Muchos cocineros arruinan el caldo
Durante el reciente proceso electoral, una de las mayores incógnitas era saber quién mandaría en México si ganaba Sheinbaum. La respuesta fue dada la madrugada del martes en la Cámara de Senadores, cuando Adán Augusto presionó a sus colegas para dejar de lado a la candidata mejor evaluada y favorita de la presidenta Sheinbaum, Nashieli Ramírez.
Éste ha sido el inicio de sexenio más turbulento de los últimos treinta años, desde la elección de Ernesto Zedillo tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta y la crisis conocida como el “error de diciembre” en 1994. En aquel entonces, la influencia que el expresidente Carlos Salinas de Gortari quiso ejercer era evidente. Rompiendo con la tradición de prudencia y silencio de los otrora jefes del Ejecutivo, criticó y culpó abiertamente a Zedillo de la brutal crisis económica a menos de un mes de la toma de posesión. La respuesta del Presidente en funciones fue contundente: Raúl Salinas de Gortari, hermano de su predecesor, fue acusado del asesinato de su propio cuñado, Francisco Ruiz Massieu, pasando 10 años en prisión, sirviendo de ejemplo tácito y contundente de que el poder era ejercido por el presidente Zedillo.
Algo parecido hizo el presidente José López Portillo, al enviar a su predecesor, Luis Echeverría, como embajador de las Islas Fiji, Nueva Zelanda y Australia, como “premio” por querer seguir ejerciendo influencia y poder sobre el elegido por el viejo método priista del dedazo. En caso de ser necesario, el nuevo presidente de México no se tocaba el corazón para dejar en claro quién mandaba en la “dictadura perfecta”. Este modelo no permitía que los patos les tiraran a las escopetas y garantizaba la continuidad del PRI de aquel entonces para continuar ganando presidencias. Lo sabían bien: muchos cocineros arruinan el caldo.
Volvamos a 2024: México tiene a la primera mujer Presidente del país, ganando la elección con más del 50% de los votos, además de tener el Congreso con mayoría absoluta de sus correligionarios y satélites, con un Poder Judicial a punto de ser comparsa en todo lo que designe (por el momento pasaremos por alto todas las ilegalidades, traiciones y abusos constitucionales y de poder con que se alcanzó esta situación).
Las condiciones son ideales para que Claudia Sheinbaum Pardo haga realidad su visión de México en los siguientes seis años. Pero lo que se perfilaba como la llegada al Nirvana parece el descenso al averno, y quien lleva la barcaza no es Caronte, sino Andrés Manuel López Obrador. Toda la campaña presidencial de Sheinbaum se basó en los proyectos, “ideologías” y acciones que marcaron el sexenio de AMLO, por ello nunca hemos sabido cuál es esa visión que tiene Sheinbaum para el país. La mitad de su gabinete es gente leal a AMLO, no a ella. La Cámara de Diputados se ha vuelto el coto de poder de Ricardo Monreal, la de Senadores es dominada por Adán Augusto López y arreada por Gerardo Fernández Noroña. Los tres fueron de la Presidenta y sus posiciones actuales son premios al ceder sin hacer olas a sus ambiciones por “la grande”.
López Obrador puede ser muchas cosas, menos un político tonto o ingenuo. Logró cambiar la Constitución para instaurar la revocación de mandato, que puede llegar a destituir a un presidente si pierde un plebiscito intermedio: la espada de Damocles perfecta para quien ose ir en contra de los designios del “pueblo bueno” (llámese a las andanadas de seguidores pagados por el mismo gobierno a través de sus programas sociales). En elecciones libres en Morena —perdone el sarcasmo—, Andrés Manuel López Beltrán fue elegido como nuevo secretario de Organización de Morena, esperando tomar la batuta en el sexenio siguiente o antes si dicha revocación entra en efecto.
Durante el reciente proceso electoral, una de las mayores incógnitas era saber quién mandaría en México si ganaba Sheinbaum. La respuesta fue dada la madrugada del martes en la Cámara de Senadores, cuando Adán Augusto presionó a sus colegas para dejar de lado a la candidata mejor evaluada y favorita de la presidenta Sheinbaum, Nashieli Ramírez, y reelegir a Rosario Piedra Ibarra, la candidata peor evaluada, pero favorecida por López Obrador.
Es tan claro el dominio de López Obrador que aún habita los aposentos de Palacio Nacional, ejerciendo el poder, mientras la Presidenta sigue durmiendo en su casa. Ya ni siquiera en Los Pinos. Mientras tanto, la violencia arrecia en el país, la alianza comercial con Estados Unidos y Canadá pende de un hilo y sus principales rivales están dentro de su gobierno.
Los estatutos de Morena prohíben “…facciones, corriente o grupos que vulneren la soberanía del partido, es decir, su capacidad exclusiva de dirección general”. Al parecer, esto no aplica para el tabasqueño. Si no aprende de la historia, la primera mujer Presidenta de México sólo será simple comparsa de la voluntad de alguien más.
