¿A dónde se fue nuestro México?

El orgullo de ser mexicano iba más allá de una presunción patriotera: México era referencia en las artes, la música, la arquitectura, las ciencias. Tres mexicanos fueron reconocidos con el Premio Nobel: de Literatura para Octavio Paz por su obra; de la Paz, para Alfonso García Robles, con su plan para prohibir las armas nucleares en América Latina; y de Química a Mario Molina...

A riesgo de ya sonar como mis abuelos en mi juventud, esta pregunta resuena cada vez más seguido entre quienes vivimos circunstancias muy diferentes a las que suceden hoy en nuestro querido país. Sí, hemos recorrido un gran trecho desde la Dictadura Perfecta del siglo XX, que terminó con la alternancia en el poder al inicio del nuevo siglo y la evolución del TLCAN que provocó la irrupción total del país como una de las 13 economías más poderosas del planeta; soñábamos con dar el salto al primer mundo.

 Teníamos una de las tasas de vacunación infantil más altas del mundo. El analfabetismo disminuyó a menos de 10 por ciento. La expectativa de vida de los mexicanos aumentó, de 62 años en los años 70 a más de 75 años en la actualidad. La escolaridad avanzó considerablemente y se comenzó a dar voz a muchas minorías que antes no la tenían. La clase de civismo era obligatoria en todas las aulas del país, al igual que las ciencias naturales, matemáticas, español y actividades estéticas. La corrupción siempre ha existido, aunque era predominante solamente entre políticos, gobernantes y algunos empresarios.

El orgullo de ser mexicano iba más allá de una presunción patriotera: México era referencia en las artes, la música, la arquitectura, las ciencias. Tres mexicanos fueron reconocidos con el Premio Nobel: de Literatura para Octavio Paz por su obra; de la Paz, para Alfonso García Robles, con su plan para prohibir las armas nucleares en América Latina; y de Química a Mario Molina, quien salvó a la humanidad al descubrir el daño ocasionado en la capa de ozono. Fuimos el primer país en albergar los Juegos Olímpicos y la Copa del Mundo de Futbol con sólo dos años de distancia entre ellos, en 1968 y 1970, siendo los mejores organizados y preparados hasta entonces. Cuando Colombia declinó la organización del Mundial de Futbol en 1982, México levantó la mano un año después, organizando en 1986 el torneo de 52 partidos en forma extraordinaria. No por esto olvidamos las atrocidades cometidas por los diferentes gobiernos, como las matanzas de estudiantes en Tlatelolco, la del jueves de Corpus, la de Tlatlaya, la de Aguas Blancas y más. A pesar de eso, los niños podíamos jugar en las calles y parques sin la supervisión de adultos, con la condición de regresar a casa al ponerse el sol. Conocíamos no sólo a nuestros vecinos de calle, también a los del vecindario, y sabíamos la diferencia entre lo correcto e incorrecto, el bien y el mal.

Vivimos con inflaciones anuales de hasta 179% en 1988, donde los precios cambiaban hasta tres veces al día en los supermercados. Pero todo tiene un límite, y quienes ahora tenemos más de 50 años nos hartamos y buscamos el cambio; probablemente el detonante principal haya sido la inacción e incompetencia del gobierno federal y local frente al terremoto de 1985, cuando salimos a las calles a rescatar, ayudar, limpiar, consolar y levantarnos prácticamente solos.

Se logró terminar con la hegemonía del partido único en el año 2000, no con una revolución armada, sino con una revolución social y de conciencia. Grandes hombres y mujeres, mexicanos en toda la extension de la palabra, participaron en la creación de instituciones, representaron a México a nivel mundial en ámbitos no alcanzados antes. Las mujeres tomaron un papel protagónico en este cambio, en la política local y mundial, en la sociedad, en los deportes, en las artes, en la educación. 

Actualmente, la pobreza y la disparidad económica no han disminuido considerablemente: más de 50% de los trabajos en el país son informales. Esto fue aprovechado por un puñado de políticos que fueron desechados de sus respectivos partidos por sus ideologías, resentimientos y falta de preparación. Utilizaron y aprovecharon el resentimiento social y el propio para apoderarse del país. 

Hoy, no tenemos la infraestructura para solamente 13 partidos del Mundial, con la amenaza del crimen organizado por un lado y las demandas de Trump por el otro. Se privilegia la mediocridad, tenemos miedo de salir a las calles y muchos de los gobernantes y políticos actuales son impresentables. Nosotros mismos perdimos a nuestro país. Depende de nosotros recuperarlo.