2025: El reto somos nosotros

En México repetimos patrones históricos que nos condenan a sufrir los mismos males. Tenemos gente que vota con la mano izquierda, pero le encanta cobrar con la derecha

El año que comienza en un par de días no se ve muy halagüeño, aunque puede no ser necesario que se lo diga. Las perspectivas en el mejor de los casos señalan un 2025 tormentoso. El sexenio que terminó en septiembre sentó las bases de un autoritarismo oportunista que ha encontrado en la nueva administración su continuación, alejándose de los ideales (por muy equivocados y erróneos que sean) y resentimientos personales e históricos, concentrándose en la consumación del acceso al poder absoluto —desmembrando al Poder Judicial, desapareciendo a los organismos autónomos, modificando la Constitución (16 veces en los primeros tres meses de la nueva legislatura), militarizando al país y haciendo lo necesario para perpetuar en el poder a su movimiento—. No es la primera vez que sucede en el país, al contrario, desde su independencia, México ha vivido bajo gobiernos no democráticos la mayor parte del tiempo. Santa Anna fue presidente 12 años; Juárez, 14 años (sin haber ganado una sola elección); Porfirio Díaz, 31 años; la dictadura perfecta del PRI, 70 años; incluso ha tenido hasta un par de emperadores (Iturbide y Maximiliano). Más de 126 años sin democracia, de los 200 años que han pasado desde que se eligió a Guadalupe Victoria como el primer presidente de México.

Por un lado, esto habla de la resiliencia de los mexicanos, que hemos subsistido a toda costa. Por el otro, habla del bajo nivel de conciencia social, educación y resentimiento que existe en el país. Y vamos por más.

Ya suficiente problema es tener a un gobierno populista, corrupto e ineficiente en nuestro país como para tener la amenaza de una persona narcisista y populista al frente de los Estados Unidos. Además de terminar con las salvaguardas constitucionales y democráticas en México, nos tendremos que enfrentar a la expulsión de migrantes hacia nuestro país —con sus consecuencias económicas, sociales y de derechos humanos—, la designación de los cárteles del narcotráfico como grupos terroristas y la posible intervención armada contra ellos por parte de fuerzas norteamericanas, así como de las amenazas arancelarias y el chantaje de la cancelación de los tratados comerciales. Eso sin contar con las amenazas internas consecuencia de la ineptitud, falta de preparación, corrupción y avaricia, no sólo de la clase política, sino además de una gran cantidad de empresarios y autoridades, públicas y privadas, que hacen prevalecer la idiosincrasia mexicana de que “el que no transa, no avanza”, privilegiando la ley del menor esfuerzo sobre la preparación, disciplina, educación y civismo que muestran las sociedades más avanzadas del mundo, como la japonesa, alemana, las nórdicas y algunas más.

¿Cómo podemos crecer como sociedad y como nación? Todos pensamos en la educación que, sin lugar a dudas, es fundamental. Pero personalmente creo que primero debe estar el hambre de conocimiento, de éxito, de crecimiento. Le invito a reflexionar este pequeño hecho: por primera vez en la historia de la humanidad, entre 64 y 67% de la población mundial tiene acceso a internet. Es decir, más de cinco mil 160 millones de personas tienen acceso a prácticamente todo el conocimiento generado por y para la humanidad desde los inicios de nuestra especie, cuando el ser humano comenzó a tratar de perpetuar su historia y compartir sus experiencias a las futuras generaciones, con la esperanza de que se evitaran errores pasados y se creara un incremento del intelecto colectivo que mejorara las perspectivas de sus descendientes. Mientras tanto, muchos jóvenes desean ser influencers y estrellas de YouTube, TikTok o Instagram para ganar fama y dinero con poco esfuerzo, bailando, diciendo y haciendo estupideces o retos insulsos, venerados por miles más que aspiran a ser como sus ídolos. Antes decíamos que la falta de acceso al conocimiento era la causa de los problemas del país; con más de 90 millones usuarios de internet, el argumento se desvanece.

En México repetimos patrones históricos que nos condenan a sufrir los mismos males. Tenemos gente que vota con la mano izquierda, pero le encanta cobrar con la derecha, tan necesaria para sustentarse en el poder. Empresarios coludidos por conveniencia, convicción o por chantajes que no tienen las agallas de romper el círculo para crear un mejor país. ¿Seguimos siendo más los buenos?

Nadie va a venir a salvarnos, eso depende de nosotros, empezando por cada uno, trabajando como equipo, como nación. Hemos escuchado varias veces la frase “hay que esperar lo mejor y prepararse para lo peor” y para el siguiente año suena como un gran consejo.

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