Lo irrespirable

¿Alguien sería capaz de desestimar las estadísticas que subrayan el fracaso de este gobierno al hablar de los desaparecidos y los homicidios?

Siempre es oportuno reconocer el compromiso del actual gobierno por mantener la transparencia y la justicia en buen resguardo. Nadie podrá negar que, si se trata de una actuación rápida, eficiente y expedita, todos los recursos del Estado se ponen a disposición de quienes procuran ejercer un trabajo incuestionable e intachable en lo moral y lo ético. En efecto, nada se reprochará a quienes conforman la llamada Cuarta Transformación por cumplir sus más altos propósitos; claro, siempre y cuando se trate de personas, situaciones o problemáticas que afecten directamente a la incólume imagen —y la narrativa que conlleva— que han construido a lo largo del sexenio. Nunca de las vigas —que se extienden tan largas como las vías del Tren Maya— en el propio ojo.

En ese sentido, todos y cada uno de los engranajes han actuado con diligencia y disciplina para cumplir con el propósito de contener todo aquello que implique una crítica, señalamiento o análisis certero que ponga en evidencia lo que cuestione a un gobierno cuya bandera ha sido una pretendida superioridad moral —que sólo se ha sostenido gracias a su efectiva estrategia propagandística— sin mediar decoro, sin importar la ilegalidad en la que incurra: lo importante es mantener en buen resguardo la imagen de popularidad y, por supuesto, no permitir que se afecten las campañas políticas de sus candidatas y candidatos. Si bien esa ha sido la estrategia de “comunicación” más efectiva y en donde mejores resultados ha obtenido el actual sexenio, durante los últimos días se han recrudecido los embates en contra de quienes consideran un riesgo en sus propósitos. Y, como bien lo ha apuntado el inquilino de Palacio Nacional, nada es una casualidad en esta época.

Así, no deja de generar suspicacia lo que ha sucedido con Cecilia Flores, fundadora y pilar de la agrupación Madres Buscadoras de Sonora. La simple alusión a su nombre y al trabajo que realizan estos colectivos es un dardo que apunta con precisión en la incongruencia del actual gobierno. Pocas son las ocasiones en las que se ha observado un trabajo tan efectivo por parte de las autoridades de la Ciudad de México que, en tan sólo cuestión de horas, llegaron a sorprendentes conclusiones si los comparamos con otros casos que llevan años sin resultados, sin brindar respuestas a las decenas de mujeres que, durante años, han hallado más de una fosa clandestina a lo largo de nuestro país. Y en esto se concentra el punto medular de la discusión: dichos hallazgos nos hablan de la terrible situación de violencia e inseguridad que, desde sus primeros días, dejaron de ser prioridad para esta administración. ¿Alguien sería capaz de desestimar las estadísticas que subrayan el fracaso de este gobierno al hablar de los desaparecidos y los homicidios que han crecido durante los últimos cinco años en cifras récord? La respuesta es clara y obvia, pues nadie aceptaría los malogrados resultados. Por ello, la maquinaria propagandística desarrolla con oportunismo, y bajo un mismo guion, toda una campaña de desprestigio en contra de Cecilia Flores. Además, consigue levantar una pared de humo para hacer invisible lo más importante: que la existencia de fosas clandestinas son una realidad y que pueden encontrarse en cualquier lugar en donde el crimen organizado haya sentado su poder frente a un cuestionable sistema de seguridad. Y, por supuesto, que tan sólo en la Ciudad de México hay más de cinco mil desaparecidos y desaparecidas, a pesar del discurso de la candidata del oficialismo.

Además, por si fuera poco, esta semana se cierra con un movimiento que no puede desdeñarse y se debe mantener en la mesa de discusión: revelar documentos y datos personales de María Amparo Casar —analista y una voz crítica del actual gobierno— en medios oficiales, para demostrar una presunta irregularidad, es un hecho muy grave que pone en entredicho los alcances del actual gobierno en función de su ejercicio del poder. Y tampoco es una casualidad que esta “revelación” se haya presentado en el Día Mundial de la Libertad de Prensa y que, quienes son simpatizantes del llamado obradorismo, se hayan encargado de subir el volumen de este despropósito para generar la estridencia que es tan cómoda para su “movimiento”.

Así, ambos casos se suman a la ya conocida estrategia por emplear todo tipo de recursos para envolver en el irrespirable humo de la propaganda oficial aquello que subraya el fracaso y la posible ilegalidad que se ampara bajo el frondoso árbol de la impunidad. Por cierto, no hace falta mirar con mucha agudeza estas estrategias para entender que, quienes califican de fascistas a aquellos que se atreven a cuestionar, analizar y plantarse en la acera de toda oposición, lo hacen bajo la misma lógica de aquello que señalan.

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