El flautista de Hamelin y las Guacamayas

¿Qué hemos aprendido de esta fuga de información? Lo primero es la endeble seguridad informática que existe en la institución responsable de la seguridad de la soberanía nacional. Si esto sucede con las computadoras centrales del Ejército, seguramente todas las instancias gubernamentales ya han sido intervenidas...

El 29 de septiembre pasado, el periodista Carlos Loret de Mola anunció que recibió más de 6 Terabytes de archivos por parte del grupo de hackers Guacamaya, cantidad que incluye 4.1 millones de correos electrónicos sustraídos ilegalmente a la Secretaría de la Defensa Nacional, enviados y recibidos entre el año 2016 y el 2022. En contexto: si usted tarda cinco minutos en leer este artículo y asumimos que cada uno de los correos en posesión de los hackers se toma ese tiempo en leer, usted estaría leyendo documentos durante más de 39 años sin dormir, comer o algo más. No le sorprenda que pasen meses y siga saliendo información reveladora de este ataque cibernético a la Sedena.

¿Qué hemos aprendido de esta fuga de información? Lo primero es la endeble seguridad informática que existe en la institución responsable de la seguridad de la soberanía nacional. Si esto sucede con las computadoras centrales del Ejército, seguramente todas las instancias gubernamentales ya han sido intervenidas, más allá de un grupo relativamente nuevo como Guacamaya, también por amigos y enemigos, grupos delictivos nacionales e internacionales. Desde hace años sabemos que toda la información del padrón electoral del antiguo IFE podía comprarse por unos cuantos pesos. Así es, querido lector: toda nuestra información se encuentra disponible a la venta en internet y en redes utilizadas por criminales de todo tipo. Sabemos también que la actual administración redujo los fondos para detectar estos ataques y fueran evitados. El mundo sabe todos los secretos de México y los mexicanos.

Ni el Presidente ni los encargados de la seguridad nacional han negado que esta información sea falsa ni desacreditado una sola coma de los documentos. Tampoco nos han dicho cómo van a evitar que vuelva a suceder ni lo que significa que se haya fugado esta información que, dicho sea de paso, habría provocado la renuncia y levantamiento de cargos en cualquier gobierno del mundo, como sucedió en Chile. En México, en su calidad de intocables desde la Revolución Mexicana hace más de 100 años, los militares no le rinden cuentas a nadie, ni siquiera al Presidente en turno. El secretario de la Defensa se negó a comparecer ante el pleno del Congreso en San Lázaro (quería que fueran los diputados a sus oficinas en el campo militar). López Obrador evita que se “manchen” a las autoridades militares con las preguntas de los pocos reporteros que se atreven a tocar el tema. En las conferencias diarias se dice que la información es “politiquería”, creada por los enemigos invisibles de siempre: los neoliberales, conservadores, adversarios, administraciones anteriores, países enemigos, periodistas chayoteros y cuanto “malo de malolandia” surja de las historias del México surreal. Esta administración nunca asume ninguna culpa de sus actos u omisiones, siempre es culpa de alguien más, aunque nunca se levanten cargos legales contra nadie. Es decir, la cobardía de no asumir sus responsabilidades es la principal bandera de los gobiernos en todos los niveles, estatales y federales.

Lo peor de todo es que la información emanada hasta ahora de estos documentos es tanta y con tantos delitos de todos los fueros, que parece imposible seguirle la pista a cada uno. Se confirma que muchos gobiernos estatales están completamente infiltrados por los cárteles del narcotráfico, quienes aseguran, así, vía libre para sus negocios. La salud del Presidente es muy delicada y quien tomaría su lugar en caso de la imposibilidad de poder seguir sus funciones, el secretario de Gobernación, siendo gobernador de Tabasco, le encargó la seguridad del estado a miembros conocidos de grupos criminales. Sabemos también de los cientos de miles de pesos que gasta el secretario de la Defensa en regalos con cargo al erario y sus lujosos gustos. La participación y protección brindada por las fuerzas castrenses a criminales del fuero común y de cuello blanco.

Algo queda claro: las Fuerzas Armadas están al tanto de todo. Dónde están, cómo operan, con quién se alían y métodos financieros de los cárteles de las drogas. El Ejército utiliza equipo de espionaje avanzado para invadir la privacidad de periodistas, activistas y de quienes les venga en gana.

¿Por qué si saben tanto de crímenes y criminales no se llevan a cabo los pasos necesarios para evitar los actos ilícitos? Por una sencilla razón: quien tiene la información, tiene el control. Y en un país plagado de ratas, el flautista de Hamelin es el rey.

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