El efecto Taylor Swift: negocios, política, sociedad y música
Pero no todo es miel sobre hojuelas para Taylor Swift. Su estatus de celebridad ha eliminado prácticamente su privacidad ante fanáticos y detractores. Muchos seguidores anacrónicos de la NFL la han criticado porque piensan que no conoce el juego, como si fuera exclusivo de quienes lo han seguido toda la vida, cuando simplemente es una chica que está viendo a su novio jugar.
El Super Bowl es el evento social y deportivo más importante en Estados Unidos y sus efectos impactan en forma directa las economías de la ciudad y el estado sedes del juego. Basta con saber que este domingo se consume la mayor cantidad de guacamole en los hogares y restaurantes norteamericanos; los productores de Jalisco y Michoacán envían 130,000 toneladas de aguacates para cubrir la demanda de este día. Sin lugar a dudas, la NFL es la mejor liga deportiva del mundo en cuanto a organización y generación de ganancias para sus miembros, dueños, jugadores, medios de comunicación y socios comerciales. Las ganancias totales del año 2022 superaron los 18 mil millones de dólares, las mejores de su historia; el comisionado Roger Goodell prometió que para el año 2027 esta cifra llegaría a los 27 mil millones, algo que parecía muy difícil de alcanzar. Hasta que llegó Taylor Swift a la NFL.
Swift, de 34 años, saltó a la fama con sus primeros éxitos en el 2008 y desde entonces se convirtió en la cantante más popular del planeta, logrando mantener una imagen sana y positiva, algo poco visto en el mundo de la farándula y de quienes han hecho del escándalo y la frivolidad dudosas formas de vida y que son seguidos por millones de jóvenes en el mundo. Sus romances y rupturas con actores, músicos y celebridades multimillonarios han llenado las historias de chismes los últimos años e inspirado muchas de sus canciones. En septiembre pasado comenzó una relación con Travis Kelce, jugador de los Chiefs de Kansas City, la franquicia más triunfadora de los últimos años en la NFL. La improbable relación entre dos personas de mundos disímbolos ha generado un inesperado efecto social, económico e, incluso, familiar.
Las ventas del jersey de Kelce aumentaron 400% esta temporada, la audiencia de todos los partidos de la NFL aumentó 7%, con un promedio de 17.9 millones cada juego. Los patrocinios aumentaron 20%, la audiencia de niñas adolescentes aumentó 53% y de mujeres de 18 a 24 años, 24 por ciento. Esto ha logrado un efecto positivo en muchas familias con jovencitas que no mostraban ningún interés en un deporte complicado y violento; ahora, con tal de ver a su ídolo en la televisión, se han acercado a ver los “aburridos” partidos con sus padres y hermanos, convirtiéndose poco a poco en seguidoras del deporte.
La cantante norteamericana se encuentra a mitad de una gira mundial que generará más de 1,820 millones de dólares entre ventas de canciones, boletos, regalías, productos oficiales y boletos de la película de su gira; el Wall Street Journal calcula que el impulso total a la economía mundial será de 5,700 millones de dólares. Solamente en Japón, donde ocurrieron sus últimos conciertos, se registran ingresos por 228 millones de dólares. Pero su influencia va más allá del dinero: se ha convertido en el icono cultural de generaciones de niños, adolescentes y jóvenes a nivel mundial. Sus seguidores, conocidos como swifties, se cuentan por millones alrededor del mundo. Solamente su perfil de Instagram es seguido por más de 280 millones de cuentas. Para contextualizar, Joe Biden, Donald Trump y AMLO tienen 17, 23 y 1.4 millones de seguidores en la misma red. Lo que hace y dice Swift tiene alcance mundial, convirtiéndola en una verdadera influencia en cualquier tema que se involucre. Las políticas y actitudes de Trump han sido criticadas por la cantante en el pasado y en los últimos días el republicano ha amenazado a Swift para que se abstenga de apoyar la reelección de Biden, aduciendo que sería una “deslealtad”, mientras los republicanos ya comienzan campañas en contra de ella. Taylor Swift y sus seguidores pueden decidir la elección del presidente de Estados Unidos y, por ende, afectar la historia de la humanidad.
Pero no todo es miel sobre hojuelas para Taylor Swift. Su estatus de celebridad ha eliminado prácticamente su privacidad ante fanáticos y detractores. Muchos seguidores anacrónicos de la NFL la han criticado porque piensan que no conoce el juego, como si fuera exclusivo de quienes lo han seguido toda la vida, cuando simplemente es una chica que está viendo a su novio jugar un partido, como sucede en todos los deportes en todos los niveles. Ha donado cientos de millones de dólares a beneficencia y ha logrado mantener una imagen limpia que no avergüenza a sus seguidores ni a sus padres. En un mundo de exaltación de antivalores, cantantes que lanzan odas a los narcotraficantes, denuestan a las mujeres y exaltan los vicios, tener a Taylor Swift que fomenta la amistad y el cariño entre sus seguidores contribuye al balance que hace un mundo mejor.
