“La revolución de las conciencias”
Durante la historia moderna del país se ha planteado como una de las razones del bajo nivel educativo de los mexicanos (9.7 años de estudio, es decir, poco más de la secundaria terminada) el difícil acceso a la educación: falta de escuelas, instalaciones adecuadas, profesores capacitados, planes de estudio deficientes y muchas cosas más. ¡Vaya que lo saben los alumnos y maestros!
El día de ayer, el presidente López Obrador, en un encuentro con trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en Sinaloa, planteó llevar internet a las zonas del país, sobre todo rurales, que aún carecen de cobertura. Desde el punto de vista técnico, utilizando la infraestructura de la paraestatal, es un programa alcanzable y sería un logro monumental de la administración. En su discurso, el Presidente pronunció: “Con el internet va a ser una revolución de las conciencias, algo fundamental en el desarrollo, sobre todo para las nuevas generaciones, nuestros hijos, nuestros nietos”.
Durante la historia moderna del país se ha planteado como una de las razones del bajo nivel educativo de los mexicanos (9.7 años de estudio, es decir, poco más de la secundaria terminada) el difícil acceso a la educación: falta de escuelas, instalaciones adecuadas, profesores capacitados, planes de estudio deficientes y muchas cosas más. ¡Vaya que lo saben los alumnos y maestros!
Pero, ¿es solamente un problema de infraestructura? ¿De acceso a internet? Según datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, el 70.1% de la población mayor a 6 años (80.6 millones) es usuario de internet, con un 56.4% de hogares (20.1 millones de casa) cuentan con acceso a la red mundial. Los usuarios urbanos representan el 76.6% y los rurales el 47.7 por ciento.
En cuanto a telefonía celular, el país cuenta con más de 86.5 millones de usuarios, es decir, el 75.1% de los mexicanos de más de 6 años cuentan con esta tecnología y 9 de cada 10 de los aparatos celulares son teléfonos inteligentes, con aplicaciones específicas y acceso directo a internet a través de la red telefónica. Además, el 92.5% de todos los hogares cuentan con, por lo menos, un televisor.
¿En qué usamos los mexicanos nuestro tiempo para navegar en internet? De acuerdo al Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI), las principales actividades son: entretenimiento (90.5%), comunicación entre usuarios (90.3%) y búsqueda de información (86.9%) y entre mayor nivel educativo tiene el usuario, más tiempo pasa en la red.
¿Qué quieren decir estas cifras? Que tres de cada cuatro mexicanos cuentan con un dispositivo (teléfono celular, computadora, tableta) que les puede dar acceso a la mayor parte del conocimiento de la humanidad desde sus orígenes. Todo lo que hemos hecho como raza, el aprendizaje acumulado en las ciencias, artes, los descubrimientos, los errores, las tragedias, la historia. Todo está al alcance de un aparato y de nuestros dedos, nuestra imaginación, inteligencia y curiosidad. A pesar de ello, los niveles de educación en nuestro país no han crecido de la mano del acceso a la tecnología; esto fue aún más evidente después de pasar dos años de pandemia y los consecuentes cierres de centros escolares, creció la brecha entre quienes tienen acceso a un internet confiable y quienes no pudieron conseguir la educación adecuada por falta de recursos. Este retraso ya le está pasando factura al país. El regreso a clases presenciales ha sido muy difícil en todos los niveles educativos, con millones de alumnos que no habían conocido su escuela física gracias a la cuarentena forzosa; a algunos de ellos les ha costado socializar nuevamente con sus compañeros que apenas están conociendo en persona.
La “revolución de las conciencias” no sucederá por el hecho de conectar a todos los mexicanos a internet, mucho menos si se utiliza como método de adoctrinamiento ideológico para una población que, en su mayoría, vive bajo la línea de la pobreza. Esa revolución sucederá cuando los mexicanos encuentren en la educación el camino para mejorar su nivel de vida y que los resultados del conocimiento sean mejores y más redituables que trabajar para el crimen organizado o soñar con trabajar en el gobierno para disfrutar de las mieles de la corrupción. Si pensamos que todo el conocimiento está al alcance de la gran mayoría de la población en la palma de su mano, entonces, ignorante no es el que no sabe, sino el que no quiere saber. Si aumenta el nivel de conocimiento de los ciudadanos, aumentará la calidad de sus dirigentes. No por nada en México la educación es uno de los botines más grandes de políticos y sindicatos. De su control depende su supervivencia.
