Se preparan las letanías
Las próximas celebraciones serán otro de los momentos estelares de la llamada Cuarta Transformación en la que el discurso se basará en desarrollar otra de las líneas más efectivas del sexenio: exacerbar el concepto de soberanía a partir de un nacionalismo tan cómodo para la ideología trasnochada de sus correligionarios.
Se acerca otro de los momentos estelares que tanto le gustan al actual gobierno, en el que se construye un escenario tan propicio para los fuegos artificiales y el discurso más populista. Desde un inicio, López Obrador y los ideólogos de su gobierno, han aprovechado cualquier fecha o celebración de carácter histórico para convertirla en un panfleto gubernamental lleno de adornos y laudes victoriosos. En este contexto, el actual inquilino de Palacio Nacional ha prometido que las llamadas fiestas patrias serán el templete en el que responderá a sus enemigos –reales e imaginarios–, por supuesto.
Fieles a su estrategia de modificar la percepción de la realidad para mantener la aceptación entre sus simpatizantes, las próximas celebraciones serán otro de los momentos estelares de la llamada Cuarta Transformación en las que el discurso se basará en desarrollar otra de las líneas más efectivas del sexenio: exacerbar el concepto de soberanía a partir de un nacionalismo tan cómodo para la ideología trasnochada de sus correligionarios que, además, toca las fibras de una sociedad tan afín a engancharse con ese sentimiento patriotero lleno de colorido fervor.
Es interesante recordar lo que ha sucedido en los años anteriores para imaginar que los próximos 15 y 16 de septiembre se presentará toda una parafernalia –que, dicho sea de paso, ha sido de lo más relevante que ha hecho la Secretaría de Cultura en lo que va del sexenio– que permitirá cumplir con varios objetivos. Así, en medio de dianas y el estruendo de los cohetes multicolores, se conformará el escenario en el que todo cae “como anillo al dedo”, una de las mejores estrategias políticas de López Obrador. No fue una simple ocurrencia aprovechar el aniversario del quinto centenario de la conquista de Tenochtitlan o la “visita” de los amigos incondicionales del régimen, los adalides de la democracia y los derechos humanos: Díaz-Canel y Maduro. Vaya sentido del nacionalismo que han impuesto, en los umbrales de la demagogia totalitaria.
Por un lado, afines a su costumbre, ese momento será otra de las mejores oportunidades para convertir cualquier acto oficial en proselitismo de templete y consignas que llegarán con cierta naturalidad a sus electores y electoras. Se edulcora el discurso entre vítores que ensalzarán ese “lado correcto” de la historia que han construido en estos años. No sólo comienzan a ponerse en juego las próximas elecciones del Estado de México –botín electoral tan apreciado–; esto será la antesala de los comicios que decidirán la suerte del país en el 2024.
Quizá la única pregunta novedosa será la manera en cómo se planteará el maniqueísmo que el primer mandatario practica con rigor y disciplina. Bajo la premisa de defender la soberanía nacional, será el momento de recordar quiénes son los enemigos de su gobierno, una lista que conocemos de sobra y que entre neoliberales, estadunidenses y fuerzas inconmensurables de tiempos bíblicos se repartirán los créditos del complot en contra de su honrado gobierno. Todo listo para que esto se convierta en la letanía de sus corifeos.
Por otro lado, el protagonismo del que tradicionalmente gozan las Fuerzas Armadas durante esos días, es posible que tenga otro cariz. Actualmente no hay mejores aliados, socios y clientes del gobierno federal que el Ejército y la Marina, por lo que tampoco es extraño que uno de los movimientos más ansiados de López Obrador sea que la Guardia Nacional se encuentre bajo las órdenes de las Fuerzas Armadas –aunque entre sus filas sea algo más que consumado–. Así, aquellos gritos y desplantes teatrales, en los que muchos y muchas proclamaban en contra de la “militarización” que se intentaba en otros sexenios, hoy se han convertido en el silencio cómplice y alcahuete de lo que habían acusado. Por ello, no cabe duda, los clarines del Ejército se escucharán con otro volumen ante los aplausos de la feligresía: se presentarán como la única alternativa a la violencia que enciende al país. Sin embargo, basta con leer un poco los periódicos para darse cuenta que tampoco han sido lo más efectivo durante estos cuatro años, pues –quizá y sólo quizá– andan más ocupados en otras labores. De esto también se irán desprendiendo letanías que se sumarán a ese discurso maniqueo y populachero que resonará en todo el país. Pero no importará mucho, pues se trata de admirar los fuegos artificiales y la teatralidad de un gobierno que sabe calcular y aprovechar el ímpetu de sus apasionados correligionarios que repetirán las letanías dictadas desde el primer altar de la nación.
