Por todos los que desean noches de paz
En prácticamente todo México lo que menos hay son días y noches de paz. Los casos más graves como Sinaloa, Colima, Guerrero y Guanajuato, entre otros, son la referencia de inseguridad.
¿Cuándo habrá sido la última noche de paz que tuvo nuestro país? Si hay algo que anhelamos muchos mexicanos es poder tener noches y días de paz, como las que teníamos en nuestra adolescencia o infancia y que muchas generaciones no han podido conocer. Es imposible concebir la utopía de un país donde todo funciona, no existen los problemas y la convivencia entre los ciudadanos es armoniosa todo el tiempo. La perfección es inalcanzable, pero la evolución de una cultura aspira a que las circunstancias cada vez sean mejores para la mayor parte de la sociedad. Cuando se pierden las seguridades elementales de los ciudadanos, comienza una regresión social que pone en riesgo la continuidad de dicha cultura o civilización. Ejemplos sobran en la historia de la humanidad, donde aun los más grandes imperios cayeron más por sus divisiones internas, pérdida de valores e identidad y todo aquello que provoca el fin de esa cultura, ya sea de una forma abrupta, bajo el peso de sus enemigos o paulatina bajo el peso de sus iniquidades, errores y traiciones a sus valores e idiosincrasia.
En prácticamente todo México lo que menos hay son días y noches de paz. Los casos más graves como Sinaloa, Colima, Guerrero, Guanajuato, Chiapas, Tamaulipas, Sonora, Nayarit y Oaxaca, entre otros, son la referencia de inseguridad en todos los niveles y situaciones de sus ciudadanos. Muchos mexicanos se juegan la vida diariamente por el simple hecho de salir a proveer lo esencial para sus familias, con el temor de sufrir extorsiones, cobros de piso, secuestros o perder la vida en el fuego cruzado entre criminales, añadiendo a la ecuación a la Guardia Nacional y Fuerzas Armadas que, lejos de cumplir funciones de prevención del crimen y disuasión del mismo, están entrenados para generar la violencia necesaria para ganar batallas en guerras con parámetros establecidos.
La inseguridad que predomina en el país se ha convertido en algo parecido a la Hidra, serpiente gigante de nueve cabezas de la mitología griega. Cuando era atacada y alguien lograba cortar una de sus cabezas, el monstruo regeneraba en su lugar una o varias cabezas iguales a la recién perdida, lo que prácticamente la hizo inmortal. Sólo un héroe mitológico pudo acabar con su vida: Hércules, el semidiós con fuerza sobrenatural. ¿Tendremos a algún mexicano de ese calibre?
Los últimos 24 años han sido una secuencia de victorias pírricas y fracasos en la lucha contra el crimen organizado. Felipe Calderón correctamente entendió las perspectivas del camino que le esperaba al país de no salirle al paso a los criminales. Desafortunadamente, el llamarle “guerra” al combate a los narcotraficantes y sacar al ejército de los cuarteles para combatir de tú a tú a los cárteles, les dio municiones a sus detractores. Eso sí, todo dirigido por Genaro García Luna, a quien los rumores de aquel entonces ya señalaban como aliado de algunos de aquellos a quienes se supone debería perseguir. Con la llegada de Peña, se dio continuidad al papel del Ejército, con la indiferencia del presidente para terminar con los crecientes niveles de criminalidad. El acabose llegó en el sexenio de AMLO, con la permisividad y complacencia (en el mejor de los casos) que convirtieron a México en el sueño dorado de los cárteles y el infierno del resto de los ciudadanos.
Para que Claudia Sheinbaum pueda seguir con los designios de López Obrador, o los suyos, si ella lo decide, es indispensable que la paz social se mantenga, aunque actualmente la poca que queda está sostenida por los alfileres de la displicencia y falta de empatía de los pocos mexicanos que aún no sufren directamente de la falta de seguridad. De nada servirán los cientos de billones de pesos que está dispuesta a utilizar en los programas sociales que sustentan el poder político de Morena, si los mexicanos no tienen garantizado el derecho fundamental a la vida.
El encargado de la seguridad, Omar García Harfuch, debe saber que de su éxito o fracaso depende no sólo la estabilidad social del país, sino también la económica y de relaciones exteriores de México. Los tratados comerciales, tan necesarios para sostener al país, se encuentran en peligro por los mismos socios que amenazan con reventarlos debido a la inseguridad, tanto personal como jurídica, como respuesta a la infame reforma judicial y a la desaparición de los organismos autónomos.
Ojalá los mexicanos que sufren violencia, inseguridad e incertidumbre pronto tengan noches buenas bajo el imperio de la justicia; que la paz y la tranquilidad lleguen a sus casas esta Nochebuena y muchas más. ¡Que así sea!
