Propósitos inaplazables

Es imperante recuperar, una vez más, el lenguaje, las palabras que han sido arrebatadas por esa suerte de clase política que, además, no deja de fundamentar el vacío de sus ideas con discursos redactados a la medida de la mediocridad y la vacuidad

Hemos llegado a las últimas horas de un año convulso en el que, con toda claridad, lo que se ha puesto en juego no sólo es el futuro inmediato de nuestro país. Quizá desde la obcecación y el egoísmo que florece en las trincheras políticas y partidistas, tal vez desde el silencio que rodea a la barbarie y el salvajismo o simplemente desde la poca claridad del impacto que sufriremos a consecuencia de la crisis climática y la carencia del agua, por mencionar algunos aspectos, el próximo año –del cual ya se escuchan los lejanos murmullos de sus campanadas– terminará por impactar a las futuras generaciones.

Sé que no es el mejor de los inicios cuando se trata de realizar una suerte de balance para determinar cómo nos fue durante el año que culminará en unos cuantos minutos. Sin embargo, también es una manera de colocar en el pizarrón de los pendientes aquello que es inaplazable, lo que está más allá de una coyuntura política, como tantas otras que hemos experimentado: es necesario que no perdamos la brújula y el camino que nos permitan generar un futuro en el que la vida y la dignidad, la justicia y la paz sean los cimientos de lo cotidiano. Más de una persona enarcará la ceja, mirará con recelo cada una de estas palabras que, a fin de cuentas, no dejan de ser el eco de los discursos llenos de politiquería y obscenidad con los que hemos convivido a lo largo de los últimos años.

Y quizá en este punto radique uno de los mayores retos: es imperante recuperar, una vez más, el lenguaje, las palabras que han sido arrebatadas por esa suerte de clase política que, además, no deja de fundamentar el vacío de sus ideas con discursos redactados a la medida de la mediocridad y la vacuidad. ¿Cómo se escuchan, el día de hoy, términos como esperanza, futuro o solidaridad? Sí, estas palabras son el ejemplo de cómo la propaganda política no deja de incidir en la comunicación, en lo más cotidiano y habitual de nuestros días. No hace falta realizar un análisis muy sesudo para percatarnos que, durante este sexenio, ésa fue la apuesta que han ganado con creces: dividir y enconar los sentimientos de frustración –combustible y cerillo de la sociedad– a partir de un lenguaje que ha minado los vínculos y ha generado estereotipos que, a la postre, resultarán más nocivos de lo que hoy podemos imaginar.

Época de propósitos y buenos deseos, inicia un año en el que dicha estrategia propagandística adquirirá una nueva fuerza, se impondrán agendas políticas y aquello que es inaplazable quedará en manos de quienes han demostrado que sus intereses personales y sectarios están por encima del bien común. En ese sentido, lo inaplazable apenas será parte de discursos pedestres que dejan de lado la urgencia de aquello necesita afrontarse y ser resuelto si aún queremos tener una perspectiva de futuro. Queda claro que, si bien es apremiante generar un efectivo sistema de rendición de cuentas de las y los políticos que se jactan de representarnos y que, además, cumplan con las exigencias de la sociedad por encima de sus filias partidistas, no podemos dejar únicamente en sus manos el futuro de nuestro país. Por ello, el papel de la sociedad, de las organizaciones no gubernamentales y de las instituciones que garantizan nuestros derechos será imprescindible en los próximos meses.

Lo más sencillo es estacionarnos en visiones del desastre que serán el resultado de los amenazantes discursos que escuchamos todos los días. Quizá no se necesite de mucha imaginación para saber que la inseguridad, la violencia, el crimen organizado y la inoperante política de seguridad, la falta de servicios dignos en el sector salud y la creciente presencia de las Fuerzas Armadas en todos los ámbitos son parte de esa receta que nos lleva a imaginar un escenario poco favorable para los buenos deseos. Y, sin embargo, es necesario que los expresemos y los hagamos valer sin miramientos: que la sociedad se reivindique como la protagonista del futuro y no sólo como una simple máquina expendedora de votos y botín político.

Sí, es día del recuento del año y de vislumbrar lo que queremos como país en los siguientes meses y décadas. Lo valioso es actuar a sabiendas que no sólo se trata de las elecciones políticas, nos encontramos ante las puertas de un camino que podemos seguir andando o de un callejón cuya salida se nos perdió a lo largo del trayecto.

Mantengamos la esperanza, así, sin sesgo. Lectora, lector, gracias por tu generosidad durante este año 2023. Espero que disfrutes de un estupendo 2024 y nos sigamos encontrando en estas líneas que, sin duda, existen gracias a tu lectura. Abrazos.

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