Llegó el momento: ¿qué México queremos?
Aun en los tiempos de la “dictadura perfecta”, todos los candidatos presidencialesde los diferentes partidos tenían preparación, argumentos, propuestas y proyectos.Nuestra incipiente democracia nacida a finales del siglo XX nos ha llevado a una elecciónentre tres candidatos que nada tienen que ver con aquellas figuras políticas.
Estamos llegando al final del proceso electoral, en donde no sólo se elegirá al presidente los siguientes seis años, se lucha por el alma de nuestra nación. ¿Suena dramático? Tal vez, si tienes menos de 30 años. Para los que hemos vivido un poco más, recordamos bien lo que es vivir bajo el yugo de un partido que impone sus intereses propios antes que el de los mexicanos.
Aun en los tiempos de la “dictadura perfecta”, todos los candidatos presidenciales de los diferentes partidos tenían preparación, argumentos, propuestas y proyectos. Nuestra incipiente democracia nacida a finales del siglo XX nos ha llevado a una elección entre tres candidatos que nada tienen que ver con aquellas figuras políticas. En esta elección tendremos que escoger entre tres propuestas: la continuidad de un “proyecto” fracasado del actual Presidente, un esquirol que entró de último momento y juega a ser comparsa del poder, y la sorpresa de oposición, surgida del hambre de la ciudadanía por una opción externa a aquellos que no supieron manejar el poder. Como diría un infame político de los años setenta: “La caballada está flaca”; los candidatos y partidos actuales les quedan muy chicos a los mexicanos.
Nuestra joven democracia está en grave riesgo de desaparecer y convertirse nuevamente en una oligarquía presidencial de un solo partido. Éste es el sueño que siempre ha tenido López Obrador, para cobrarse el hecho de nunca haber sido ungido por el entonces partido en el poder al que él pertenecía para ser gobernador de su estado, Tabasco, o ser considerado para ser candidato presidencial. AMLO llegó a la Presidencia a través de un proceso democrático, mismo que, como todos los dictadores latinoamericanos, quiso modificar a su conveniencia para preservarse en el poder. Al no poder reelegirse (aunque le habría encantado), se dedicó durante todo su sexenio a hacer todo lo posible para desaparecer las instituciones encargadas de preservar la democracia, la transparencia y el acceso a la información, la justicia y la separación de poderes. Si no fuera por la intervención de la Suprema Corte de Justicia, la sociedad civil y esas instituciones, se habría salido con la suya. Ahora, su plan es claro: seguir ejerciendo su influencia a través de su elegida, protegiendo a su círculo interno en sus negocios al amparo del poder y de proteger a sus allegados de la acción de la justicia (nacional e internacional) ante los señalamientos de corrupción y nexos con el crimen organizado. Su candidata no se queda atrás: siendo alcaldesa de Tlalpan, los permisos de construcción ilegalmente otorgados provocaron la muerte de niños y maestros durante el sismo de 2017 y sus fracasos continuaron cuando gobernó la CDMX en el manejo de la pandemia, la caída de la Línea 12 del Metro, el aumento de la violencia y los feminicidios.
El candidato de MC fue postulado de último momento ante el riesgo de que el candidato original perdiera la gubernatura de Nuevo León. El razonamiento de ese partido es simple: hay que mantener el registro (y los miles de millones de pesos que eso implica), aunque sepan que no hay posibilidades reales de que lleguen a la Presidencia. Pero entienden bien su papel: servir de comparsa al partido del Presidente para evitar que la verdadera oposición acceda al poder. Lo mejor que ha mostrado este partido son los temas musicales que acompañan sus campañas; al compositor le deben en gran parte su permanencia en el circo electoral.
La candidata que representa al PAN, PRI y PRD (probablemente la alianza más improbable en la historia política del país) fue una completa sorpresa para propios y extraños. Muchos dirán que se convirtió en la elegida por un golpe de suerte; tal vez sí, siempre y cuando definamos la suerte como “el momento exacto en que se juntan la oportunidad y la preparación”. Los acérrimos enemigos históricos iban a tener un gran problema para elegir a uno de sus miembros como candidatos presidenciales. De pronto apareció una mujer de origen indígena, que vivió la pobreza toda su infancia y adolescencia debido a las perennes políticas del gobierno en turno y que no pertenece a ninguno de esos partidos. No tiene mucho pedigrí político y, dadas las circunstancias, eso es más un punto a favor que en contra. No debe favores que, en política, es un sueño dorado.
¿Qué México queremos los mexicanos? ¿Avanzar y crecer unidos todos los mexicanos o retroceder 30 años y ser partícipes de la destrucción del país? Lo veremos en dos semanas.
