La incompetencia vuelve a costar vidas
Otis se formó 22 horas antes de tocar tierra. Debido a su cercanía a la costa mexicana, el Servicio Meteorológico Nacional, Protección Civil federal, Marina, Ejército, gobierno federal, estatal y municipal debieron de comenzar los preparativos de emergencia en ese momento. Por la tarde, ya era huracán. Las alarmas nunca llegaron
Anteriormente hablé de cómo la incompetencia había dado pie a la tragedia de la Línea 12 del Metro y de las decisiones que le quitaron la certificación de seguridad aérea al país (Excélsior, mayo 9, 2022). Las cosas no cambiaron, al contrario, empeoraron desde entonces. Aun en las tragedias, la experiencia, conocimiento y voluntad de hacer lo correcto siempre da buenos resultados; en el gobierno de “90% honestidad y 10% experiencia” no hemos vislumbrado ni lo uno ni lo otro.
Hace dos semanas nos encontramos con sendas tormentas perfectas: el huracán Otis y un gobierno que se formó hace poco más de cinco años y que ha mostrado su ineptitud ante diferentes pruebas que se le han presentado: la pandemia, los desastres naturales, la inseguridad, corrupción y más.
Otis se formó 22 horas antes de tocar tierra. Debido a su cercanía a la costa mexicana, el Servicio Meteorológico Nacional, Protección Civil federal, Marina, Ejército, gobierno federal, estatal y municipal debieron de comenzar los preparativos de emergencia en ese momento. Por la tarde, ya era huracán. Las alarmas nunca llegaron, el Presidente lanzó la primera advertencia a través de redes sociales ya entrada la noche; la gobernadora retrasó (pero no canceló) la inauguración de la convención minera, al momento de que vientos huracanados golpeaban ya el puerto. Nadie podía prever la fuerza en categoría 5, pero sí se sabía que Otis amenazaba Guerrero. Esas horas cruciales podrían haberse utilizado para habilitar refugios, alertar a la población con altavoces de las Fuerzas Armadas y policía local, evacuar zonas de alto riesgo, habilitar el plan (si es que existe) para proteger el abasto de alimentos y combustibles, así como los servicios de salud y seguridad.
La responsabilidad es compartida con los medios de comunicación: las televisoras, estaciones de radio, agencias informativas, portales y canales de noticias tampoco cumplieron con su deber. Los canales de televisión cuentan con secciones del estado del tiempo, conducidas por mujeres de cuerpo escultural, pilotos aviadores retirados o personas tratando de entrar al mundo de la farándula. Ninguno de ellos es meteorólogo, no se les puede pedir más allá de lo que leen en sus teleprónteres, pero sí se puede exigir a los directores de noticias de dichos servicios, quienes tienen el compromiso ético y profesional de informar al país. En momentos así, los medios locales son cruciales para dar información a la población; también fallaron.
¿Por qué se cometieron tantos errores, no sólo antes, sino también después de la llegada de Otis? En un gobierno tan tremendamente centralizado en una persona, todos aquellos que tienen que tomar decisiones esperan la aprobación presidencial. La Coordinación Nacional de Protección Civil (creada a raíz de los sismos de 1985) es encabezada por Laura Velázquez Alzúa, licenciada en historia y arte, sin experiencia para afrontar la complejidad del puesto. La gobernadora y la secretaria de Gobernación brillaron por su ausencia. La presidenta municipal de Acapulco justifica el robo y la rapiña como “actos de cohesión social”. En lugar de coordinar la toma de decisiones en su gabinete, AMLO decidió hacer un show mediático en la carretera hacia Acapulco, aun sabiendo que los caminos estaban bloqueados, quedando atorado en el lodo, una analogía fortuita a su gobierno. Mientras era rescatado, los guerrerenses estaban en un estado sin gobierno, sin servicios, sin alimentos y en la indefensión total. Incluso, dio la orden de que sólo el Ejército podía entregar ayuda a los damnificados; si la ciudadanía quería ayudar, tendría que ser a través de las Fuerzas Armadas (y así poder difundir que el gobierno es quien da toda la ayuda). México se crece ante gobiernos que le han quedado chicos, pero no olvida. Definitivamente, los activos más escasos en este gobierno son liderazgo, preparación y honestidad.
Aun en las tragedias, hay historias que muestran lo mejor de los mexicanos. Un reconocimiento a aquellos que donan, trabajan en los centros de acopio, ayudan a sus vecinos y a desconocidos. A los trabajadores que protegieron a los turistas. Para muestra los chefs Susana Palazuelos y Mario Wichtendahl, quienes, a pesar de haber sido afectados directamente, junto a José Andrés —fundador de World Central Kitchen—, han dado alimento a miles de damnificados que tanto lo necesitan. Mis respetos y agradecimiento a toda la gente buena.
