La suerte está echada
Los diputados aprobaron la reforma constitucional para que la Guardia Nacional pase a ser parte del Ejército Mexicano, cuando se supone que sería una institución con liderazgo civil.
Dentro de una semana estará terminando el sexenio más infame de la casi difunta democracia mexicana, la misma que permitió a López Obrador acceder a la Presidencia y que está a punto de extinguirse. Si hay algo que nos ha enseñado la historia de México (y que seguimos repitiendo), es que en los momentos cumbres de la historia surgen los traidores que nos recuerdan que en la política de nuestro país no existen las ideologías, sino los intereses personales y de los partidos, para los que sus miembros brincan alegremente de un partido a otro, mientras se saborean el hueso con el cual se venden las ratas que abandonan los barcos de los perdedores o esquivan carpetas de investigación de los delitos que, en lugar de ser perseguidos, cuelgan como espada de Damocles sobre sus cabezas.
Si no conocen los nombres más recientes, cuente a los cuatro senadores que ayudaron a Morena a pasar la reforma judicial que tanto daño hará a nuestro país: los experredistas Araceli Saucedo y José Sabino Herrera, quienes sucumbieron ante las promesas de darles una comisión en el Senado (y su correspondiente presupuesto), el panista Miguel Ángel Yunes Márquez (y su suplente, Miguel Ángel Yunes Linares, su padre) y el emecista Daniel Barreda, que aún no se sabe si su acto de desaparición el día de la votación se debió a una intimidación en contra de su familia o por buscar una excusa para evadir la responsabilidad histórica de hacer lo correcto.
La semana anterior, continuando con la destrucción de las instituciones para ponerlas al servicio del Ejecutivo, los diputados aprobaron la reforma constitucional para que la Guardia Nacional pase a ser parte del Ejército Mexicano, cuando se supone que sería una institución con liderazgo civil. Siguiendo esta semana que comienza con la misión de desaparecer a los órganos autónomos que aún sirven como contrapeso al poder absoluto que busca dejar AMLO para su sucesora. El sueño del Presidente se consolida en el último mes de su mandato y la pregunta que mucho se hacen es si seguirá ejerciendo el poder a través de Claudia Sheinbaum o la primera Presidenta de México marcará distancia de su mentor para ejercer el poder en la forma que ella ha delimitado, cualquiera que esta sea. Si algo ha quedado claro es que no sabemos cuál es la idea de gobierno que ella tiene: toda su campaña y los meses como Presidenta electa, no ha contradicho en una coma a López Obrador. Sabe perfectamente que no debe enfrentarse a la popularidad, resentimiento e ira del Presidente saliente hasta que se siente en la silla presidencial, esa silla que Emiliano Zapata se negó a ocupar porque creía que quien la utilizara se volvería loco, la misma silla a la que AMLO ordenó hacerle una “limpia” antes de sentarse en ella.
Como buen encantador de serpientes y vendedor de espejos, sin dejar de reconocer su capacidad de decirle al “pueblo bueno” e incauto lo que quiere oír, convirtió a sus adversarios y rivales, así como a todo aquel que se atrevió a desafiarlo o simplemente opinar en contra de sus postulados, en los enemigos imaginarios que necesita todo “príncipe” (como bien lo describe Maquiavelo en su obra homónima) para que la opinión pública lo vea como su benefactor, que es atacado por las “fuerzas del mal”, siendo él la única persona capaz de llevar a sus seguidores a la tierra prometida. Claudia Sheinbaum no la tiene fácil; la popularidad es de AMLO, no suya, y ya tiene al hijo del Presidente en las altas esferas de Morena para asegurar que se mantenga como un partido familiar bajo los designios de su patriarca tabasqueño, no un partido de estado como lo fue el PRI en sus épocas de gloria.
El país que recibe se encuentra convulsionado, no en poca medida debido a las acciones generadas por los estertores del gobierno que termina. La violencia ocasionada por el crimen organizado se ha extendido desde Sinaloa hasta los estados vecinos; en Chiapas, los mexicanos son desplazados a Guatemala, expulsados por las bandas criminales; hoy contamos con una reforma judicial sin pies ni cabeza que amenaza con romper los tratados internacionales con nuestros principales socios comerciales, lo que ocasionaría la peor crisis económica en décadas.
Los primeros cien días del gobierno de Sheinbaum serán cruciales. Tendrá que definir quién manda en el país, así como su propia visión para México en los siguientes seis años. Tendrá que hacer equilibrismo político entre los pragmáticos y los fanáticos dentro de su partido. Estoy seguro que ella ya lo sabe y está esperando sentarse en la silla de la locura para mostrar sus cartas. Alea iacta est, la suerte está echada.
