¿Cómo llegamos a este punto?
¿Cómo llegamos a este punto de división y zozobra? Durante la “dictadura perfecta” del PRI México vivía bajo el régimen omnipotente del presidente en turno. Sabedores de que había que mantener al pueblo con lo necesario para sobrevivir, pero sin lo suficiente para levantarse en su contra, mantuvieron la hegemonía política, económica y social reservadas para sus familias...
Estimado lector, si usted tiene más de 40 años, muy probablemente esté al tanto de esta recopilación histórica, pero la mayor parte de los jóvenes de ahora no conocen la historia reciente de nuestro país. Les puede ser útil conocerla un poco. México está dividido, como no lo estaba desde la Revolución, guerra civil y guerra cristera.
Veintitrés años han transcurrido desde el inicio de nuestra real democracia y nos encontramos más cerca de aquella dictadura perfecta tricolor de los años setenta que de dar el paso para convertirnos en un país desarrollado. La tradición nacional dicta que el culpable de todos nuestros males es el presidente en turno, junto con su gabinete y burocracia en turno, sumados a los villanos favoritos de cada sexenio: los gringos, los españoles, los narcos, la crisis externa y cualquier otra excusa que surja en el momento.
¿Cómo llegamos a este punto de división y zozobra? Durante la “dictadura perfecta” del PRI México vivía bajo el régimen omnipotente del presidente en turno. Sabedores de que había que mantener al pueblo con lo necesario para sobrevivir, pero sin lo suficiente para levantarse en su contra, mantuvieron la hegemonía política, económica y social reservadas para sus familias, amigos y allegados. Cuando surgían voces divergentes y de protesta los políticos aplicaban soluciones, no muy alejadas de las aplicadas por los cárteles actuales: dinero y prebendas, seguidas de amenazas que muchas veces se cumplían con cárcel, exilio o muerte.
En 1985, el devastador terremoto desnudó la incapacidad y arrogancia del gobierno del presidente De la Madrid, que en los primeros días rechazó la ayuda internacional, mientras miles morían en los edificios derrumbados; en ese momento los mexicanos nos dimos cuenta de que no podíamos confiar en el gobierno para resolver la crisis y que sólo la misma sociedad pudo sacar adelante a nuestro país al organizarnos en brigadas de rescate, recolectando medicinas, alimentos y artículos de primera necesidad. Cuando llegó el momento de la siguiente elección, la ciudadanía apoyaba a Cuauhtémoc Cárdenas, candidato de oposición; en aquella época no existía el INE, las elecciones eran reguladas por la Secretaría de Gobernación. Esa noche, Cárdenas se encontraba al frente de los conteos preliminares hasta que una misteriosa “caída” del sistema de cómputo detuvo la información un par de horas. Al retomarse el conteo, Salinas de Gortari, el candidato del PRI, llevaba ya una gran ventaja sobre sus contendientes. Fue el mayor fraude en la historia del país, orquestado por Manuel Bartlett. Sí, ese que está hoy al frente de la CFE.
La oposición se volvió real y presente, con verdaderos ideales y principios, aunque el PRI ganó las siguientes elecciones en no cierta medida a la sacudida que ocasionó el asesinato de su candidato, Luis Donaldo Colosio. La teoría de un solo tirador sigue sin convencer a muchos. Esto hizo posible la llegada de Ernesto Zedillo a la Presidencia. Sus mejores legados: mantener en calma a un país al borde de una crisis social y aceptar la llegada de la oposición al poder. Aquellos que sufrimos las crisis provocadas por Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas llevamos con nuestros votos al primer presidente de oposición en casi un siglo: Vicente Fox. Confieso que no tengo preferencia política (he vivido lo suficiente para no confiar en los políticos), pero la noche del 2 de julio del año 2000 fui al Ángel de la Independencia a escuchar al presidente electo dar su discurso. La gente, en forma espontánea, comenzó a corear al unísono “¡No nos falles!”. Fue en verdad emocionante. Desafortunadamente, Fox nos falló: el PAN sucumbió a las tentaciones del poder y la corrupción. Aunque continuaron en el poder con la llegada de Calderón, el caso de García Luna expone cómo los cárteles se adentraron en la administración federal.
La actual administración es resultado del hartazgo de la ciudadanía. La mayoría dio su voto a López Obrador con la esperanza de mejorar la situación de todo el país. Escogimos mal. El voto de castigo a la corrupción de las administraciones anteriores nos dejó el peor gobierno de los últimos 25 años: un presidente autocrático, con una corrupción desatada y sin recato en reconocerlo, con toda la intención de preservar su ideología política para las siguientes generaciones, apoyado en un gobierno con un poder no visto en más de cien años.
Pero la culpa es nuestra, de la ciudadanía. Por permitirles hacer sus fechorías y no proteger nuestros derechos. Los partidos políticos nos han quedado pequeños, ya no nos representan. No esperemos otro terremoto para mostrar la voluntad de la ciudadanía para enderezar el camino. ¿Qué vamos a hacer nosotros? Sus propuestas son bienvenidas.
