Bajo advertencia no hay engaño
La oposición está perdida y desaparecida, con sus valores fundamentales pudriéndose en la inmundicia creada por su arrogancia al gobernar e incapacidad para enfrentar las derrotas. Con el PRI tomado por completo por el cuestionable Alejandro Moreno, y con un PAN sin pies ni cabeza, lo que se vislumbra en el horizonte mexicano es la llegada de una “dictadura perfeccionada”.
Estamos viendo ante nuestros ojos la debacle de la incipiente democracia mexicana: la separación de poderes está a punto de desaparecer nuevamente, como en los tiempos de la “dictadura perfecta” de los años setenta. Morena y sus aliados políticos no han perdido el tiempo desde que cerraron las urnas el pasado 2 de junio. Además de impulsar la reforma judicial que destrozará la poca impartición de justicia existente, se aprestan a desaparecer a los órganos autónomos que sirven de contrapeso al poder del gobierno en salvaguarda de los ciudadanos. Aquel que utilizó todas y cada una de las libertades, oportunidades y derechos como oposición, al llegar a la Presidencia se ha encargado de ir eliminándolas para que su legado sea un sistema político oligárquico con el mismo AMLO moviendo los hilos en complicidad con sus allegados, junto a muchos de los empresarios multimillonarios que se beneficiaron de las concesiones del sexenio y, no en poca medida, de la influencia del crimen organizado en una gran parte del territorio nacional.
La oposición está perdida y desaparecida, con sus valores fundamentales pudriéndose en la inmundicia creada por su arrogancia al gobernar e incapacidad para enfrentar las derrotas. Con el PRI más debilitado de su historia, tomado por completo por el cuestionable Alejandro Moreno, y con un PAN sin pies ni cabeza, totalmente alejados de los ideales de Manuel Gómez Morin, Luis H. Álvarez y Manuel Clouthier, lo que se vislumbra en el horizonte mexicano es la llegada de una “dictadura perfeccionada”. La democracia que tomó 30 años construir está a punto de ser descuartizada, no sólo por las acciones del Presidente y la continuidad de su proyecto encabezado por Claudia Sheinbaum, sino también por las deficiencias de gobiernos del PAN y del PRI para erradicar la corrupción, proteger a los ciudadanos, recortar la brecha en la distribución de la riqueza, pero, sobre todo, en la omisión de acciones para elevar los niveles de educación, conocimiento y civismo de los mexicanos, algo que habría hecho que los ciudadanos tuvieran certeza de que a través del trabajo y el conocimiento mejorarían su situación económica y social, sin dejarse impresionar por la retórica del ahora presidente. Al no ver cumplidas las promesas de un cambio para las mayorías, los mexicanos fueron presa fácil de quien ha basado su popularidad en la manipulación del descontento y resentimiento para erigirse como su “defensor”, aunque en el proceso los ha hecho más dependientes de los gobiernos y los políticos que tanto los han utilizado para su beneficio personal.
El INE y sus consejeros que fueron defendidos por millones de mexicanos le han dado la espalda al país, otorgando una mayoría calificada en la Cámara de Diputados a Morena y a sólo tres curules para alcanzarla en el Senado; bien sabemos que en nuestro país no será difícil “convencer” a los que sean necesarios para lograr los cambios constitucionales que plantea AMLO.
López Obrador y Sheinbaum necesitan cambiar la Constitución para adecuarla a sus necesidades personales y políticas. ¿Cómo un Presidente que aumentó considerablemente la pobreza extrema, llegó al número de asesinatos más alto de la historia, permitió que el crimen organizado tomara la mitad del país, con acusaciones de corrupción a su círculo más cercano y sin cumplir la mayoría de sus promesas electorales, puede tener tanta popularidad? Muy sencillo, gracias a sus “programas sociales”, manera elegante para el regalo de dinero público a cambio de votos. Necesitan acceder a los recursos que aún no controlan para continuar regalando dinero a quienes votaron por ellos. Ya fueron por las afores de los trabajadores, los fideicomisos para desastres naturales, ciencia y tecnología, el deporte, los extrabajadores migratorios mexicanos, trabajadores del Poder Judicial y muchos más. Pero falta la joya de la corona, aún intocable gracias a la constitución actual: las reservas internacionales del Banco de México, que protegen al país de una crisis financiera como la de 1994, que suman 212,408 millones de dólares. Con ese dinero podrían asegurar su popularidad durante muchos años, poniendo en riesgo a todo el país.
Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea, las calificadoras internacionales y todos aquellos que tienen un gramo de sentido común están advirtiendo de las graves consecuencias de tener un partido todopoderoso sin contrapesos. Muchos advirtieron de todo esto antes de las elecciones y, aun así, 35 millones votaron por Sheinbaum. México, en el pecado llevará su penitencia.
