Los JO, un regalo de la humanidad a sí misma
Los antiguos pueblos helénicos crearon los Juegos para honrar a los dioses del Olimpo: Zeus, Hera, Hermes, Apolo, Poseidón, Artemisa, Afrodita, Atenea y algunos otros. Las guerras entre las ciudades estados se suspendían por la tregua olímpica. Los mejores atletas se reunían para competir en pruebas de fuerza, velocidad, agilidad y destreza...
Los Juegos Olímpicos es el mejor regalo que la humanidad se otorga a sí misma, más allá de la comercialización del deporte y de quienes lo utilizan para su beneficio personal o político. Casi once mil atletas provenientes de los confines del planeta, de todas las condiciones sociales y religiosas, en el clímax de sus habilidades deportivas, reunidos para hacer lo más elemental y simple, pero, a la vez, sublime: jugar y competir como cuando éramos niños, buscando el éxtasis de la victoria siendo más rápidos, más fuertes y llegar a lo más alto.
Los antiguos pueblos helénicos crearon los Juegos para honrar a los dioses del Olimpo: Zeus, Hera, Hermes, Apolo, Poseidón, Artemisa, Afrodita, Atenea y algunos otros. Las guerras entre las ciudades estados se suspendían por la tregua olímpica. Los mejores atletas se reunían para competir en pruebas de fuerza, velocidad, agilidad y destreza; los triunfadores eran honrados con una corona de hojas de olivo y la gloria que sólo los dioses podían proveer. Los antiguos griegos privilegiaban el placer, no sólo de tipo carnal, sino de todo aquello que exaltara los sentidos, la belleza y la armonía. De ahí que, a la par de las competencias deportivas, sucedían muestras culturales donde florecían las artes.
Más de 2,500 años después, Pierre de Coubertin, pedagogo e historiador miembro de la aristocracia francesa, logró el consenso de varios países para resucitar el espíritu olímpico, culminando en 1896 con los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en Atenas. Desde entonces, los Juegos Olímpicos suceden cada cuatro años (a este lapso de tiempo se le conoce como olimpiada), siendo cancelados en tres ocasiones en el siglo XX, debido a las guerras mundiales y pospuestos hace un ciclo olímpico por la pandemia.
Los juegos se otorgan a una ciudad (no al país) después de un exhaustivo proceso de deliberación, no siempre libre de amaños y corrupción, definido por el voto democrático de los países miembros del Comité Olímpico. Los organizadores tienen entre seis y ocho años para llevar a cabo los mejores Juegos posibles. Desafortunadamente, muchas ediciones se han visto empañadas por circunstancias políticas externas: la matanza de estudiantes en México ’68, de atletas israelíes en Múnich ’72, el atentado en Atlanta ’96 o los boicots políticos de Melbourne ’56, Montreal ’76, Moscú ’80 y Los Ángeles ‘84. Pero, al final del día, es una oportunidad para exponer al mundo la cultura y forma de vida de la ciudad que albergará por 17 días lo mejor que tiene la humanidad, no sólo en el deporte, sino como raza, mostrando la solidaridad, unión, fraternidad y valores comunes en cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta.
Las inauguraciones de México ’68, Moscú ’80, Barcelona ’92, Sidney 2000, Beijing ’08 y Londres ’12 han sido catalogadas como las mejores de los últimos 60 años. Hace tres días, los Juegos llegaron a una de las ciudades más hermosas del mundo, que en su historia ha ayudado a propagar los valores de libertad, igualdad y fraternidad: París. Thierry Reboul, director creativo de los Juegos, y Thomas Jolly, director artístico de la ceremonia de inauguración, crearon un espectáculo para la eternidad.
Con la mejor escenografía provista por los calles, monumentos y museos de esta emblemática ciudad, la bienvenida a los atletas sucedió en el río Sena y sus riveras. La presencia de algunos de los mejores deportistas de todos los tiempos, —Lewis, Nadal, Comaneci, Williams y Pérec, entre otros— engalanaron una exhibición artística sin precedente, con artistas franceses y extranjeros, bailarines, música tradicional y moderna, la exhibición exaltó los sentidos; con una gran dosis (para muchos, sobredosis) de inclusión, inherente al París desde principios del siglo XX, que ha dotado a su sociedad de remolinos de creatividad que se desbordan en la moda, plástica y estética, confirmándolos como líderes mundiales en estas áreas. La transgresión ha causado molestia en muchas partes conservadoras del mundo, algo que forma parte de la vida parisina cotidiana.
La Torre Eiffel recibió al mundo con un espectacular juego de luces, música y bailarines al cierre de la ceremonia, mientras algunos de los mejores atletas franceses llevaban la antorcha hacia un pebetero inspirado en los globos aerostáticos de los hermanos Montgolfier, que emprendió el ascenso sobre las Tullerías, dando paso al cierre glorioso de Celine Dione cantando con el alma y corazón albergados por su cuerpo debilitado, desde la misma Torre que cien años antes presenció los Juegos, dando inicio al mejor acontecimiento creado por la humanidad para la humanidad. ¡Disfrútelos!
