Una realidad más allá de los números

No es extraño que ya se observen una andanada de mensajes en los que se coloca, en su respectivo pedestal broncíneo, la gran labor de este gobierno ante lo que se vive en el país y, en especial, en el estado de Guerrero

Un interesante cierre de sexenio le ha tocado resolver al actual gobierno federal. Coyunturas y problemáticas que, sin ánimo de vaticinios pesimistas, lo colocarán en la mesa de la opinión pública, del análisis y la crítica, que suele ser más cruda durante la antesala de las elecciones. Fieles a su principal cometido, quienes son parte o simpatizan con la llamada Cuarta Transformación realizarán hasta lo impensable por colocar al gobierno y sus principales figuras en los papeles de víctimas y redentores, de incuestionables faros de moralidad y maquillar sus rostros con los cosméticos de las promesas, lo cual, por cierto, no es un trabajo nada fácil durante estos días. Y, por cierto, nadie dudaría que tienen todos los recursos del Estado para lograrlo, desde su participación en medios de comunicación. hasta cada uno de los pesos que se han incluido en el presupuesto del siguiente año.

Es un simple asunto de contrastes y paradojas. Por un lado, vaya situación a la que se enfrentarán diferentes instituciones e inclusive gobiernos estatales durante el año 2024, pues los recortes presupuestales que se han aprobado colocan su viabilidad bajo un subrayado en color rojo. No es casualidad que el Poder Judicial y organismos autónomos como el Instituto Nacional Electoral, la Comisión Federal de Competencia Económica y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales se encuentren bajo la mira de recortes presupuestales que se pueden interpretar bajo la lógica de un gobierno –y del señor Presidente– que emplea este mecanismo para mermar sus funciones.

Por cierto, no faltarán quienes pongan en la mesa los recortes planteados para las Cámaras del Poder Legislativo como un signo de la llamada “austeridad” que, al menos en este presupuesto, no aparece por ningún lado: hay aumentos en entidades como la Secretaría de Educación Pública, Petróleos Mexicanos, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, además de aquellas secretarías en las que se puede incidir directamente en el voto de la ciudadanía. Por cierto, entre el charrismo sindical y las faraónicas obras del sexenio, se pueden explicar algunas de estas decisiones.

Además, se habla de una deuda histórica que, por supuesto, se corresponde con unas elecciones que definirán la historia de nuestro país en los siguientes años. Sin embargo, no dejan de formularse muchas preguntas que van más allá de la contabilidad y las finanzas. ¿Cuál será el lugar que ocuparán los puntos más cruciales en la formulación del próximo año? ¿La lucha en contra de la inseguridad ocupará un papel decisivo? ¿La salud pública y todas sus carencias se materializarán, por fin, en un sistema similar al que se goza en Dinamarca? ¿La transparencia será un eje primordial para evitar que los recursos del erario sean empleados con fines electoreros? Numerosas preguntas a las que se suma una más, compleja y dolorosa que, a su vez, se ha puesto en jaque el actuar del gobierno: ¿cómo se afrontará la crisis económica y social que ya sufre la población guerrerense? Al menos, durante estos primeros días, ha sido muy cuestionable su actuación y, para no salirse del guion, el plan de emergencia que se ha propuesto para la recuperación de Guerrero queda muy corto para una realidad que apenas se está dando a conocer.

Lo que sí es un hecho contundente es que diferentes voces que forman parte de la actual administración han tratado de brindar un paliativo ante la desaparición del Fonden que, por su propia naturaleza, garantizaba la existencia de recursos que pudieron ser una primera alternativa en la reconstrucción y el apoyo de las diferentes comunidades guerrerenses. Incuestionable es que en dicha retórica hay un vacío y una falta de previsión y planeación que, dicho sea de paso, no han sido factores en los que se evalúe positivamente a la llamada Cuarta Transformación. Quizá, bajo el amparo de la frase “no crean que tiene mucha ciencia el gobernar”, pueden ocurrir cualquier cantidad de tropelías que, eso sí, no pongan en riesgo la popularidad del máximo orador gubernamental.

Ante dicho panorama, no es extraño que ya se observen una andanada de mensajes en los que se coloca, en su respectivo pedestal broncíneo, la gran labor de este gobierno ante lo que se vive en el país y, en especial, en el estado de Guerrero. Para muestra, baste la escena que nos regaló su actual gobernadora, quien no dudó en lanzar una porra al inquilino de Palacio Nacional en medio del desastre, convirtiendo la desgracia en su propio botín político. En efecto, también eso aparece, en cierta manera, en el presupuesto que el gobierno ejercerá el siguiente año.

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