La Suprema Corte de Piña, una esperanza
¿Qué implica una Suprema Corte de Justicia funcionando como un poder independiente de verdad? Para empezar, es una esperanza. Quienquiera que se encuentre en la Presidencia del país, aun teniendo mayoría partidista en el Congreso, no podrá ejercer el poder autoritario y automático de un sólo hombre para su propio beneficio y el de sus seguidores.
Contra todo pronóstico, la ministra Norma Piña ganó la elección para presidir la Suprema Corte de Justicia apenas el mes pasado, pero parece ser más tiempo. Venció, entre otros candidatos, a Yasmín Esquivel, gracias en no poca medida a la investigación de Guillermo Sheridan, quien descubrió que la favorita del Presidente plagió su tesis de licenciatura. La llegada de Piña a la presidencia de la Corte comienza a marcar una clara separación de los otros dos Poderes de la Unión, el Ejecutivo y el Legislativo, como lo plantea la Constitución, aunque pocas veces vista en nuestro país. Con su retórica rebuscada, el Presidente de la nación dijo que “la señora presidenta de la Corte, para hablar en plata, está por mí". Ya no sorprende el narcisismo de López, pero queda en evidencia la molestia que le provoca perder la influencia que tuvo con el anterior presidente de la Corte, el ministro Arturo Zaldívar. En abril de 2021, el Congreso había aprobado una iniciativa de López, donde se ampliaba el mandato de Zaldívar dos años más, es decir, hasta diciembre de 2024, una ley claramente inconstitucional, pero tan tentadora que pasaron cuatro meses para que el mismo Zaldívar rechazara dicha extensión de mandato. Su plan alternativo en la Corte (Esquivel) se vino abajo ostentosamente. Le falló a López porque, como él mismo lo dijo, “antes el presidente ponía y quitaba a su antojo al presidente de la Corte".
En su primer encuentro público con el Ejecutivo durante la celebración del aniversario de la Constitución, el pasado 5 de febrero, al tomar la palabra, la ministra Piña dijo “una judicatura independiente es pilar de nuestra democracia (…) La independencia judicial no es un privilegio de los jueces, es el principio que garantiza una adecuada impartición de justicia (…) es la principal garantía de imparcialidad del Poder Judicial siempre en beneficio de la sociedad”.
A pesar de la importancia de los discursos y las circunstancias del evento, Jesús Ramírez, el vocero de la Presidencia, criticó que la ministra Piña no se puso de pie al llegar el Presidente al evento. Como bien lo dice la vieja frase de Jesús Reyes Heroles: “En política, la forma es fondo”, el mensaje no verbal de la ministra deja en claro que la Corte no está al servicio del Presidente, está al servicio de la justicia y de la nación. ¿Qué implica una Suprema Corte de Justicia funcionando como un poder independiente de verdad? Para empezar, es una esperanza. Quienquiera que se encuentre en la Presidencia del país, aun teniendo mayoría partidista en el Congreso, no podrá ejercer el poder autoritario y automático de un sólo hombre para su propio beneficio y el de sus seguidores.
Implica también la dirección que tomará la Corte: la presidenta ya comenzó a designar funcionarios en cargos del Poder Judicial. En un hecho inédito, la secretaria ejecutiva de Administración del Consejo de la Judicatura Federal, la oficial mayor de la SCJN, la secretaria general de la Presidencia de la Corte, la secretaria general de la Presidencia del Consejo de la Judicatura Federal, la secretaria ejecutiva de Disciplina y la responsable del Instituto Federal de Defensoría Pública son todas mujeres, todas ellas con experiencia y competencia para ocupar dichos puestos.
En su periodo de cuatro años, la presidenta Piña tendrá probablemente el reto más importante para la investidura desde los tiempos de la Revolución Mexicana. La inminente aprobación en el Congreso del paquete de leyes electorales, conocido como plan B con su consecuente impacto en el Instituto Nacional Electoral y, por ello, en las elecciones futuras que incluyen las del presente año y las presidenciales de 2024. Según los especialistas, esto provocará una lluvia de amparos en la Corte debido a las evidentes contradicciones constitucionales que dicha reforma acarrea. Los amparos y controversias emanadas de la reforma eléctrica, que ya provocaron la instalación de paneles previstos en el T-MEC, se suman a lo anterior. Y si la UNAM hace lo correcto y retira el título de licenciatura de la ministra Esquivel, puede comenzar una avalancha de amparos en todos los casos en los que haya participado.
¿Será posible que la llegada de la primera presidenta de la Suprema Corte logre la anhelada separación de poderes? Tal vez se necesita que una mujer haga lo que los hombres nunca se atrevieron: a ser imparciales e impartir justicia. México lo necesita.
