Por un lento viaje
El humanismo nos habla de la resistencia de la que somos capaces para no dejarnos abatir por la injusticia y el poder.
El primer enemigo a combatir es la ignorancia, porque la ignorancia es una fortaleza sin puente levadizo.
Nuccio Ordine
Hace unos días se publicó una noticia que volvió un poco más lento el andar del reloj. No podía ser de otra manera, pues se daba a conocer la muerte de Nuccio Ordine, un pensador y escritor que nos invitó a recuperar la importancia del largo y paciente viaje del conocimiento. No se exagera cuando se plantea que murió uno de los últimos humanistas que, en este amanecer del siglo XXI, nos recordaba la imperiosa obligación que tenemos de reflexionar acerca de la educación y no perder de vista que en el viejo universo de los libros llamados clásicos seguiremos hallando más de una respuesta a las complejas preguntas que, como seres humanos, nos planteamos día con día y que le dan sentido a cada una de nuestras respiraciones.
Más allá de enlistar los logros académicos de Ordine, que, por cierto, son numerosos, se trata de tomar cada una sus páginas y resistirse, de alguna manera, a la fatalidad y al postrero destino de quien nos invitó a su mesa a compartir con los clásicos. Quizá sea el momento de pronunciar en voz baja ese par de versos con los que el poeta Francisco de Quevedo nos habla acerca de la lectura, “[…] vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos”.
Fieles a la costumbre de hablar profusamente de la obra y vida de quienes han partido, paradójicos comentaristas de esquelas, la muerte de Ordine provoca ese aire de melancolía que sólo generan quienes han escrito páginas que acompañan nuestros silencios y encienden los faros del pensamiento. Este lugar común adquiere sentido cuando observamos que, a nuestro alrededor, la barbarie y sus infinitos rostros han acentuado una crisis que aún no terminamos por entender. Si la historia es el resultado de los momentos críticos de las sociedades, también es la posibilidad de escuchar cada una de las palabras de quienes, luego de padecer y descifrar su contexto, le dan un nuevo significado a la esperanza, a la belleza y al sentido de la humanidad en cada una de sus páginas. Baste recordar a personas como Hannah Arendt, George Steiner, Umberto Eco, Rob Riemen o Martha Nussbaum para dimensionar la importancia del humanismo en nuestra época. En efecto, se habla de un “humanismo” que no obedece a una ideología o régimen político de carácter populista, inventos tropicales de quienes creen poseer la verdad. En sí mismo, el humanismo nos habla de esa resistencia de la que somos capaces para no dejarnos abatir por la injusticia y el poder.
Hay ocasiones en que se llega a estos autores por la simple coincidencia de encontrarse con un título que llama la atención por su aparente sencillez. Así me ocurrió con La utilidad de lo inútil (Acantilado, 2013), un libro en el que Ordine plantea una defensa de todo aquello que es esencial y que se contrapone al valor utilitario impuesto en las últimas décadas: “En este brutal contexto, la utilidad de los saberes inútiles se contrapone radicalmente a la utilidad dominante que en nombre de un exclusivo interés económico, mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana. En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte” (pág. 11-12). Lo interesante es construir nuestras propias respuestas entre los renglones de Shakespeare, García Márquez, Henri Poincaré o Pico della Mirandola que fueron subrayados por Ordine.
Así, entre sus páginas, se asoma uno de sus primordiales pilares por los que fue muy reconocido: la educación. Es en este aspecto en donde se pueden encontrar las respuestas a su inquietante pregunta, en donde el conocimiento puede despertar la sensibilidad de quien se maravilla con la belleza, deja latir su corazón con la música de la libertad y se resiste a la injusticia y la barbarie. Nuccio Ordine, con frecuencia, hablaba del poema de Constantino Cavafis, Ítaca, para referirse metafóricamente a la educación y al aprendizaje. En la riqueza del viaje, en la lentitud y la calma para recorrer las distancias y llegar a ese lugar en donde comenzarán otros viajes. Ojalá lleguen sus páginas a tu mirada y dialogues con la posibilidad de un mundo diferente, en calma.
