Palabras en medio del laberinto

Durante estos días en los que solemos escuchar y leer los resúmenes de lo que ocurrió durante el año que está por terminar —en los que la muerte y la brutalidad, el engaño y la idolatría servil son los factores comunes—, se agolpan las emociones y se formulan muchas preguntas que suelen responderse desde la perplejidad o, en otros casos, quedarse sin alguna explicación.

Don’t give up

We don’t need much of anything

Peter Gabriel

Hay días en los que el laberinto de la realidad termina por estrechar los caminos y nos enfrenta a las murallas de la desesperanza. Quizás, en más de una ocasión, hemos meditado la posibilidad de asentar el porvenir en la planta de aquellas paredes que, a fin de cuentas, podrían decorarse con los amargos trazos del conformismo para maquillar la decisión de no continuar luchando por hallar los caminos que nos lleven a solucionar el enredo que, día con día, nos envuelve. La barbarie, la injusticia, la corrupción, la mentira y el cinismo son los hilos que terminan por anudar nuestros pasos y no dejan de murmurar sus seductores cantos que hacen eco en los mil rostros de la decepción. Sin embargo, en la historia logramos encontrar algunas brújulas que orientan nuestro pensamiento, linternas que iluminan la indecisión y palabras que le dan sentido al presente al mantener viva la necedad de imaginar un buen futuro. Tal vez en eso radique el significado de la esperanza —sí, esta palabra que han taladrado y dinamitado hasta reducirla a un simplón eslogan político—.

Así, durante estos días en los que solemos escuchar y leer los resúmenes de lo que ocurrió durante el año que está por terminar —en los que la muerte y la brutalidad, el engaño y la idolatría servil son los factores comunes—, se agolpan las emociones y se formulan muchas preguntas que suelen responderse desde la perplejidad o, en otros casos, quedarse sin alguna explicación que nos permita entender nuestra realidad. Sin embargo, también es cierto que, en contrapeso, esa disposición a enunciar los buenos deseos y propósitos suele apelar a aquellas pequeñas epifanías que se encuentran en la dimensión humanística de la historia. Es cuestión de despertar un poco la memoria y la curiosidad para enfrentar nuestra apatía y la irracionalidad que se cifra en esos laberínticos muros.

Y entre los diferentes caminos que se abren en dicha búsqueda solemos adentrarnos en los anaqueles de ese otro mapa de nuestra biografía, que suelen ser las bibliotecas y las colecciones musicales para atrapar el eco de esas voces que le dan sentido a las frases que brindamos a quienes ocupan un lugar en el pensamiento. Y, en medio de este ejercicio, querida lectora, querido lector, quiero compartirte la mirada de tres personas que condensaron su vida, abatiendo la tragedia y dibujando la persistencia de la esperanza en los trazos de unas cuantas letras.

Hace unos meses se publicó un libro que es como esa carta de navegación que, si bien no promete que con su lectura —en automático— se llega a un buen puerto, sí brinda las coordenadas necesarias para intentar no extraviarse en la vorágine de la tormenta. Me refiero a Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo (Taurus, 2023), del gran Rob Riemen, quien, en su prólogo, nos recuerda aquella decisión de Leone Ginzburg al negarse a firmar su lealtad a Benito Mussolini y apunta: “Ginzburg se unió a la resistencia porque sabía que la cultura y la libertad no pueden existir una sin la otra. También sabía que el fascismo —que siempre brota en nombre de la libertad— sólo quiere la destrucción de la libertad. Ginzburg fue arrestado y deportado. Cuando Mussolini fue derrocado, Ginzburg regresó a Roma para luchar contra los nazis, que habían tomado el poder. Nuevamente fue arrestado y después torturado a muerte por los nazis. Tenía treinta y cinco años cuando murió…”. Posteriormente, Riemen nos comparte el párrafo final de la última carta que envió Leone Ginzburg a su esposa, Natalia —quien llegaría a ser una gran editora y escritora inolvidable—, la cual finaliza con la frase “Sé valiente”. Unas cuantas letras que permiten a Rob Riemen desplegar su pensamiento, su sensibilidad e intuición ante el peligro que hoy nos acecha de diferentes maneras y que se subraya en cada una de sus palabras: vivimos en el umbral del terror.

En esto radica la epifanía a la que apelamos en momentos de desasosiego, temor y desesperanza, como los que hoy respiramos. Algo nos siguen transmitiendo esas dos palabras para mirar de diferente manera aquello a lo que nos enfrentamos cotidianamente. Si bien hace unos momentos planteaba que las vidas de tres personas coincidían en esa frase, “sé valiente”, me permito imaginar que ahora se suma la de una lectora, un lector, que podrá hallar en esas palabras el impulso vital y la riqueza de espíritu que se necesitan para cincelar ese muro y, así, crear nuevos caminos. Te invito a la lectura de ese libro y, por supuesto, te deseo un año 2025 en el que la justicia, la paz y la libertad sean esos nuevos hilos con los que se puedan crear nuevas historias, los otros caminos que resuelvan los laberintos del presente.

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