Las amenazas de Trump, ahora en comerciales

Tanto Trump como el presidente Nayib Bukele (que algo sabe de ignorar los derechos humanos) se niegan a que Ábrego regrese a los Estados Unidos.

Si usted tiene televisión de paga en México, probablemente ya se topó con los comerciales donde aparece la Secretaria de Seguridad Interna de Estados Unidos, Kristi Noem. En ellos, Noem agradece a Trump por poner a su país primero y asegurar sus fronteras. Enseguida, da un mensaje de su jefe al mundo: “Si está considerando entrar a Estados Unidos ilegalmente, ni siquiera lo piense. Permítame ser clara: si entra en nuestro país y rompe las leyes, lo cazaremos. Los criminales no son bienvenidos a los Estados Unidos”. Todo esto con imágenes de Trump y algunos aplaudidores, alambre de púas, el muro fronterizo, oficiales arrestando personas, migrantes cruzando el río Bravo y la secretaria dando su mensaje delante de banderas norteamericanas.

Maquiavelo decía: “Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor”. Trump lo sigue al pie de la letra: mientras intenta destruir la economía global —llevándose en el camino a la de su país— pelea con aliados, amenaza con anexar Groenlandia y Canadá a su país (al mismo estilo de Putin con Ucrania), alardea postularse para un tercer mandato (en contra de su propia Constitución), cambia el nombre del golfo de México, plantea expulsar a más de un millón de indocumentados y otras muchas incoherencias. Son tantas, y en tan poco tiempo, que no permite que se genere opinión pública considerable en contra de todas sus posturas, teniendo grandes posibilidades de salirse con la suya en alguno de esos temas. Sus actitudes rayan en lo dictatorial, negándose a cumplir las resoluciones de jueces federales y de la misma Suprema Corte de Justicia, que le ha pedido facilite el retorno Kilmar Ábrego García, salvadoreño que huyó de su país por la violencia de las pandillas locales y que fue arrestado y enviado ilegalmente de regreso a una prisión en El Salvador. Tanto Trump como el presidente Nayib Bukele (que algo sabe de ignorar los derechos humanos) se niegan a que Ábrego regrese a los Estados Unidos.

¿A qué grado llega la hipocresía, la incompetencia y la arrogancia de la administración del republicano? Algunos ejemplos: utilizando una aplicación gratuita de mensajes de texto, el vicepresidente Vance, el secretario de la defensa, el director de la CIA y varios miembros del gabinete, intercambiaron información de seguridad nacional con respecto a un ataque del ejército estadunidense en contra de posiciones de rebeldes en Yemen que ejercen la piratería en el mar Rojo, sin percatarse que habían añadido a la conversación al editor en jefe de The Atlantic, publicación especializada en política y relaciones internacionales; el principal consejero de Trump en eficiencia presupuestal del gobierno, Elon Musk, es un inmigrante sudafricano-canadiense con nacionalidad norteamericana, que, dentro de sus muchas excentricidades, tiene al menos 14 hijos para “repoblar al planeta con seres de mejor capacidad intelectual”, haciendo recordar el discurso de Hitler, o de los afrikaans responsables del apartheid en su país natal; uno de sus principales asesores económicos, firme creyente en los aranceles como política económica, Peter Navarro, llegó al presidente gracias a su libro Muerte por China, en donde cita a Ron Vara “experto antichino”. Se ha descubierto estos últimos días que este “experto” es ficticio, no existe y su nombre es un anagrama del apellido Navarro.

El racismo y la discriminación han retornado con furia al vecino del norte. Se han eliminado los programas sociales que favorecían a las minorías, aduciendo que quitan oportunidades al resto de ciudadanos. Se han eliminado las referencias históricas de la comunidad negra en los portales digitales del ejército, como el escuadrón aéreo Tuskegee, y Jackie Robinson en la Segunda Guerra Mundial, y hasta del mismo Colin Powell, secretario de Estado y jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos durante la Guerra del Golfo. Trump ha eliminado de las bibliotecas escolares los libros que hablan de la historia de los derechos civiles y la esclavitud en su país, mientras la cabeza de la secretaría de educación tiene la encomienda de terminar con el organismo que dirige, mientras le llama A-1 a la inteligencia artificial (AI, en inglés), confundiéndola con una popular salsa para carnes.

Estados Unidos quiere cazar criminales, mientras uno de ellos, ya juzgado y con varios asuntos pendientes con la justicia, se sienta a despachar en la Casa Blanca, desapareciendo el liderazgo moral que su país tenía en el mundo entero.

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