A un año de las elecciones presidenciales
Marko Cortés, líder del PAN, luce desdibujado a la par de un tropezado inicio en su proceso interno para seleccionar al candidato de su partido, al pedir un millón de firmas. Por su parte, en el PRI, Alejandro Moreno (con acusaciones serias de corrupción) ha logrado dividir a su partido al imponer su voluntad sobre el consenso tradicional de las bases de la institución.
Cuando usted lea esto es muy probable que sepamos quiénes son los ganadores de las elecciones para gobernador del Estado de México y Coahuila. Independientemente del resultado, da inicio el año electoral para escoger al nuevo presidente de México. Los siguientes meses se avecinan como el confrontamiento más divisorio en la historia reciente de nuestro país, donde no sólo está en disputa quién se sentará en la silla presidencial, están en juego el alma y el futuro de México.
¿Cómo se ve el panorama? Por primera vez en la historia, la oposición está formada por los dos acérrimos rivales de la política mexicana, PRI y PAN, que intentan forjar una alianza junto a un disminuido PRD, para hacer frente a quien sea el ungido presidencial que represente el proyecto del presidente López Obrador a través de Morena, el Partido Verde y el PT (quienes se alían con quien les conviene para sobrevivir en la arena política). La gran incógnita sigue siendo Movimiento Ciudadano, que gobierna dos de las tres ciudades más importantes del país, además de Jalisco y Nuevo León. En coherencia con sus principios, MC niega aliarse al PRI.
La oposición no tiene un proyecto consolidado que pueda hacer frente al Presidente; no hay figuras que destaquen aún para ganar la candidatura, los procesos de los partidos para elegir al candidato aún no se definen, creando una sensación de incertidumbre y opacidad. Marko Cortés, líder del PAN, con un partido dividido desde los tiempos de Ricardo Anaya, luce desdibujado a la par de un tropezado inicio en su proceso interno para seleccionar al candidato de su partido, al pedir un millón de firmas a quienes quieran contender. Por su parte, en el PRI —que durante años se caracterizó por la disciplina de sus miembros para solucionar sus procesos—, Alejandro Moreno (con acusaciones serias de corrupción) ha logrado dividir a su partido al imponer su voluntad sobre el consenso tradicional de las bases de la institución. El escenario no pinta bien: no se sabe cómo será elegido él o la candidata de oposición y se corre el riesgo de que dicha alianza opositora colapse si sus miembros no respetan los acuerdos, como ya hizo el PRI al apoyar al presidente López Obrador a mantener al Ejército en las calles en labores de seguridad pública.
Por el otro lado, la popularidad del Ejecutivo, arriba del 58%, le da una ventaja inicial a su partido. Bajo el argumento de que no habrá dedazo y que el Presidente no elegirá al candidato (como hizo el PRI en todo el siglo XX), inició la contienda dentro de Morena. Desde el primer día, los dos candidatos claros han sido Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la CDMX, y el canciller Marcelo Ebrard. A ellos se han unido el actual secretario de Gobernación, Adán Augusto López, y el senador Ricardo Monreal. ¿Quién es el mayor enemigo de la continuidad del proyecto presidencial de la 4T? Definitivamente no es la oposición del PRI y el PAN; todo apunta a que, más bien, pueden ser las peleas internas en Morena. El partido fundado por el Presidente no tiene la disciplina para respaldar a cualquiera de los candidatos mencionados, sus filas siguen siendo una colección de “tribus” gobernadas por diferentes caciques, algunos ideológicos, otros políticos y algunos más guiados por intereses personales.
Lo que mantiene unido a Morena es López Obrador. En el momento en que se designe al candidato de su partido comenzará el inicio del fin del mandato de AMLO. Quien quiera que sea su candidato no cuenta con la popularidad, aprobación ni percepción del electorado que tiene el Presidente. Su favorita, Claudia Sheinbaum, perdió la mitad de la CDMX en las últimas elecciones y los problemas de seguridad en el Sistema de Transporte Metro pueden costarle muy caro. Ebrard dejó el camino libre al actual Presidente en las últimas elecciones presidenciales y sabe que el momento para su candidatura es ahora. Adán Augusto López y Ricardo Monreal probablemente piensen más en el provecho que podrán sacar al bajarse de la contienda para apoyar a alguna de las otras dos opciones, en beneficio personal.
Lo que se ve con claridad es un país dividido, no en poca medida gracias al discurso del Presidente, con una oposición débil, que carga con la corrupción histórica del PRI y sin figuras populares e identificables para el electorado. La democracia y el bienestar de los mexicanos están en riesgo y todos los partidos políticos y sus miembros le quedan chicos al país. ¿Será mucho pedir que piensen en México primero?
