Se refina propaganda
Por cierto, durante los próximos dos años, también se padecerá ese mecanismo de polarizar a la sociedad mediante una visión completamente maniquea de la realidad. Pero es mejor ataviarse con la indumentaria tradicional de cada pueblo, tomarse fotos que circulen para satisfacer las aspiraciones populistas de la feligresía y jactarse de una cercanía con la gente.
Los próximos dos años serán los mejores, “pero no sólo para el Presidente, lo más importante es que van a ser los dos mejores años para el pueblo de México”. Éstas fueron las palabras con las que López Obrador anunció lo que se perfilará como el modus operandi en lo que resta de su sexenio: se avecina una retahíla de “logros” que tendrán como objetivo saturar el discurso presidencial y electorero hasta el 2024.
En ocasiones, las frases tradicionales llegan a explicar –como la aguda síntesis de un alfiler– lo que se puede inferir a partir de semejante anuncio, sin necesidad de planteamientos teóricos ni debates estériles en mesas de análisis televisivo. “Sobre advertencia no hay engaño” es la primera frase que, de manera contundente, nos permite vislumbrar que no habrá un solo movimiento del actual gobierno que no sea proyectado como parte de un discurso triunfalista, cuyos ecos serán replicados por los corifeos que atizan el dogmatismo de sus correligionarios. Tampoco será de extrañar que esa propaganda cuente con todos los recursos del Estado para reforzar la imagen de un sexenio que halló en el presidencialismo y el paternalismo su mejor estrategia de gobierno.
“Mucho ruido y pocas nueces” es una segunda frase derivada del anuncio presidencial. Esto lo acabamos de ver con cierta claridad: es como en las fiestas patronales, en las que se necesita quemar castillos y tronar cohetes. No hay otra manera de explicar que se inaugure “la primera etapa” de una refinería que, si todo les favorece y se sigue contando con la generosidad –y opacidad, por supuesto– de los recursos gubernamentales, funcionará en 2026. Lo importante es generar un impacto mediático y cantar a coro que se celebra un año más del “triunfo histórico” que el ahora partido oficial obtuvo en las elecciones de 2018. Esto último es lo trascendente: celebrar una fiesta patronal. La efectividad y los resultados están en segundo plano, tal como sucede con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.
Sin embargo, nada de esto es nuevo: son legendarias las historias que nos hablan de gobiernos en los que se inauguraban hospitales y, días después, esos mismos lugares parecían obras en plena construcción o que habían sido arrasadas por un acto de magia. Es decir que no hay nada diferente entre quienes se jactan de serlo. Así, palabras vanas, ruido de campanas, llega a nuestra mesa: durante estos cuatro años, hemos escuchado una serie de promesas y compromisos que no se han cumplido ni de cerca, lo cual se olvida con la misma facilidad con la que se reciben apoyos económicos como parte de programas sociales. Con cuánta displicencia se ha dejado atrás la promesa de demostrar y transparentar lo que ocurría con los fideicomisos, la construcción del aeropuerto que se cimentaba sobre un paradisiaco lago o el juicio a expresidentes. O cuando se anunciaba que hace dos años se había “domado” una pandemia que hoy sigue afectando a nuestra sociedad en salud, economía y educación. Una colección de espejismos y mentiras que sólo ha servido para el entusiasta pregón de quienes se han convertido en una suerte de religión que han llamado orgullosamente el obradorismo –lo cual no deja de ser un eufemismo en muchos sentidos.
Por cierto, durante los próximos dos años, también se padecerá ese mecanismo de polarizar a la sociedad mediante una visión completamente maniquea de la realidad. Mientras este gobierno sólo dialoga con su propio reflejo en las aguas del narcisismo y la megalomanía sin igual, quienes cometen la osadía de señalar, criticar o plantear una exigencia al Estado, de inmediato forman parte de esa conspiración milenaria que organizan los enemigos del actual régimen y cuyos orígenes están en los tiempos más remotos. Por ejemplo, ante el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en la sierra Tarahumara de Chihuahua, ¿se podía esperar una respuesta diferente de López Obrador ante las exigencias de justicia expresadas por la Compañía de Jesús? No, a nadie le debe sorprender que los haya descalificado con argumentos que bien podría aplicar a los miembros de su gabinete o a los gobernadores y gobernadoras que pertenecen al partido oficial. Pero es mejor ataviarse con la indumentaria tradicional de cada pueblo, tomarse fotos que circulen para satisfacer las aspiraciones populistas de la feligresía y jactarse de una cercanía con la gente que ha sido manipulada a lo largo de su historia a través de los programas sociales.
Así, bajo estos parámetros, se avecinan dos años que serán “los mejores”, gracias a que se refinará propaganda al por mayor para acompañar la melodía del mejor flautista de Hamelin que habita en Palacio Nacional.
