Y ahora, Steiner

El título este libro es un pinchazo que despierta inquietud y sugiere una pausa para analizar con calma lo que ha ocurrido en los últimos años.

Hay libros que son una invitación a desafiar el tiempo. Al menos bajo la noción de una época en la que, al parecer, la vida y lo cotidiano transcurren con la inmediatez que nos hemos impuesto. En efecto, muchas son las páginas que nos plantean que una de las características más notorias de nuestras sociedades es la vorágine de lo inmediato que nos ha llevado a experimentar una cierta superficialidad, no sólo en el conocimiento científico y humanístico, sino en la manera en la que nos concebimos como seres humanos y en las expresiones culturales que nos han definido a lo largo de los años; en efecto, con las que hemos sostenido la idea de la civilización y, su contraparte, la barbarie.

No resulta sencillo definir con precisión –como lo han expresado autoras y autores en numerosos libros– ambos términos, pues se coloca en la mesa del análisis a nuestra propia sociedad, con sus alcances y sus derrotas en la moral y lo ético, con el paradójico convivio de la belleza en sus expresiones artísticas, por ejemplo, y el horror de que implica la violencia en sus distintas manifestaciones. Con la relativización de la justicia y el bien común, puestos al servicio y capricho de las cortesillas políticas en turno. En consecuencia, es muy fácil perderse entre la maraña de la subjetividad, los prejuicios y la soberbia que la ignorancia levanta como bandera que ondea con la fuerza de los vientos generados por los torbellinos de la irracionalidad. Quizá por ello, en muchas ocasiones, necesitamos una aguja imantada –ésa que tal vez se halló entre el pajar del fanatismo– que nos ayude a orientar la desazón que nos produce leer el periódico, escuchar o ver las imágenes de las noticias que terminan por angustiarnos.

Así, continuando con ese paréntesis de lectura al que nos invita el verano –al menos que sirva de pretexto para sumar algunas sugerencias de libros que pueden acompañarte en cualquier momento–, entre los anaqueles de la novedad se impone, gracias a su portada y por el título provocativo, ¿Tiene futuro la verdad? de George Steiner y publicado por la interesante editorial Almuzara. En efecto, en una época en la que se habla hasta el cansancio de la posverdad y la mentira que se concibe más allá que una simple estrategia política, un título como el que presenta este libro es un pinchazo que despierta inquietud y sugiere una pausa para analizar con calma lo que ha ocurrido en los últimos años.

En esta suerte de odisea intelectual –en la que se respira una constante invitación a innumerables libros, al arte y, claro, al conocimiento científico con el que caminó a través de los pasillos en Cambridge– en dicho libro se presentan una serie de textos que George Steiner escribió para el diario The New Yorker entre los años 1967 y 1997. Quizá, por los años en los que fueron escritos cada uno de estos artículos, podremos suponer que el mundo ha cambiado tanto en las últimas tres décadas que sus análisis se encuentran un poco alejados del fárrago que ha caracterizado al siglo XXI. Sin embargo, el pensamiento humanístico de Steiner nos habla con la firmeza de quien supo desentrañar la barbarie y sus poderosas expresiones del nazismo, el fascismo y las ideologías que sustentaron los totalitarismos del siglo pasado –en especial, del estalinismo que aún palpita en los corazones de sus nostálgicos coros–. Sí, a pesar de lo que nos ha indicado la historia, el canto de estas sirenas es escuchada y proclamada, de diferentes maneras, el día de hoy en diferentes latitudes del mundo.

Así, con esta analogía, Steiner nos permite dimensionar una perspectiva del terrible mal que nos sigue aquejando: “El fascismo es la política del pecado original. Hay que proteger al hombre caído de sus necesidades anárquicas. Debe ser gobernado por una disciplina heroica bajo restricciones que son una especie de simulacro de Juicio Final. El castigo y el sacrificio constituyen la condición de la historia humana […] Para una sensibilidad fascista, nada es más engañoso que las promesas de redención secular, de la ‘búsqueda de la felicidad’, que ofrecen el socialismo o la democracia. No es sólo que estas promesas resulten ser mentira, como cuando los terrores infrahumanos del siglo XX convirtieron en ridículas cenizas las predicciones de la Ilustración […] Al igual que el calvinismo, el fascismo se alegra de un modo siniestro del misterio de la condena preestablecida, en la convicción de que unos poco (los líderes) son elegidos por encima del miserable rebaño de sus semejantes…”. Y, para el buen entendedor, pocas palabras se necesitan para traer a nuestra memoria a algunos cuantos personajes que, el día de hoy, ocupan los titulares de los noticiarios. O, quizá aún más peligroso, que este tema sea poco considerado como importante en nuestras discusiones y en las aulas.

Al menos que sea una nueva invitación a la lectura.

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