El gran negocio de la ignorancia

Quienes han tenido acceso a dichos libros han encontrado errores que le habrían costado el trabajo a cualquier editor de cualquier tipo de publicaciones: errores en temas de ciencias naturales y sociales, matemáticas, imprecisiones históricas, además de un claro adoctrinamiento en la ideología del partido en el poder, con claras influencias de las dictaduras de Cuba y Venezuela

El gran debate suscitado por el contenido de los libros gratuitos de texto de educación primaria en México ha llegado demasiado tarde. Los libros ya están impresos y distribuidos en los estados. Es imposible revisarlos, corregirlos, reimprimirlos y que lleguen a tiempo a los estudiantes para el inicio del ciclo escolar; seguramente a eso le apostaron en la SEP.

Quienes han tenido acceso a dichos libros han encontrado errores que le habrían costado el trabajo a cualquier editor de cualquier tipo de publicaciones: errores en temas de ciencias naturales y sociales, matemáticas, imprecisiones históricas, además de un claro adoctrinamiento en la ideología del partido en el poder, con claras influencias de las dictaduras de Cuba y Venezuela.

A lo largo de la historia, la educación en México ha sido rehén y botín de la administración en turno, junto con los dos sindicatos que se pelean el control de las plazas magisteriales en cada escuela. Lo que menos importa es crear estudiantes y futuros profesionistas con una preparación de primer nivel para que, en un futuro cercano, el país pertenezca al grupo de potencias económicas del planeta. A pesar del bajo nivel educativo de los mexicanos y de la calidad de la educación en el país, la economía mexicana ocupa el lugar 14 en cuanto a Producto Interno Bruto (PIB). ¿Se imagina dónde podríamos estar si tuviéramos un sistema educativo competente?

Pero, seamos sinceros, a la mayoría de los políticos y gobernantes de este país no les interesa ni conviene tener una base electoral bien educada. Podrían reclamarles que hicieran bien su trabajo y seguramente no les permitirían los actos de corrupción que son cosa cotidiana. O, peor aún, podrían tomar su lugar y dirigir al país, perdiendo su modus vivendi. ¡Eso sí sería muy grave para todos ellos! ¿Se imagina a un político como Manuel Bartlett pidiendo trabajo? Yo tampoco.

Mantener a la mayor parte de los mexicanos mal educados y en la pobreza (o cerca de ella) permite a los gobernantes mantener el control y evitar una rebelión, armada o cultural. A través de una mala educación evitan que se les cuestionen sus razones, su forma de proceder y su capacidad de gobernar; a través de la pobreza se aseguran de que más de la mitad de la población dependa de los “programas sociales” para llevar comida a su mesa, creando la dependencia económica de “papá gobierno”. Es decir, mantienen al pueblo lo suficientemente hambriento para que agradezcan al gobernante que les da de comer y suficientemente ignorante para darse cuenta de que la razón de su pobreza son los mismos gobernantes que los mantienen así por conveniencia.

Ignorante no es la persona que no sabe algo; ignorante es la persona que, a pesar de tener la necesidad de aprender algo y los medios para hacerlo, sigue sin saberlo. Según el Inegi, 88.6 millones de mexicanos mayores de seis años tienen acceso a internet (75.6%); es decir: tienen acceso a toda la información y sabiduría generada por la humanidad hasta nuestros días. Pero, aun así, seguimos siendo un país de ignorantes, más allá del nivel educativo y económico de cada persona.

Cada gobierno ha adoctrinado a los estudiantes en las ideologías y manipulación histórica que ha convenido a sus intereses. Es por ello que Benito Juárez, un presidente que se perpetuó en el poder sin haber ganado (ni convocado) una sola elección, que quiso regalar parte del país a Estados Unidos y propició las invasiones a México por sus malas políticas económicas, sea un héroe nacional al crear la imagen del pastor indígena que llegó a la Presidencia; o cómo un violador de mujeres y niñas, asesino a sangre fría, ladrón de ganado y mentiroso consuetudinario, Pancho Villa, sea honrado con letras de oro en las paredes del Congreso e, incluso, el gobierno mexicano haya nombrado 2023 como su año conmemorativo, mientras hace villanos por conveniencia a nuestros aliados: España y Estados Unidos.

El gobierno de López Obrador no es la excepción: quiere que los niños sepan desde la primaria cómo realizar asambleas para quejarse de sus problemas, glorifica la imagen del Presidente y minimiza o desaparece sus errores junto con los de su preferida para la silla presidencial; estrategia apoyada por los libros educativos creados para este ciclo escolar, llenos de errores elementales y pedagógicos, a los que el responsable por parte de la SEP, Marx Arriaga, llama en forma insulsa “áreas de oportunidad”.

Por favor, escuche a la secretaria de Educación Pública y sus subordinados. Le aseguro que jamás contrataría en su empresa o negocio a uno de ellos. Bueno, tal vez lo haría si estudia su licenciatura en 14 años y sólo anda con 200 pesos en la bolsa.

Temas: