. La división, el encono, la pobreza y la inseguridad son sus verdaderos legados; ni la historia ni los mexicanos serán benévolos en su juicio.

Temas: