Y sigue la mata dando
A diferencia de otros momentos, la marcha llevada a cabo el 15 de noviembre aún es tema para la Presidenta –como se ha confirmado en sus llamadas Conferencias del Pueblo realizadas durante toda la semana–, el oficialismo en pleno –raudos en seguir la línea marcada ...
A diferencia de otros momentos, la marcha llevada a cabo el 15 de noviembre aún es tema para la Presidenta –como se ha confirmado en sus llamadas Conferencias del Pueblo realizadas durante toda la semana–, el oficialismo en pleno –raudos en seguir la línea marcada por la titular del Poder Ejecutivo– y en los medios de comunicación de tirios y troyanos. Lo cual, al mismo tiempo, confirma algo que se había planteado desde días antes de esa fecha y, vaya asunto, también evidencia que algo no termina por cuadrar en el discurso oficialista al contrastarse con la realidad; nada nuevo, pues.
Por un lado, en el análisis que se realiza acerca de esta marcha, se han podido identificar los tópicos que son casi obligados en su retórica, lo que resulta efectivo y contundente para el ánimo de su feligresía. No se podía hacer esperar el adjudicar la organización y promoción a sus enemigos públicos, con lo cual acentúa el mensaje de que la sociedad sería incapaz de llevar a cabo una movilización semejante ni desarrollar un mínimo poder de convocatoria. Tampoco se debe obviar que durante el desarrollo de la marcha se sumaron actores políticos que salían sobrando: aunque nadie les puede prohibir su derecho a la manifestación, su simple y sencilla presencia termina por desacreditar algo que está en el lado de la ciudadanía.
Un segundo aspecto, muy bien definido en la respuesta oficialista, consiste en la victimización, que resulta poderosa y efectiva. Poderes más allá de lo concebible, fuerzas inimaginables, oscuras y malignas, acechan al gobierno emanado del “pueblo bueno”. No faltó que por todos lados apareciera la frase confiable acerca del complot, ahora endilgado a la “derecha internacional”. Nada tan efectivo para el populismo del actual gobierno que levantar las banderas del patrioterismo para ensalzar la figura presidencial de manera inmediata y artificial. Y más si a esa amenaza se cuida de sumar y vincular a personajes nada queridos por los dos últimos gobiernos, pues todo pinta de maravilla.
¿Qué se requería para que se dejara de hablar acerca de la violencia en el país, de los homicidios, de las desapariciones forzadas, de las fosas clandestinas –más allá de las mágicas cifras que se presentan como un triunfo de la estrategia de seguridad–? ¿Existiría algo que se convirtiera en un tema de análisis, de proyección en los medios de comunicación, capaz de desviar la mirada al riesgo que implicaba seguir hablando de La Barredora? ¿Temas, se requerían temas para que el llamado huachicol fiscal desapareciera de las conversaciones? ¡Voilà! ¡Bingo! ¡Eureka! Que se hable hasta la saciedad y lo absurdo de una marcha que cumple con todo lo anterior. Inclusive pareciera que existiera un manual en que se establece que no se olviden de usar los lugares comunes, las frases bien cinceladas para este tipo de casos, y que se cuide de usar el estilo adecuado para la ocasión. Baste con observar cada uno de los mensajes por parte de los micrófonos del oficialismo y su corifeo para creer que todas y todos provienen del mismo taller de redacción.
¿Alguien sabe qué ha ocurrido con el llamado Bloque Negro? Vaya que es uno de los secretos mejor guardados, puesto que aparece y se convierte en el centro de atención de manera inmediata en varias de las marchas, pero se escabulle ante la mirada de las autoridades. Quienes realizaron pintas y tiraron las “vallas” de protección. Reventadores y motores de violencia, lo que ha sido consentido por los gobiernos local y federal. Y coartada perfecta para no dejar de calificar a cualquier marcha como algo violento que necesitaba ser controlado por las rápidas, oportunas y siempre veloces cuerpos de la seguridad pública: en efecto, el 15 de marzo actuaron con la misma eficacia con la que se enfrentan al crimen organizado. Sin embargo, hay un detalle que no se logró controlar por completo en la narrativa: existió el exceso de la fuerza policial, la cual ha derivado en otro tipo de cuestionamientos que se resumen en aquella frase de “se convirtieron en lo que juraron destruir”. En fin, un pequeño detalle que se olvidará pronto ante el sistemático desarrollo de los puntos anteriores, al menos esa es su apuesta.
Pero tampoco se desaprovecharía la oportunidad de lanzar un mensaje contundente acerca de cómo será la justicia para todo aquel que se atreva a disentir: inhibir la protesta con hasta con acusaciones por intento de homicidio. O exponiendo los considerados “datos sensibles” de un ciudadano –más allá de sus filias y fobias políticas– con la seguridad que brinda la impunidad.
Y, sin embargo, faltaba la cereza en el pastel: organizar la infaltable marcha de apoyo a la figura presidencial. Venga, que se puede mostrar el apoyo y, al mismo tiempo, no dejar de hacer proselitismo.
Por cierto, ¿alguien sabe de la oposición?, ¿de la CNDH? En fin, ya sabemos las nefandas respuestas.
