Las velas de lo cotidiano
Mientras se decide “bajar el switch” para evitar un mayor colapso del sistema eléctrico, la sociedad busca resolver su cotidianidad.
Día con día, las preguntas que nos formulamos acerca del país y su futuro se van subrayando con muy diversos colores. Ya no hablemos del mundo y el galimatías ideológico, militar y económico en el que estamos enfrascados sin que se vislumbre una pronta solución. Durante estos días se impone preguntarnos cuál es la nación que queremos, el tipo de vida cotidiana que necesitamos y todo aquello que, como sociedad, debemos aprender a exigir para que no sólo sea parte de un discurso electoral simplón y oportunista, como las promesas de un embustero.
Ante las sórdidas campañas electorales y el cinismo de la propaganda oficialista, podemos mantener una mirada crítica que nos permita iluminar y hacer visibles nuestras propias carencias, las incongruencias y la apatía de una ciudadanía que observa o escucha con suspicacia, incluso desinterés, las palabras de quienes pretenden acceder al poder luego de las elecciones. Pero también es permitirnos imaginar que existe la opción de que la realidad, que día con día se impone con la contundencia de sus signos —la violencia y sus diferentes rostros, la corrupción, el imperio del crimen organizado, un sistema de salud colapsado que termina por ser una carrera contra el tiempo, los feminicidios, las desapariciones, los homicidios, la pobreza, por ejemplo— sea distinta, a pesar del cinismo gubernamental y sus coros maniqueos que apuestan al odio y profundizar las divisiones sociales. Su mejor terreno político.
Así, plantear que hay alternativas para un futuro que depende de la sociedad, y no sólo de la llamada “clase” política, es encender esa vela que nos permite contar con algo de luz en medio de la vorágine y su obscuridad. Porque, en efecto, poco hay de metafórico cuando se plantea esta imagen, aunque, en sí misma, nos coloca a nosotras y nosotros, como sociedad, ante esa posibilidad de que los engranajes del mundo no se detengan.
En efecto, no es asunto menor hablar de “apagones” de energía eléctrica durante estos días. Más allá de las explicaciones técnicas y políticas de esta situación, en las que resulta evidente que sólo referirse al aumento de la temperatura que estamos padeciendo en todo el país es apenas una de tantas causas, de inmediato se piensa en la manera que, como personas, debemos afrontar y resolver. En efecto, aunque no es la primera vez que “se nos va la luz”, hoy existen otro tipo de consideraciones que nos deberían alarmar y que nos invitan a darle un sentido más allá de los cotidiano, evitar que sólo sea considerado como una simple anécdota.
¿Recuerdan que, en otros tiempos que parecen tan lejanos, ante una lluvia tenaz o el súbito espectáculo de una tormenta eléctrica comenzábamos a preparar las velas y las lámparas de pilas? Pues, todo indica que, hasta cierto punto y según la experiencia, somos capaces de resolver situaciones así en nuestras casas, en los lugares de trabajo, tal vez en las calles y sus dificultades. Y quizá en eso radica la familiaridad con la que consideramos los apagones, pues no suponen algo fuera de lo común y se apuesta a que en un breve tiempo todo vuelva a lo que consideramos la “normalidad”. Así, a partir de lo cotidiano, se buscan alternativas, soluciones y se recurre a aquello que le permite al mundo seguir su camino. Sin embargo, basta mirar un poco las noticias, informarse acerca de lo que implica esta situación en diferentes ámbitos, para comprender que, precisamente, ese simple inconveniente podría ser aún más cotidiano gracias a la poca planeación, la cortedad de miras y la obcecación ideológica de un gobierno cuya necedad y miopía selectiva son el parámetro de sus propios alcances. No, a los fenómenos climáticos —que día con día nos llevan a dilucidar acerca de nuestras capacidades como seres humanos— no se les enfrenta con ideología trasnochada, ocurrencias, maniqueísmo ni el oportunismo político de un gobierno que prometió no derribar un solo árbol y hoy mira para otro lado ante el desastre ecológico que se está presentando en el corazón de la selva maya.
Por ello, no hay mucho de metafórico en la imagen: mientras se decide “bajar el switch” para evitar un mayor colapso del sistema eléctrico, la sociedad busca resolver su cotidianidad. Porque, así ha sido a lo largo de las últimas décadas: a pesar de todo, a pesar de los gobiernos y sus banderas, las personas buscan cómo sobrevivir a las carencias, a “los apagones” de la pobreza y la obscuridad de la barbarie. Y éste es un factor que podemos considerar en las respuestas que buscamos articular durante los próximos días. A fin de cuentas, en esa cotidianidad que buscamos se concentra la luz del posible futuro.
