Antes de candidatos, México necesita líderes

Más que políticos, México necesita líderes. Hay varios, pero no suficientes. Y definitivamente no están en los partidos políticos, por lo menos no los líderes positivos que puedan marcar la diferencia y nos lleven al lugar de privilegio que le espera a México cuando los ciudadanos decidamos trabajar juntos para mejorar nuestro país

¿Qué motiva a una persona a ser presidente de México? ¿La avaricia? ¿El poder? ¿El ego? ¿La megalomanía? ¿El beneficio personal? El cinismo de la clase política ha extinguido prácticamente la creencia de que un candidato busca el beneficio colectivo, hasta el punto que la sociedad acepta que todo político incrementará sus ganancias personales de facto. Esto queda ilustrado por la infame frase del profesor Carlos Hank González: “Un político pobre es un pobre político”. ¿Usted conoce a un político de profesión que sea pobre?

No me malinterprete, creo que una persona debe de ganar de acuerdo a su capacidad, conocimientos, preparación, experiencia y, sobre todo, a su eficiencia y efectividad. También se debe considerar el nivel de especialización requerida por el puesto, así como la cantidad de personas dispuestas a llevar a cabo ese trabajo. Es como debiera ocurrir en una economía de mercado, en donde la meritocracia prevalece sobre la exaltación de la mediocridad. Esto, que suena a utopía, es la base de las sociedades más exitosas del siglo XXI. Todo lo contrario sucede en nuestro país, donde uno de los pecados más grandes es el éxito bien logrado, basado en esfuerzo, trabajo, disciplina, conocimientos, ética y otros atributos muy ajenos a los valores actuales.

Estamos tan acostumbrados y tan fastidiados de la política y políticos mexicanos, de sus divisiones y faltas de resultados, del desamor por la nación y sus ciudadanos, de sus mentiras y falsas promesas, de su corrupción y la impunidad consecuente, que nos resignamos a la continuidad de estos antivalores sin ver salida alguna. Ni los aspirantes oficiales ni de oposición han mostrado que quieren o pueden terminar con este ciclo que ha prevalecido en toda la historia del país. Más que políticos, México necesita líderes. Hay varios, pero no suficientes. Y definitivamente no están en los partidos políticos, por lo menos no los líderes positivos que puedan marcar la diferencia y nos lleven al lugar de privilegio que le espera a México cuando los ciudadanos decidamos trabajar juntos para mejorar nuestro país.

Una de las congregaciones más exitosas en el cristianismo es la Compañía de Jesús, conocidos como los Jesuitas. Hace casi 490 años establecieron las bases de su orden, sustentadas en un liderazgo compuesto por cuatro pilares esenciales: autoconocimiento, creatividad, amor y heroísmo. Más allá de las connotaciones religiosas, estas cuatro cualidades serían un buen sustento para el candidato que necesitamos.

El autoconocimiento hace que conozcamos nuestras virtudes y fortalezas junto con nuestros defectos y limitaciones. De esta manera podemos maximizar los primeros y reconocer los segundos, con el fin de poder manejarlos y, si es posible, buscar la superación de los mismos. La responsabilidad de lo que somos y quienes somos es personal; siempre somos perfectibles, aceptando y corrigiendo nuestros errores.

La creatividad, sustentada en conocimiento, aprendizaje y experiencia, se utiliza para encontrar soluciones ante los problemas que requieren de una respuesta efectiva, aun en situaciones inéditas. Reconociendo que nadie lo sabe todo, los individuos que trabajan para un fin común se alían a aquellos con metas iguales o similares, impulsándose como equipo para buscar la excelencia, sabiendo que el cambio es inevitable y nos impulsa a ser mejores.

El amor, no como una expresión de pasión corporal, sino de privilegiar el beneficio del prójimo sobre el propio. Es decir, buscar la felicidad de propios y extraños por el simple hecho de la bondad y servicio a quienes lo rodean. El fin último no son las ganancias personales, sino de aquellos a quienes servimos. Esto promueve la lealtad, el afecto y el apoyo mutuo de estos individuos.

El heroísmo concibe grandes metas y proezas, imaginando un futuro inspirador. Los héroes inspiran a sus semejantes, los elevan para lograr lo que no se creía posible. Todo el esfuerzo y conocimiento del equipo se pone al servicio de algo más grande que el individuo, aun a costa de las pérdidas y riesgos individuales que esto conlleva, incluyendo la pérdida de la propia vida.

¿Se imagina un candidato así? Ningún político o Presidente va a cambiar lo que debe comenzar en nosotros mismos. ¿La consecuencia? No necesitaremos a los políticos y el cielo será el límite. Suena imposible, pero hace apenas 25 años la democracia parecía imposible en México. Toda jornada de mil leguas comienza con un solo paso.

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