¡Gracias, París!

Con la ceremonia de clausura llega la nostalgia que sentimos de no volver a vivir esas emociones hasta dentro de cuatro años, cuando nuevamente la juventud del mundo se reúna en Los Ángeles. No olvidemos que los Juegos anteriores, en Tokio, estuvieron a punto de ser cancelados por primera vez por una razón no bélica (la pandemia de covid-19).

Han terminado los 17 mejores días de la humanidad al extinguirse el fuego encendido en el Monte Olimpo que iluminó los Juegos de la XXXIII Olimpiada de la era moderna, y cuya luz nos alumbró con historias de triunfos, derrotas, hermandad, dolor, disciplina, solidaridad, estoicismo, sacrificio, felicidad y tristezas. Relatos que muestran la mejor cara del ser humano, incluido el sentido de patriotismo cuando sus atletas logran una medalla y, en algunos casos, romper récords olímpicos y mundiales, alcanzando la trascendencia reservada a los laureados que dejan su legado junto a quienes los han precedido los últimos 128 años.

Con la ceremonia de clausura llega la nostalgia que sentimos de no volver a vivir esas emociones hasta dentro de cuatro años, cuando nuevamente la juventud del mundo se reúna en Los Ángeles. No olvidemos que los Juegos anteriores, en Tokio, estuvieron a punto de ser cancelados por primera vez por una razón no bélica (la pandemia de covid-19) y se llevaron a cabo en sedes magníficas sin espectadores, para evitar la propagación del virus. Esos Juegos fueron la representación de la resiliencia y la apuesta de que podíamos salir adelante, a pesar de las circunstancias que amenazaron a la humanidad. Tres años después nos volvimos a reunir, en presencia o de corazón, en una de las ciudades que han sentado las bases de la civilización occidental.

Los franceses no decepcionaron, al contrario: con la mejor escenografía posible —provista por centurias de cultura— las competencias sucedieron al pie de locaciones icónicas, no sólo de Francia, sino de la historia. La Torre Eiffel y el Campo Marte, el río Sena, el Palacio de Versalles, el Gran Palacio, la Plaza de la Concordia, la explanada de Los Inválidos, Roland Garros, el Parque de los Príncipes y hasta la remota Polinesia Francesa; además del realce a los deportes y los atletas, el uso de estas sedes ayudó a que los Juegos de París costaran 47% menos que los de Tokio ‘22 y 38% menos que los de Río ’18, cumpliendo las promesas de sustentabilidad y equidad de género: por primera vez en la historia compitieron igual número de atletas hombres y mujeres.

La Ceremonia de Inauguración fue espectacular, aunque incomodó a grupos que pensaron que se burlaban de su fe o que las muestras de inclusión fueron más de las necesarias. Una vez más, los transgresores franceses mostraron al mundo su propuesta de vanguardia en moda y arte, basada en elementos artísticos de la antigüedad. Gracias a uno de los pasajes, muchas personas (re)conocieron a Dionisio o Baco y sus bacanales; el mundo de la moda ha evolucionado desde hace décadas en gran medida a la comunidad homosexual de la capital de la moda. Si conoce a alguien que no le gustó tanta inclusión, recuérdele que la ropa y accesorios de diseñador, que son tan codiciadas y de precios estratosféricos, son invención de las mentes creativas de la comunidad que tanto trabajo les cuesta aceptar. Por cierto, esta controversia podría haberse evitado si los comentaristas en vivo de los diferentes medios alrededor del mundo hicieran su trabajo, se prepararan, estudiaran, tuvieran la cultura necesaria y explicaran a sus audiencias lo que estaba sucediendo junto con los significados de las viñetas presentadas a sus audiencias. ¿Es mucho pedir?

Los organizadores de los juegos hicieron una mezcla maravillosa de modernidad, tecnología, seguridad, tradiciones e historia. Los simbolismos de la campana de los campeones, las glorias olímpicas golpeando tres veces el suelo con un bastón para abrir las competencias de cada día en las sedes se unieron a los adelantos tecnológicos que permitieron determinar al ganador de los 100 metros planos por apenas milésimas de segundo o que pudiéramos tener los puntos de vista de clavadistas, ciclistas, jinetes en perspectivas nunca vistas, algunas de ellas en una tercera dimensión simulada. La producción hecha por Olympic Broadcasting Services (OBS), la compañía responsable de todas las señales de los Juegos para TV, radio y servicios digitales, es el punto de referencia de excelencia a nivel mundial.

Los organizadores de los Juegos en Los Ángeles deben estar preocupados, y ocupados, para superar la belleza de estos juegos. Para su presentación, acudieron a Tom Cruise, Snoop Dogg, Dr. Dre, Billie Eilish y Red Hot Chili Peppers. ¿Podrá Hollywood y la economía más grande del mundo hacerle sombra a París? Es una gran faena, pero los Juegos Olímpicos se basan en la esperanza. Ojalá sean aún mejores.

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