Marcas de agua
Los cien puntos podrían resumirse como la promesa de una continuidad anhelada.
Ha iniciado un nuevo sexenio y las expectativas acerca del nuevo gobierno comienzan a aclararse. Mientras hay quienes celebran la continuidad sin reparos, para otros las dudas se comienzan a disipar. Aunque, eso sí, nadie puede escatimar ni cuestionar la importancia que implica una figura presidencial que, por primera vez en nuestra historia, es protagonizada por una mujer; sin embargo, la realidad y las exigencias que residen en la investidura presidencial comienzan a imponerse.
Así, quienes apostaban por una transición en la que se observara a una nueva líder del Poder Ejecutivo con un estilo propio y definiera un nuevo derrotero en el ejercicio del poder vieron cómo se cuarteaba semejante ilusión. Y no podía ser de una manera diferente, pues se ha seguido el guion que le funcionó a la perfección a López Obrador. Por ello, a nadie le causó sorpresa que las primeras palabras de la novísima Presidenta se enfocaran en consolidar la estrategia que definió al sexenio que finalizaba: erigir un monumento al presidencialismo y al caudillismo que, al parecer, ha marcado a la sociedad mexicana desde el siglo pasado. Marcas de agua que terminan por ensuciar todo proceso democrático.
Y no faltaron las monedas más seguras, en efecto, aquellas que tanto agradan a los oídos que se endulzan con la diatriba que el oficialismo perfeccionó día con día. Así, quienes se ilusionaban con el desarrollo de un discurso moderado o más atemperado, que conciliara a una sociedad cada vez más polarizada e intolerante, sólo acumularon una segunda frustración pues, en cuestión de minutos, la retórica maniquea terminó por delinear el mensaje inaugural. No se atisbó un signo de apertura que implicara un diálogo con el sector opositor o hacia la sociedad apartidista y crítica que se ha desencantado de la cortesanía política de nuestro país. Así, la nueva titular del Ejecutivo ha subrayado y hecho patente que seguirá el estilo de confrontación que tan buen resultado le brindó a su antecesor. Marcas de agua verbales que se constituyen como definición y signo.
Y, bueno, referirse al acto que se presentó en el corazón de nuestra ciudad es como recordar el vino de los viejos odres. Cien puntos que podrían resumirse en algunos cuantos ejes que son la promesa de una continuidad tan anhelada, pero, al mismo tiempo, son la revelación de aquello que tendrá que ser escrutado y analizado con la objetividad del caso; por ejemplo, la mención de la lucha en contra del nepotismo y la corrupción que sólo serían posibles si dicha promesa se basara en la congruencia que se fundamenta de la transparencia. No obstante, este término, que fue excluido del diccionario de la llamada Cuarta Transformación y, al parecer, tampoco figurará en el nuevo periodo presidencial. No cabe duda que la opacidad se rotula con frases y lugares comunes que se aplauden con las palmas de la complicidad y la miopía de quien sólo es capaz de observar la paja en el ojo de quien no está en el bando “correcto”. Marcas de agua en hojas bien resguardadas en archivos que encierran aquello que pone en peligro la seguridad nacional.
¿Referirse a la importancia de las nuevas conferencias mañaneras? En efecto, es la apuesta por seguir al pie de la letra ese mecanismo de consolidar la imagen y la figura de quien, en el papel, debería mantener la primera voz en el coro del oficialismo en el poder. Sin embargo, comienza a asomarse una cierta fragilidad en dicha apuesta, pues las voces de otros personajes han despuntado en muy poco tiempo. Tal vez el presidente de la mesa directiva del Senado, el coordinador de diputados del partido oficial y quienes no hayan perdido la oportunidad de opinar con respecto a la controversial reforma al Poder Judicial son los mejores ejemplos. Será interesante observar cómo se termina de integrar la dinámica de este nuevo coro en los pasillos del poder y en el galimatías que implican los intereses personales.
Y, mientras tanto, la incómoda realidad: la violencia sigue su camino y cobrando relevancia en las estadísticas en el amanecer del sexenio. Lo problemático es que las Fuerzas Armadas ya han figurado como una nota disonante apenas a unas cuantas horas de que se haya militarizado la seguridad pública del país. Así, mientras el silencio de la feligresía enmarca la tragedia, la muerte sigue consolidando su reino. Algo enrarece los dulces aromas festivos en el reino de Dinamarca.
Por cierto, y para cerrar el tema de las expectativas, quienes aspiran a un nuevo estilo de gobierno, son el prístino reflejo de quienes prefieren olvidar que el priismo más acendrado florece con pétalos color guinda. Y eso es más que una simple marca de agua.
Y, hablando de memoria, ¿alguien se acuerda de la oposición? Quizá sigan perdidos en la contemplación de sus propias sombras.
