Los procesos de los partidos
En el Frente Amplio, que hasta hace siete semanas no tenía ninguna figura capaz de derrotar al oficialismo, surgió una opción verdaderamente improbable: Xóchitl Gálvez. De los 33 ciudadanos que completaron sus registros, pasaron a la ronda final Gálvez, Beatriz Paredes, Enriquede la Madrid y Santiago Creel, ante el descontento momentáneo de los participantes del PRD.
Han terminado los procesos de las principales alianzas políticas para escoger a sus coordinadores, que se convertirán en candidatos a la Presidencia del país. Más allá de la legalidad de dichos procesos fuera de los tiempos electorales y que queda en entredicho la fuerza y disposición del INE para aplicar la ley, las formas en que se dieron han dejado mucho que desear.
En el Frente Amplio, que hasta hace siete semanas no tenía ninguna figura capaz de derrotar al oficialismo, surgió una opción verdaderamente improbable: Xóchitl Gálvez. De los 33 ciudadanos que completaron sus registros, pasaron a la ronda final Gálvez, Beatriz Paredes, Enrique de la Madrid y Santiago Creel, ante el descontento momentáneo de los participantes del PRD. Existieron críticas al proceso desde el principio por la falta de claridad de los requisitos, el número requerido de firmas para el registro, hasta la forma en que el líder de los priistas, Alejandro Moreno, “bajó” de la contienda a su propia candidata de una manera poco delicada, antes de que la propia Paredes lo hiciera de voz propia. Nunca se llegó al final del proceso, uno a uno los aspirantes fueron haciéndose de lado al ver el surgimiento de la popularidad creciente de Gálvez, algo que ni siquiera ella misma se imaginaba. Xóchitl se veía como candidata para la CDMX; se nota que no estaba preparada para “la grande”. Su carisma y frescura le dieron ventaja frente a sus rivales Creel y Paredes, totalmente anquilosados en sus formas políticas de años.
Al evitar completar el proceso pactado en el Frente Amplio se evitó pasar vergüenzas que se veían venir por un proceso desaseado y con muchas dudas. Vimos cómo muchos de los participantes pasaron a formar parte de la coordinación del Frente, mientras los dirigentes partidarios sopesaban cuándo y cómo maniobrar para poder obtener los mayores beneficios para sus huestes y para sí mismos. Uno de los mayores problemas que tendrá Xóchitl Gálvez para lograr la Presidencia y, en caso de ganar la elección, será el lastre político que arrastran PRI, PAN y PRD.
Por otro lado, el proceso para elegir al coordinador oficialista fue exactamente lo que todos nos imaginábamos: una farsa disfrazada de proceso libre para al final elegir (¡oh, sorpresa!) a Claudia Sheinbaum. Morena no decepcionó, sus fondos y formas, tan importantes en la política, fueron lo que los caracteriza: una simulación de libre albedrío, donde la mayoría de los participantes se saben parte de un montaje de democracia, con irregularidades e ilegalidades a diestra y siniestra. Hasta el párvulo más ignorante se puede dar cuenta que el monto de cinco millones de pesos que se supone sería el tope de gastos fue superado con creces por los punteros de ese proceso.
Sólo Marcelo Ebrard se atrevió a denunciar el proceso sucio utilizado para asegurar la victoria de Sheinbaum. Ya el excanciller se había bajado de la carrera por la candidatura en el pasado para favorecer y apoyar al entonces candidato López Obrador. Probablemente pensaba que estas declinaciones le daban ventaja y predilección a los ojos del Presidente, aunque todos siempre supieron que la designada sería la favorita del presidente (como él mismo lo ha dicho). Atinadamente, Ebrard ha dicho que Morena “cada día se parece más al PRI de antes”. Muy cierto su comentario; la mayor parte de su partido se compone de antiguos priistas que no pasaron de mandos medios en el pasado (salvo la excepción del infame Manuel Bartlett) y que llegaron al gobierno de la mano del resentimiento y sed de poder de su líder. En resumidas cuentas: la gran farsa de una elección popular para escoger a su representante fue un total cochinero.
Si el proceso del Frente Amplio dejó dudas y evidenció la fragilidad de la alianza opositora, queda claro que para Morena la democracia, al igual que las instituciones autónomas y la Suprema Corte, son obstáculos en su deseo de gobernar durante muchos años a través de los designios de López Obrador, emulando la “dictadura perfecta” de los setenta, pero con malos actores. Todos sabíamos que la elegida sería Sheinbaum. Falta saber cuáles serán los siguientes pasos de Ebrard, que podrían ser su equivalente político al canto del cisne.
Nos esperan nueve meses muy duros, con un Presidente que ya se dio cuenta que su “proyecto de nación” ha fracasado absolutamente y una campaña entre su elegida para continuar con su “legado” y una candidata con buenas intenciones, con cierta inocencia política. El futuro no se ve halagüeño.
