Lo justo innecesario

Apuestan a que sus nombres y sus rostros ocupen un lugar en la corta memoria del electorado mexicano: éste es justo el sentido de anunciar otro espacio auditivo y visual en el que se den a “conocer” las vidas y obras de los nuevos apóstoles de la nación que ocupan un curul en la Cámara de Diputados, la “Legislativa del Pueblo”. Lo que justo necesitábamos en este país

Parece que se ha convertido en toda una costumbre preguntarse, al inicio de cada semana, acerca de las buenas nuevas con las que el oficialismo marcará un hito sin precedentes y subrayará la contundencia de sus acciones a favor de lo que necesita el país. O al menos así lo señalan de manera insistente —con un tono que va de lo melodramático a lo épico—, en todos los discursos con los que anuncian los inimaginables alcances de sus programas sociales, los incuestionables logros de sus magnas obras o, simplemente, la gracia divina que nos regalado la dicha de ser cobijados por el generoso manto de sus respectivos gobiernos. Inclusive la realidad parece ensombrecerse ante el brillo de semejante retórica.

Y, sin embargo, aún hay lugar para las sorpresas, para admirar la creatividad de quienes articulan dicha estrategia de comunicación. Resulta evidente que aparecer en los medios de comunicación —sea cual sea su naturaleza—, de manera sistemática, les ha permitido concentrar la atención en aquello que pueda orientar la discusión pública a un terreno en el que les sea propicio para su discurso y sumar a la pretendida popularidad que pregonan. Así, es incuestionable que la famosa “conferencia mañanera” consolidó la imagen del anterior titular de Poder Ejecutivo y marcó un estilo de comunicación que ha sido un paradigma entre su feligresía. Ahora bien, imaginar que la actual Presidenta hubiera propuesto algo diferente, como parte de una forma más creativa y propia de mantener la comunicación, era pretender demasiado: se entiende que esa nueva tribuna se convirtió en el eje alrededor del cual gravitaba todo el ejercicio del poder y, además, se garantizaba aparecer en cualquier espacio mediático que terminara por proyectar los alcances del gobierno. Propaganda rápida, efectiva y que se financiaba con recursos públicos: en efecto, es una jugada perfecta que también les garantiza mantener bien afinados los engranajes electorales y que hoy sirve para proyectar los nombres y figuras de quienes aspiran a presentarse en los futuros comicios.

En ese sentido, ya no es extraño percatarnos que, durante estos primeros días del sexenio entre las filas del oficialismo, nadie deja pasar la oportunidad de convertirse en protagonista, vocero, heraldo y pregonero del gobierno. Claro, en comparación con el sexenio anterior, hoy se escuchan más voces y se exhiben más rostros, se multiplican las opiniones y se van colocando de manera distinta esas piezas que son las caprichosas figuritas en el tablero de la partidocracia. Así cumplen con amplificar el discurso oficial y, al mismo tiempo, para posicionarse frente a una sociedad que, incluso de manera involuntaria, termina por escuchar sus palabras u observar sus rostros que se aparecen en los medios de comunicación. Apuestan a que sus nombres y sus rostros ocupen un lugar en la corta memoria del electorado mexicano: éste es justo el sentido de anunciar otro espacio auditivo y visual en el que se den a “conocer” las vidas y obras de los nuevos apóstoles de la nación que ocupan un curul en la Cámara de Diputados, la “Legislativa del Pueblo”. Lo que justo necesitábamos en este país.

Con cámaras y micrófonos, reflectores e irreductibles aplausos, se anunció este nuevo espacio en el que se edulcore el trabajo de quienes han sido los principales artífices del presidencialismo más rancio en nuestro país. Y entonces surgen preguntas muy básicas como por ejemplo, ¿y el Canal del Congreso? ¿las prioridades de las y los legisladores se encuentran en sumarse a la continua propaganda gubernamental? ¿Y la nueva producción ha implicado el gasto de dos millones de pesos? Las respuestas van cayendo gracias al peso de la ironía y el sentido más paradójico de la política mexicana.

Quizá este anuncio despierte el interés de quienes se preguntan de qué trata eso de ser legislador. Una inquietud de insondables respuestas. Sin embargo, la ironía se impone cuando se entiende que, mientras existen condiciones infrahumanas en los hospitales públicos, mientras persista la carestía en medicamentos de primera necesidad y no se cumple con lo más digno en el servicio médico de carácter público, percatarnos que las prioridades de los diputados del oficialismo es crear una pasarela para relucir su vanidad es, por lo menos, lo justo innecesario. Y habrá qué escuchar el estilo del populismo a un costo tan alto.

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