¿Es México aliado de Estados Unidos?

La desunión nacional persiste, porque así conviene a quienes sustentan su éxito político en la confrontación y miedos internos de los mexicanos. Los gringos son los villanos favoritos del imaginario político nacional y nuestros “amigos” son quienes sufren de la misma “opresión del imperialismo yanqui”.

Con la llegada al poder, el Partido Nacional Revolucionario (predecesor del PRI) ocupó parte de su discurso oficial al buen estilo de Maquiavelo, en buscar responsables externos de las desgracias económicas y otras índoles que les suceden a los mexicanos. Arropados con una historia nacional manipulada, el PRI diseñó a dos villanos principales: Estados Unidos y España. Los primeros por sus invasiones en el siglo XIX y los segundos por haber conquistado a los aztecas. 

 Es indudable que la política expansionista de ambas naciones en los siglos XIX y XVI, respectivamente, repercutió en México, siendo potencias mundiales que buscaban territorios, riquezas, influencia y poder sobre sus adversarios. El intervencionismo de Estados Unidos en el siglo XX también ha quedado patente, sobre todo en los países que no se alinearon a su ideología democrática y sus intereses comerciales. La última vez que “un extraño enemigo” osó poner sus plantas en suelo mexicano fue hace 174 años. Las invasiones extranjeras fueron exitosas por una sencilla razón: la rivalidad de los pueblos prehispánicos primero y la desunión de los mexicanos, trescientos años después. 

 Desde entonces el mundo ha cambiado radicalmente: Estados Unidos y España son los principales socios económicos de México. Pero la desunión nacional persiste, porque así conviene a quienes sustentan su éxito político en la confrontación y miedos internos de los mexicanos. Los gringos son los villanos favoritos del imaginario político nacional y nuestros “amigos” son quienes sufren de la misma “opresión del imperialismo yanqui”. 

 En Estados Unidos viven más de 35 millones de personas nacidas en México que han formado familias nacidas allá, la mayor parte de ellos desplazados por la pobreza y violencia en su patria. Sin contar a todos los que murieron en el intento de cruzar la frontera, incluidos los 53 migrantes que fallecieron en el contenedor de un camión en Texas recientemente. 

 A excepción de los gobiernos panistas de Fox y Calderón, que veían a Estados Unidos como lo que es: su principal socio económico y estratégico, los gobiernos priistas y el actual morenista han utilizado al vecino del norte como pretexto de cuanta crisis surge. Claro, ese mensaje sólo se proclama en México donde los presidentes se sienten invulnerables y todopoderosos, envalentonados por la distancia, su corte y seguidores. Pero la realidad se vuelve insostenible en los encuentros personales. 

 López Obrador boicoteó con dolo la Cumbre de las Américas para protestar por no invitar a los dictadores del hemisferio, Castro, Maduro y Ortega. Esto no debe de haber caído muy bien a Biden, sobre todo en año electoral y con la importancia que representa el problema migratorio en aquel país. Mientras el gobierno mexicano concedió a la política de amenazas de Trump todo lo que pidió —so pena de imponer aranceles que ahorcarían la economía local—, incluyendo el uso de la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas para servir de facto como muro contra los inmigrantes ilegales, con Biden se envalentona al encontrarse con un político conciliador de la vieja guardia; pero la política externa mexicana ha confundido la diplomacia norteamericana con debilidad. Esto es un grave error. 

 Los mensajes sutiles no se hicieron esperar. López Obrador no fue recibido al llegar a la Casa Blanca, se cumplió con el protocolo de mensajes conjuntos y reuniones privadas de corta duración y Biden viajó a Oriente Medio para visitas de Estado en Israel y Arabia Saudita, dejando al jefe del Estado mexicano sin reuniones con los principales miembros del Congreso y del gabinete. El discurso de más de 30 minutos del Presidente mexicano, hablando de “historia” presidencial de Roosevelt, fue irrelevante, exhibiéndose sin la personalidad y seguridad que muestra en el ambiente controlado de las conferencias diarias desde Palacio Nacional y, afortunadamente para él, no se programó una conferencia de prensa sin los tradicionales reporteros a modo. 

Más allá de las lecturas de protocolos y actitudes, esta visita a Washington no produjo nada concreto a México, excepto la promesa de invertir miles de millones de pesos de los mexicanos para infraestructura de contención migratoria en la frontera. Es hora de aceptar la alianza mexico-americana. Japón y Alemania en ruinas lo hicieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, mejoraron sus economías y encontraron un gran aliado donde antes había un enemigo. 

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